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Gobernar un pueblo....
Hay quienes creen que ser alcalde de
un pequeño pueblo consiste en
presidir las fiestas patronales,
cortar alguna cinta de vez en cuando
y asistir a los actos oficiales.
Nada más lejos de la realidad.
Gobernar un municipio, especialmente
en la España vaciada, es asumir la
enorme responsabilidad de luchar
cada día contra el abandono, el
envejecimiento y la despoblación. Un
alcalde no puede impedir que los
jóvenes busquen un futuro
profesional en las grandes ciudades,
pero sí puede hacer que el pueblo
siga siendo un lugar digno donde
regresar, donde pasar las
vacaciones, donde disfrutar de la
jubilación o incluso donde emprender
una nueva forma de vida. Y esa
diferencia depende, en gran medida,
de la calidad de la gestión
municipal.
Los vecinos no necesitan discursos
grandilocuentes. Necesitan
soluciones. Calles bien
pavimentadas, aceras seguras,
caminos transitables, cruces
correctamente señalizados, badenes
donde sean necesarios, solares
limpios, cortafuegos eficaces y un
casco urbano cuidado. Necesitan un
pueblo ordenado, limpio y seguro,
porque son precisamente esos
pequeños detalles los que hacen
agradable la vida diaria. Sin
embargo, en el siglo XXI existe una
infraestructura tan importante como
el agua o la electricidad: las
telecomunicaciones. Un pueblo sin
cobertura móvil o sin acceso a
internet de calidad está condenado a
quedarse fuera del progreso. Hoy
resulta imposible atraer nuevos
vecinos, favorecer el teletrabajo o
impulsar pequeños negocios si las
comunicaciones digitales son
deficientes. La conectividad ya no
es un lujo; es una necesidad
imprescindible para sobrevivir.
Igualmente esencial es mantener
vivos los servicios públicos y
básicos. Sanidad, farmacia, pequeños
comercios, atención bancaria,
transporte y una administración
cercana son pilares fundamentales
para una población cada vez más
envejecida. Cada servicio que
desaparece supone una razón más para
que un vecino termine marchándose. Y
cuando un pueblo pierde vecinos,
pierde también parte de su alma.
Pero gobernar bien no consiste
únicamente en invertir dinero.
Consiste, sobre todo, en gestionar
con inteligencia, priorizar las
verdaderas necesidades y administrar
cada euro como si fuera propio. Hay
ayuntamientos con presupuestos
modestos que logran pueblos
ejemplares gracias al trabajo
constante y al sentido común. Y
también existen otros con más
recursos donde la desidia termina
convirtiéndose en abandono.
La política municipal debería estar
muy por encima de las siglas. En un
pueblo pequeño no hay adversarios
políticos; hay vecinos. Las calles
no entienden de ideologías, los
baches no distinguen entre votantes
y las necesidades de una persona
mayor no dependen del partido al que
haya apoyado en las elecciones.
Cuando un alcalde olvida esta
realidad, deja de representar a todo
el pueblo para convertirse
únicamente en representante de una
parte. Los pueblos de la España
rural no necesitan promesas
imposibles ni proyectos faraónicos
destinados a llenar titulares.
Necesitan alcaldes que escuchen más
de lo que hablan, que recorran sus
calles con frecuencia, que conozcan
cada problema y que entiendan que su
obligación es facilitar la vida de
quienes han decidido permanecer en
el pueblo.
La verdadera grandeza de un alcalde
no se mide por el número de
fotografías publicadas ni por los
discursos pronunciados durante las
fiestas. Se mide por el estado de
sus calles, por la limpieza de su
municipio, por la seguridad de sus
vecinos, por la calidad de sus
servicios y por el orgullo con el
que los hijos y los nietos regresan
cada verano a la tierra donde
nacieron sus mayores. La España
vaciada no se salvará únicamente
desde los despachos de Madrid o de
las comunidades autónomas. También
se salvará desde cada ayuntamiento,
desde cada pleno municipal,
mejorando las carencias mas
significativas: Abastecimiento de
Agua (lo mas importante),
iluminación de zonas oscuras,
limpieza de huertos y solares,
pavimentación de las calles,
perfilar aceras, señalamiento de
cruces y placas de tráfico,
cobertura móvil, prevención de
incendios, servicios públicos, etc,
etc.

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