La política migratoria del Gobierno
hace tiempo que dejó de ser un
problema para convertirse en un
auténtico despropósito. Cada día
conocemos nuevos datos que alimentan
la sensación de que los españoles
seguimos sin recibir explicaciones
sobre decisiones que afectan
directamente a nuestra soberanía y a
nuestra seguridad.
Si, como se ha publicado, el
Ministerio del Interior conocía con
antelación el riesgo de una entrada
masiva de inmigrantes en Ceuta, la
pregunta es inevitable: ¿también lo
sabía el presidente del Gobierno? Y
si lo sabía, ¿por qué no actuó para
impedirlo? ¿Por qué se permitió que
España sufriera una situación de
semejante gravedad?
A partir de ahí surgen otras
preguntas igual de legítimas. ¿Qué
compromisos ha adquirido Pedro
Sánchez con Mohamed VI que los
españoles desconocemos? ¿Por qué
cada crisis con Marruecos termina
con nuevas concesiones por parte de
España? ¿Qué explica el cambio
radical de postura sobre el Sáhara
Occidental sin debate parlamentario
ni transparencia? ¿Existe alguna
relación entre esas decisiones y
otros episodios controvertidos, como
el caso Pegasus? Mientras no haya
explicaciones claras, las sospechas
seguirán creciendo y la indignación
de los ciudadanos aumentando.
Lo que ya no admite discusión es que
Marruecos utiliza periódicamente la
inmigración como instrumento de
presión política. Y un Estado serio
no puede aceptar ese chantaje de
forma permanente ni responder con
cesiones continuas. Defender las
fronteras y los intereses nacionales
no debería depender del estado de
ánimo del Gobierno de turno.
El Ejecutivo tiene la obligación
política y democrática de comparecer
en el Congreso y explicar con total
claridad cuál es su política con
Marruecos, qué acuerdos existen, qué
compromisos se han asumido y por qué
se produjo el giro sobre el Sáhara.
Los españoles tienen derecho a
conocer la verdad, porque si no hay
transparencia, la democracia se
convierte en una farsa.
Y si el
presidente no está dispuesto a
ofrecer esas explicaciones con
absoluta transparencia, lo coherente
sería asumir su responsabilidad
política. Porque la confianza de los
ciudadanos no se mantiene con
silencios, opacidad y decisiones
tomadas de espaldas al Parlamento.
Se mantiene dando la cara. Y eso es
precisamente lo que hoy muchos
españoles echan en falta....seguir
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