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enclave política
Elecciones ¿Y ahora qué?
Cuando elegir se transforma en un riesgo
Hay momentos en política en los que votar parece
sencillo. Y hay otros en los que uno llega a la urna con la
sensación de que, elija lo que elija, tendrá que pagar algún precio.
Quizá nos encontremos ahora ante uno de esos momentos. Por un lado,
el Gobierno de Pedro Sánchez puede exhibir una política de
protección social que ha elevado pensiones y salario mínimo, ha
creado empleo y ha ampliado determinadas prestaciones. Pero también
deja sobre la mesa problemas que no admiten maquillaje: una vivienda
cada vez más inaccesible para los jóvenes, salarios que siguen
siendo insuficientes para buena parte de la población, trabajo
precario, dificultades graves en servicios públicos esenciales, una
productividad mediocre y una deuda que seguirá condicionando el
futuro.
Por otro lado aparece el PP, con la posibilidad de
gobernar con el apoyo de Vox. Su propuesta pasa por bajar impuestos,
reducir burocracia, favorecer la actividad económica y reformar el
funcionamiento del Estado. No es una propuesta que pueda descartarse
sin más. Pero tampoco puede hacerse la vista gorda ante las
preguntas que plantea: ¿cómo se financian simultáneamente las
rebajas fiscales y unas pensiones, una sanidad, una educación y unos
servicios sociales sólidos? ¿Y hasta dónde llegarían las posiciones
de Vox en materias como inmigración, igualdad, aborto, eutanasia o
determinados derechos civiles? Ése es, probablemente, el verdadero
dilema.
Porque la política española nos está acostumbrando
a votar más contra
alguien que a favor de algo . Unos
votan para que no gobierne la derecha; otros, para que no continúe
Sánchez. Y así, poco a poco, el debate sobre el modelo de país queda
sustituido por una permanente batalla entre bloques. Pero España
necesita algo más. Necesita un Estado del bienestar que sea fuerte,
pero también sostenible.
Necesita pensiones dignas, pero que puedan
pagarse dentro de veinte años. Necesita sanidad y educación públicas
de calidad, pero también una economía capaz de financiarlas.
Necesita salarios mejores, pero también empresas productivas y
competitivas. Necesita vivienda accesible, especialmente para los
jóvenes, y necesita reducir una deuda que limita el margen de
actuación de cualquier Gobierno.
Y necesita, además, algo que a veces olvidamos:
democracia,
derechos y calidad institucional también forman parte del bienestar. "Sánchez y la dictadura
bananera" ó "Feijóo y
Abascal con la motosierra". Son caricaturas que sirven muy bien
para movilizar a los propios, pero bastante poco para entender la
realidad. Ningún partido tiene el monopolio de la verdad. La
izquierda tiene que explicar cómo hará sostenible el Estado social y
cómo resolverá problemas tan graves como la vivienda, la
productividad o la deuda.
La derecha tiene que explicar cómo
combinará las rebajas fiscales con el mantenimiento de unos
servicios públicos que una buena parte de la sociedad considera
irrenunciables. Y ambos bloques deberían explicar con mucha más
claridad qué precio tendrán sus promesas. Quizá ésa sea la pregunta que
deberíamos llevar a la urna:
No quién promete más, ni quién nos da más miedo, sino
qué modelo de país queremos y qué costes estamos dispuestos a asumir
para conseguirlo.
Porque votar no es
encontrar al partido perfecto. Es escoger entre alternativas
imperfectas. Y quizá la democracia consista
precisamente en eso: no elegir sin miedo, sino elegir sabiendo qué riesgos
asumimos, qué derechos queremos preservar y qué futuro queremos
dejar a quienes vienen detrás...seguir leyendo..... |