Los españoles tienen la
sensación de que este gobierno ante
los gravísimos sucesos en Ceuta,
esta cediendo por los secretos
que Marruecos tienen sobre Sánchez
relativos al caso Pegasus. En todo
caso todo parece indicar, que El Rey
de Marruecos esta poniendo a prueba
a España ante una posible invasión
en toda regla, dado que ya tiene la
mitad de las tropas camufladas de
civiles en España. Y hay quienes ven
una exageración en estas
afirmaciones, pero si hay algún
peligro en la inmigración es este:
Que Maruecos quiera recuperar Ceuta
y Melilla, y posiblemente el
Andalus, 700 años después de haberlo
perdido ¿Es una exageración?
Yo personalmente creo que si España
tiene algún peligro, es ese, mucho
mas, ahora que cuenta con el apoyo
de Trump
Hay momentos en la historia en los
que un país debe preguntarse si
sigue controlando su propio destino.
A mi juicio, España atraviesa uno de
esos momentos. Cada nueva crisis
migratoria en Ceuta y Melilla vuelve
a dejar una imagen que preocupa a
muchos ciudadanos: miles de personas
intentando acceder al territorio
español mientras la sensación de
vulnerabilidad de nuestras fronteras
se hace cada vez más evidente. No es
extraño que muchos españoles se
pregunten si nuestro país está
actuando con la firmeza que exige la
defensa de su soberanía.
Marruecos es un socio imprescindible
para España, pero también es un país
que, en distintas ocasiones, ha
demostrado saber utilizar la
inmigración como elemento de presión
diplomática. Cada vez que las
relaciones bilaterales se
deterioran, la presión sobre las
fronteras parece aumentar. Esa
circunstancia no puede ignorarse ni
minimizarse. A ello se suma el
profundo debate que provocó el
cambio de postura del Gobierno
español respecto al Sáhara
Occidental. Fue una decisión que
sorprendió a buena parte de la
opinión pública y que, hasta hoy,
continúa generando preguntas sobre
los motivos reales que la
impulsaron. La falta de
explicaciones convincentes ha
alimentado todo tipo de
interpretaciones y ha incrementado
la desconfianza de muchos ciudadanos
hacia la gestión de esta relación.
Más allá de las especulaciones, lo
verdaderamente preocupante es la
sensación de que España actúa
demasiadas veces a la defensiva. Un
Estado soberano no puede depender
permanentemente de la voluntad de
otro país para garantizar el control
de sus propias fronteras. Cuando se
habla de una hipotética invasión
militar de España por parte de
Marruecos, conviene distinguir entre
una posibilidad teórica y una
amenaza real. Hoy no existen pruebas
públicas que indiquen que un
escenario así sea inminente. Sin
embargo, sería un error pensar que
la seguridad nacional solo debe
preocuparnos cuando la amenaza ya
está sobre la mesa. La historia
demuestra que los Estados
responsables planifican con
anticipación.
Pero quizá el debate más importante
no sea una invasión militar, sino la
capacidad de España para gestionar
una inmigración que muchos
ciudadanos perciben como desbordada.
No toda inmigración es igual. España
necesita trabajadores extranjeros,
profesionales que contribuyan a la
economía y personas dispuestas a
integrarse plenamente en nuestra
sociedad. Esa inmigración legal y
ordenada ha formado parte de nuestro
crecimiento durante décadas.
Otra cuestión distinta es la
inmigración irregular y
descontrolada. Cuando un Estado
pierde la capacidad de decidir quién
entra en su territorio, durante
cuánto tiempo permanece y bajo qué
condiciones se integra, deja de
ejercer plenamente una de sus
funciones esenciales. Esa situación
genera preocupación entre muchos
españoles, no por rechazo al
extranjero, sino porque consideran
que la convivencia, la seguridad y
la sostenibilidad de los servicios
públicos requieren reglas claras. La
identidad de un país no desaparece
de un día para otro, pero tampoco es
algo que deba darse por garantizado.
La cultura española, sus costumbres,
sus valores constitucionales y su
modelo de convivencia necesitan
políticas de integración eficaces,
el respeto de las leyes y un
compromiso compartido por quienes
llegan y por quienes ya viven aquí.
No se trata de enfrentar culturas ni
religiones. España ha sido
históricamente una sociedad plural y
abierta. Pero la convivencia solo
puede mantenerse cuando todos
aceptan un mismo marco de derechos,
libertades y obligaciones. La
obligación de cualquier Gobierno
debería ser proteger las fronteras,
reforzar la cooperación
internacional, combatir las mafias
que trafican con personas y
desarrollar una política migratoria
que combine humanidad con firmeza.
No es una cuestión ideológica; es
una responsabilidad de Estado.
Los españoles tienen derecho a
exigir respuestas claras. Tienen
derecho a saber cuál es la
estrategia del Gobierno frente a la
presión migratoria, cuál será la
relación futura con Marruecos y qué
medidas se adoptarán para garantizar
la seguridad de Ceuta, Melilla y del
conjunto del territorio nacional.
Porque la soberanía no se pierde
únicamente cuando un ejército cruza
una frontera. También puede
debilitarse cuando un Estado
transmite la sensación de que ha
renunciado a ejercer plenamente sus
competencias o cuando la ciudadanía
deja de confiar en la capacidad de
sus instituciones para proteger el
interés general. Ese, en mi opinión,
es el verdadero debate que España no
puede seguir posponiendo....seguir
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