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tiempos convulsos
El peligro de la IA, la nefasta politica de vivienda y el temor a una posible
Guerra Nuclear
Vivimos
tiempos convulsos y el mundo se vuelve amenazante. Y España no se
libra de problemas propios. Algunos nos afectan al bolsillo, otros a
nuestra forma de vida y otros, quizá, a nuestro futuro. La vivienda
se ha convertido en uno de ellos y tiene dificil solución.
Pero todo esto, por grave
que sea, puede quedar convertido en una anécdota si Europa comete el
error de acostumbrarse al lenguaje de la guerra nuclear. Porque
existe un problema infinitamente más peligroso que el precio de un
alquiler. La
posibilidad de que una guerra convencional termine convirtiéndose en
una guerra nuclear. Y la IA contribuiría a acelerar este dramático
proceso de destrucción. Es un error gigantesco despreciar el poder
de Putin. Solo un lider irresponsable le haría frente.
Y esto ya no pertenece al
terreno de la ciencia ficción. En los últimos días, Rusia ha vuelto
a lanzar advertencias sobre el posible empleo de armas nucleares si
considera amenazada su seguridad. Moscú ha relacionado estas
advertencias con las tensiones crecientes con la OTAN y,
específicamente, con la situación de Kaliningrado. La Alianza
Atlántica, por su parte, sostiene que mantiene una postura defensiva
y que no existe actualmente una amenaza inmediata contra su
territorio. Aquí es donde deberíamos detenernos todos.
Porque cuando dos bloques militares dotados de arsenales nucleares
comienzan a intercambiar amenazas, cuando cada nuevo envío de armas
puede ser interpretado por el adversario como una escalada y cuando
las líneas rojas se multiplican, el riesgo más peligroso
no es solamente la voluntad de iniciar una guerra, sino la
posibilidad de que alguien termine equivocándose al calcular hasta
dónde puede llegar.
Y una guerra nuclear no tendría vencedores.
No habría
buenos y malos contemplando la victoria desde un balcón. No habría
mercados, pensiones, alquileres, elecciones ni debates
parlamentarios. No habría vencedores ni vencidos. Habría
destrucción. Total. Por eso resulta preocupante que en Europa se
hable con tanta ligereza de aumentar la capacidad militar, enviar
armamento cada vez más sofisticado a Ucrania y elevar el nivel de
confrontación, mientras la diplomacia parece ocupar un lugar
secundario. Apoyar
a Ucrania, defender la soberanía de un país o garantizar la
seguridad europea son cuestiones legítimas que pueden y deben
debatirse. Pero también debería existir un límite que nadie
estuviera dispuesto a cruzar: el riesgo de convertir una
guerra localizada en un enfrentamiento directo entre potencias
nucleares.
No se
trata de tener miedo a Rusia ni de aceptar sin más las posiciones
del Kremlin. Tampoco de justificar la invasión de Ucrania. Se trata
de comprender una realidad elemental: cuando enfrente
hay una potencia nuclear, la prudencia deja de ser cobardía y se
convierte en responsabilidad.
Putin ha advertido que Rusia
está dispuesta a utilizar todos los medios disponibles para defender
lo que considera sus intereses vitales. Occidente responde que no se
dejará intimidar por el chantaje nuclear. Y mientras unos amenazan y
otros responden, el mundo observa cómo aumenta una tensión que nadie
debería querer llevar hasta sus últimas consecuencias. Quizá algunos
dirigentes piensen que siempre habrá un momento para detenerse.
Ojalá tengan razón. Porque el problema de jugar con fuego es que
basta una sola chispa.
Y cuando el fuego es nuclear,
no existe una segunda oportunidad.
Podemos
discutir durante años si el aoferta
del alquiler
debe subir o bajar, si el Gobierno acierta o se equivoca con sus
decretos, si hacen falta más viviendas públicas o si hay que
aumentar la privada. Podemos discutirlo todo. Pero hay algo mucho
más importante que deberíamos exigir a quienes toman decisiones en
nuestro nombre:
que nunca permitan que sus ambiciones políticas, estratégicas o
militares conduzcan a Europa hacia un punto del que ya no exista
retorno.
Porque una cosa es equivocarse con una política de vivienda. Y otra,
infinitamente más grave, sería equivocarse con una guerra nuclear.
De la primera podemos recuperarnos. De la segunda no quedará nadie
para contarlo....seguir leyendo..... |