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¿Un eclipse… o el gran
esperpento astronómico?
Cuando el cielo nos invita a mirar
hacia arriba como zombies, mientras
cientos de Ayuntamientos
suspenden las actividades en parajes
naturales (sierras, montes y
parques), al multiplicarse el riesgo
de que se produzcan incendios con
motivo del evento.
Un eclipse total de Sol es un
fenómeno extraordinario, pero la
parafernalia mediática y la
rumorología lo ha convertido en algo
sobrecogedor, extraordinario y
apocalíptico, como si fuera a durar
días o meses. Nada mas
lejos de la realidad. Es algo
totalmente natural, llega, se ve por
un instante y desaparece para no
volver en decenas o cientos de años,
sin mas. No necesita
presentación, festival ni fuegos
artificiales. La naturaleza lleva
millones de años organizándolo
perfectamente. Pero nosotros hemos
decidido mejorarlo, exagerarlo,
manipularlo y darle carácter casi
apocalíptico.
Ahora resulta que hay que montar
festivales, concentraciones, música,
actividades, expertos aficionados
que surgen al ritmo de los
acontecimientos (como las amapolas
en primavera), y toda una
liturgia colectiva para vivir unos
segundos de oscuridad. Y, según nos
cuentan, habrá quien rece, llore,
salte o se abrace presa de una
«adrenalina tremenda». ¿De verdad?
¿Hasta ese punto nos dejamos
influenciar por los
predicadores de sueños? Un poco de
honestidad intelectual y
personalidad, por favor, que
parecemos rebaños, sin criterio ni
espíritu.
!!Que simples llegamos a ser!! .
El
mito, la fantasía y la superstición
continúan miles de años de historia
de la humanidad.
Estamos convirtiendo un fenómeno
astronómico en una especie de
éxtasis colectivo de masas,
donde parece que quien no grite, no
llore o no se abrace apasionadamente
durante el eclipse se estará
perdiendo algo trascendental. Quizá
hemos perdido la capacidad de
contemplar una maravilla sin
convertirla en espectáculo. Y que
nadie me malinterprete: el
eclipse me parece interesante, pero
no fascinante; el circo que estamos
montando alrededor, llega a ser
patético. Y no faltan los
desaprensivos que se están haciendo
de oro a costa de vender cosas con
motivo del evento, algo inmoral e
indecente que utilicen la
vulnerabilidad e ingenuidad de
algunas personas para hacer su
negocio particular.
No sé si detrás de tanta
parafernalia hay intereses
turísticos, institucionales o
comerciales. No tengo pruebas para
afirmarlo. Pero sí sé que cuando
alrededor de unos minutos de
oscuridad se despliega semejante
maquinaria de promoción, resulta
inevitable preguntarse dónde termina
la divulgación y dónde empieza el
negocio del espectáculo. Porque una
cosa es acercar la ciencia a la
gente y otra utilizarnos para fines
espurios.
Y otra muy distinta es
vender emoción, fabricar expectación
y convertir un eclipse en una
especie de peregrinación cósmica.
El Sol y la Luna no
necesitan que les hagamos
publicidad. Solo necesitan
que levantemos la mirada.
Lo demás, sinceramente, empieza a
parecerme un poco ridículo. Y hasta
patético.....seguir
leyendo.....

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