ANTE LA INJUSTICIA, LA PROTESTA. Porque hay momentos en los que
callar se vuelve una culpa y hablar se vuelve un deber, un deber ciudadano,
un desafío moral, un imperativo del que no es posible escapar, a expensas de
que te hagas cómplice de hechos y situaciones, que son contrarios a derecho,
justicia y moral. No tengo afiliación política alguna, por eso expreso mi
opinión ante lo que considero injusto, amoral y contrario a derecho.
A lo largo de estas
páginas, a modo de crónica, podrás ver la anatomía e idiosincrasia de
fenómenos políticos y sociales del país, que evidencian un sistema que aún brillando,
alberga degradación, podredumbre y repugnancia en su interior.
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2025
|
LA OPINIÓN Y
EL ANÁLISIS |

Domingo 30
Noviembre
España en el filo: un país agotado
por un poder que ya no gobierna, solo resiste
Hay que decirlo
sin rodeos: Los ciudadanos estan hartos de una situación
bochornosa, inmoral e indecente.
El Gobierno se ha
entregado a un instinto primario: sobrevivir. Y cuando un Ejecutivo deja de
pensar en el futuro y solo piensa en mantenerse,
el país se convierte en sacrificio,
en moneda de cambio, en retórica hueca que tapa una realidad insoportable.
España está gobernada por una maquinaria que ya no busca mejorar nada: busca
prolongarse. Y esa es la antesala de cualquier deriva autoritaria,
silenciosa, sutil, sin tanques ni golpes:
la autocracia por inercia.
Lo más devastador es
la frialdad. La frialdad con la que se retuercen argumentos, se desprecia la
crítica, se descalifica al discrepante. La frialdad con la que se gobierna
en contradicciones, en improvisaciones, en acuerdos que duran lo que tarda
un socio descontento en enviar un tuit. La frialdad con la que se ignora que
la gente fuera de las alfombras rojas vive con angustia, incertidumbre y una
enorme sensación de haber sido traicionada.
Y enfrente, una
oposición que parece existir solo por acompañamiento histórico, como un
mueble viejo que nadie se atreve a tirar. Una oposición sin nervio, sin
urgencia, sin grandeza. Un contrapeso que no contrapesa nada, una
alternativa que no altera nada. Mientras el país pide auxilio democrático,
ellos responden con discursos reciclados, previsibles, insípidos. Es
devastador, sí: España no
tiene un gobierno que gobierne ni una oposición que se oponga.
En este vacío, el
presidente se erige como único eje, único relato, único centro. Como si
España cupiera en su voluntad personal, como si su continuidad fuera
sinónimo de estabilidad cuando es precisamente la fuente de la mayor
inestabilidad que hemos vivido en décadas. La sospecha que muchos sienten ya
sin pudor es brutal, pero inevitable: que hará
todo lo necesario,
incluso lo moralmente impresentable, para seguir en la Moncloa un día más,
una legislatura más, una eternidad si pudiera.
Y ese es el golpe
más devastador para cualquier democracia: cuando la ciudadanía deja de creer
que el poder actúa para el país y empieza a creer que el país existe para
sostener al poder.
España no está en
decadencia; está siendo
empujada hacia ella. España no está rota;
la están quebrando
poco a poco, a golpe de tacticismo y soberbia. España no ha perdido el
rumbo; se lo han arrebatado
quienes deberían guiarla.
Lo insoportable es
que quieran que nos acostumbremos. Que aceptemos la mediocridad como paisaje
permanente, la deshonestidad como método y la parálisis como forma de vida.
Que traguemos, callemos y sigamos adelante como si no estuvieran desmontando
la confianza que sostiene cualquier democracia sana.
Pero aquí está la
verdad devastadora, la que no quieren escuchar:
España no es suya. España no es un
botín. España no es una silla heredable.
Y si pretenden
eternizar este deterioro, si creen que la ciudadanía vivirá resignada en un
país cada vez más debilitado, más dividido y más desencantado, se equivocan.
Porque un pueblo puede aguantar mucho, pero cuando llega al límite (y España
está peligrosamente cerca de ese límite),
la dignidad despierta.
Y cuando despierta,
ninguna maquinaria del poder puede detenerla.
Sábado
29
de
Noviembre
Pensiones en
España: la verdad que nadie quiere asumir
España presume de empleo récord y de una recaudación
histórica, pero la realidad demográfica es inapelable:
el sistema
de pensiones no es sostenible tal y como está. La OCDE alerta: el envejecimiento disparará el gasto
en 83.000
millones hasta 2050; solo las pensiones
crecerán
51.000 millones. Y mientras tanto, las
cotizaciones ya solo cubren un
56%
del coste. El resto (14.600
millones en 2025) sale directamente de
impuestos. Es un modelo que se mantiene a base de
parchear, no de planificar.
Las reformas recientes no arreglan nada: retrasan,
maquillan o redistribuyen, pero no resuelven. Y la
propuesta de la OCDE (una reforma fiscal integral) exige
decisiones impopulares que nuestra política evita.
A todo esto se suma un problema del que nadie habla:
la
hipertrofia del sector público.
Administraciones duplicadas, cargos a dedo, asesores,
consejeros, directivos, agencias y
entes sin utilidad real. ¿Cómo pedir más esfuerzo fiscal
a la ciudadanía sin antes limpiar esta estructura?
¿Peligra la
sostenibilidad del sistema?
Sí. Pero no porque vaya a dejar de pagarse mañana (el
sistema todavia aguantará unos años), sino
porque cada año exigirá más impuestos, más deuda y más
sacrificios.
La solución
pasa por tres verdades incómodas:
Reordenar
y adelgazar la estructura pública.
Una
reforma fiscal seria y no improvisada.
Revisar el
modelo de pensiones con realismo, no con propaganda.
Porque hay otra cuestión que rara vez se aborda con
seriedad:
el coste de la propia estructura pública.
Miles de cargos políticos de libre designación,
duplicidades entre municipios, diputaciones, comarcas y
autonomías, y una galaxia de agencias y entes públicos
cuya utilidad real es, como mínimo, discutible. Antes de
pedir más esfuerzo fiscal a los ciudadanos, ¿no debería
el Estado demostrar que utiliza eficientemente cada
euro?
Entonces ¿Peligran las pensiones?
No, si se actúa con valentía.
La sostenibilidad no se garantiza subiendo cuotas o
impuestos sin más; se garantiza aumentando la eficiencia
del gasto, ampliando la base de cotizantes con más
productividad y empleo de calidad, y evitando que el
Estado siga creciendo en capas superpuestas que nadie
fiscaliza.
El envejecimiento no se detendrá. Los números tampoco
mienten. Lo único que está en juego es si la política
estará a la altura o si preferirá seguir gestionando el
presente a costa del futuro.
Porque la demografía manda. La matemática también. Negarlo solo
nos acerca al colapso que nadie quiere asumir.
Viernes
28
de
Noviembre
Un Gobierno en la UVI: España no
debe seguir así
España vive una crisis política
que ya no admite matices. El
Gobierno está en la UVI
institucional, sin apoyos, sin
leyes y sin autoridad moral. La
legislatura está agotada, pero
La Moncloa sigue aferrada al
poder mientras el país se
paraliza. El Ejecutivo ya no
gobierna:
no puede aprobar leyes,
no consigue pactos y ha perdido
la capacidad de sacar adelante
incluso las iniciativas más
básicas.
No se trata solo de un clima
tenso o de las habituales fricciones parlamentarias: hablamos de un
deterioro profundo de la capacidad de gobierno, de la credibilidad
institucional y, en consecuencia, de la confianza ciudadana en quienes
deberían estar al servicio del país.
Porque un Gobierno sin
mayoría es un Gobierno sin motor, y hoy España avanza con el motor gripado.
A esto se suma un problema aún más grave:
la corrupción. La entrada
en prisión de ministros, exministros y cargos de primer nivel por delitos de
corrupción ha destrozado la credibilidad del proyecto político del
Presidente Sánchez. ¿Cómo se puede pedir confianza a los ciudadanos cuando
el propio entorno gubernamental se desmorona entre imputaciones, condenas y
escándalos? La erosión institucional es igual de preocupante.
La tensión abierta con el
Poder Judicial, el choque permanente con el Parlamento y la incapacidad para
respetar la separación de poderes han convertido la acción de Gobierno en
una batalla de supervivencia. La democracia está secuestrada por una
estrategia que solo busca ganar tiempo. Mientras tanto, España está sin
presupuestos, sin políticas sociales renovadas y sin reformas. La parálisis
es total: economía estancada, instituciones tensas y un Ejecutivo que no
gobierna ni deja gobernar.
La pregunta es evidente:
¿por qué Pedro Sánchez no convoca
elecciones? ¿Qué sentido tiene mantener un Gobierno sin apoyos, sin
rumbo y sin resultados? Las urnas son la salida natural cuando un Ejecutivo
pierde la mayoría y la confianza. Cada día que se retrasa la convocatoria
electoral es un día que el país pierde. España necesita recuperar la
normalidad, volver a tener un Gobierno que pueda legislar y reconstruir la
estabilidad institucional que hoy está hecha trizas. Lo que está claro es
que así no se puede seguir. Y lo sabe todo el mundo.
España necesita aire fresco.
Necesita recuperar la normalidad institucional, revitalizar la vida política
y dar una oportunidad a una nueva mayoría (sea cual sea) de reconstruir un
proyecto de país estable, sólido y creíble. Mantener la legislatura
artificialmente solo prolonga la crisis y multiplica el desgaste.
El país merece un respiro. La
política, también.
Jueves
27
de
Noviembre
Mal
vamos con un Gobierno que presume de empleo y crecimiento, pero que
asfixia
a sus jóvenes y encarece la vida para los mas pobres (I)
Hay una
realidad
que ya
no
podemos
seguir
maquillando:
este
país
está
fallando
a
quienes
más
dependen
de él.
Jóvenes
que no
pueden
empezar
sus
vidas y
trabajadores
pobres
que no
pueden
sostenerlas.
Hemos
normalizado
lo
inaceptable,
y lo
peor es
que nos
piden
paciencia,
comprensión…
incluso
sacrificio.
Pero
¿hasta
cuándo
los
jóvenes
tendrán
que
posponer
sus
planes
de vida?
Hoy
emanciparse
es casi
un acto
heroico.
Más de
la mitad
de los
jóvenes
entrega
entre un
40% y un
60% de
su
sueldo a
un
alquiler
o una
hipoteca
que
jamás
deberían
costar
tanto.
No
hablamos
de
caprichos,
hablamos
de tener
un
techo. Y
mientras
los
precios
suben
como si
no
existiera
la ley
de la
gravedad,
los
salarios
siguen
anclados
al
suelo.
La
precariedad
laboral
es la
otra
cadena.
Contratos
temporales,
sueldos
que no
dan ni
para
respirar,
horarios
imposibles.
Y luego
nos
dicen
que “es
cuestión
de
organizarse
mejor”.
¿Cómo se
supone
que
alguien
pueda
planificar
su vida
cuando
ni
siquiera
sabe
cuántos
meses
durará
su
empleo?
Así, la
vida se
congela.
La
emancipación,
la
estabilidad,
formar
una
familia…
todo
queda en
pausa. Y
con esa
pausa
llegan
la
ansiedad,
el
estrés,
la
sensación
de que
por
mucho
que
corran,
siempre
habrá
una
piedra
más
grande
bloqueando
el
camino.
No es
falta de
esfuerzo:
es un
sistema
que
exprime
y no devuelve. Trabajar
y seguir
siendo
pobre:
la gran
injusticia
silenciosa
Pero no
son solo
los
jóvenes.
Hay
miles de
personas
que
trabajan
(algunas
en más
de un
empleo)
y aun
así no
llegan a
fin de
mes. El
coste de
vida los
sobrepasa,
la cesta
de la
compra
sube sin
frenos y
lo
básico
empieza
a
convertirse
en un
lujo.
Vivir al
día se
vuelve
rutina:
pagar un
recibo
significa
renunciar
a
alimentos
frescos;
un
imprevisto,
como una
reparación
o una
medicina,
puede
desmoronar
el
presupuesto
del mes.
Depender
de la
familia,
de
ayudas
públicas
o de
organizaciones
no es
una
decisión:
es el
único
salvavidas
en un
mar que
te hunde
cada día
un poco
más. Y
este
desgaste
no solo
vacía
bolsillos:
también
quiebra
la salud
mental y
física.
Ansiedad,
miedo al
futuro,
agotamiento
permanente.
¿Cómo no
va a
afectar,
si
sobrevivir
se ha
convertido
en el
empleo
más duro
y menos
pagado?
El
problema
no es
individual:
es
estructural,
y está
podrido.
Nos han
repetido
durante
años que
la clave
está en
“esforzarse”,
en
“formarse”,
en
“saber
ahorrar”.
Pero la
verdad
es otra:
la
desigualdad
está
construida
a
conciencia.
Un
sistema
que
permite
que la
vivienda
sea un
producto
de
especulación,
que
mantiene
salarios
que no
cubren
lo
esencial
y que
sube
precios
sin
proteger
a
quienes
menos
tienen
es un
sistema
injusto.
Punto.
No es
que los
jóvenes
no
quieran
independizarse:
es que
no
pueden.
No es
que los
pobres
gestionen
mal su
dinero:
es que
no les
alcanza.
No es
que la
gente no
aspire a
más: es
que las
condiciones
no lo
permiten.
No hay
futuro
sin
dignidad.
Si
realmente
queremos
un país
que
avance,
necesitamos
algo
básico:
que
vivir no
sea un
privilegio.
Que
trabajar
permita
vivir
con
dignidad.
Que los
jóvenes
puedan
construir
un
futuro
sin
hipotecar
su
bienestar
mental.
Que la
pobreza
deje de
ser una
condena
hereditaria.
No
estamos
pidiendo
milagros.
Estamos
pidiendo
justicia.
Y no
deberíamos
tener
que
pedirla:
debería
ser la
base de
cualquier
sociedad
decente.
Miércoles 26
de
Noviembre
Europa
camina hacia el desastre con una arrogancia suicida
Europa y la OTAN parecen haber olvidado una verdad
elemental: jugar con una potencia nuclear no es solo
imprudente, es una forma de locura política.
Mientras los líderes europeos se sacuden el polvo de
los hombros creyéndose estrategas de guerra, Rusia
se prepara (con una frialdad que Occidente ni
entiende ni respeta) para escenarios que Europa ni
siquiera se atreve a imaginar. La desconexión entre
la retórica europea y la realidad del tablero
mundial es tan profunda que ya no se puede describir
como ingenuidad: es temeridad en estado puro.
Europa no entiende a Rusia, y lo peor es que cree
que sí. La OTAN habla de “contener” a Moscú
como si Rusia fuese un estado fallido al que basta
presionar para que ceda. Ese error conceptual es el
primero de una cadena que podría ser fatal.
Rusia no funciona según los parámetros emocionales o
morales que tanto gusta exhibir Europa. Rusia opera con un instinto
primario: sobrevivir, mantener influencia y jamás mostrar debilidad.
Occidente confunde esto con barbarie; Rusia lo considera simple sentido de
Estado. Y entre ambas lecturas, Ucrania se desangra y Europa se adentra en
un terreno que no controla. Putin
no necesita querer la guerra para que la guerra estalle La
pregunta no es si Putin
quiere
invadir Europa; la pregunta es: ¿qué hará si percibe
que la OTAN intenta arrinconarlo hasta el punto de poner en riesgo la
estabilidad interna de Rusia? Europa juega a provocar, como si el adversario
fuera un adolescente impulsivo. Rusia, en cambio, ha demostrado una y otra
vez que, ante amenazas existenciales, toma decisiones que Occidente
considera impensables. Y ahí está el error: subestimar al adversario es el
primer paso hacia la derrota.
La OTAN
prolonga la guerra sin un plan: una receta para el desastre Se
envían armas, se anuncian paquetes de ayuda, se celebran cumbres llenas de
declaraciones altisonantes. ¿Resultado? La guerra sigue, el desgaste aumenta
y el riesgo de escalada crece. Lo que la OTAN no dice —o no quiere admitir—
es que no tiene una estrategia realista para poner fin al conflicto. Todo se
reduce a “resistir”, como si la resistencia eterna fuera un plan en sí
mismo. Pero lo verdaderamente preocupante es que Europa ha decidido sostener
la guerra sin considerar seriamente las consecuencias de empujar a una
potencia nuclear contra la pared.
Negociar
no es un gesto débil; ignorar la negociación es un acto criminal A
estas alturas, admitir la posibilidad de negociar territorios no es una
concesión ideológica: es reconocer que la alternativa puede ser devastadora
para todos. Europa desprecia esta opción porque teme parecer débil. Pero no
hay mayor debilidad que negarse a ver la realidad. Y la realidad es esta:
Rusia no devolverá lo que considera suyo. Y Ucrania, por sí sola, no puede
recuperarlo. Negar esta ecuación no la cambia; solo pospone el momento en
que estalle en la cara de todos.
Europa
vive en un delirio moralizante La Unión Europea se
esconde detrás de discursos sobre democracia y derechos humanos
mientras juega a estratega global sin tener el peso, la unidad ni la visión
necesarios. Se cree moralmente superior, pero la moralidad no es un escudo
contra misiles hipersónicos. Europa predica, Rusia actúa. Europa sanciona,
Rusia se adapta.
Europa amenaza, Rusia responde con hechos. Y si algo
ha demostrado la historia es que las guerras no las gana quien grita más
alto, sino quien entiende mejor el coste que está dispuesto a asumir.
Conclusión: Europa debe dejar de
engañarse O Europa recupera el sentido del límite (y empieza a
tratar la guerra con la gravedad que exige) o seguirá avanzando hacia un
escenario donde un error de cálculo, una mala lectura o una provocación
innecesaria podrían arrastrar al continente entero. Este no es un juego de
poder; es un equilibrio nuclear.
Y el mundo ya ha visto lo que ocurre cuando los
líderes confunden valentía con imprudencia. Europa va hacia un precipicio.
Lo alarmante no es que avance: es que lo hace convencida de que nada puede
pasar..
Martes 25
de
Noviembre
España ante el vértigo político que supone la ambición, el poder y la corrupción
La política española vive un momento de
extrema tensión que, lejos de disiparse, parece profundizarse día tras día. La
reciente sentencia del Tribunal Supremo ha reabierto heridas que muchos
consideran nunca cerradas, y ha reactivado un clima de confrontación que vuelve
a tomar las calles. En paralelo, el Gobierno de Pedro Sánchez afronta
acusaciones desde distintos flancos: desde quienes le reprochan ceder a
presiones independentistas hasta quienes ven en sus movimientos un intento
desesperado de retener el poder a toda costa.
Más allá de la literalidad de los discursos
oficiales, una parte creciente de la ciudadanía percibe que los últimos cambios
legislativos (indultos, reformas penales y, especialmente, la ley de amnistía)
no responden tanto a un proyecto de reconciliación como a la necesidad
aritmética de mantener el apoyo parlamentario que sostiene al Ejecutivo. Esta
lectura, compartida incluso por votantes que no se identifican con el
independentismo, alimenta una sensación de frustración, indignación y
desconfianza hacia la clase política.
El debate público se ha intoxicado hasta el punto de que los
enfrentamientos verbales (y, en ocasiones, físicos) entre ciudadanos de
ideologías opuestas ya no resultan sorprendentes. La crispación ha pasado de ser
excepcional a convertirse en parte del paisaje político y social. A ello se suma la compleja relación del
Ejecutivo con sus socios parlamentarios.
Algunos partidos que garantizan la
gobernabilidad de Sánchez, especialmente Junts, se mueven en una posición
ambivalente: presionan para avanzar en su agenda, pero también intentan evitar
una caída del Gobierno que pudiera provocar unas elecciones cuyo resultado
podría ser desfavorable para sus intereses.
Este equilibrio frágil alimenta la
percepción de que la legislatura se sostiene con alfileres, más por necesidad
que por convicción. Quienes critican a Sánchez sostienen que su
discurso ha contribuido a un clima cuasi “guerracivilista”, en el que se
presenta la permanencia del Gobierno como un muro indispensable frente a la
derecha o la extrema derecha. Este planteamiento, según afirman, divide al país
entre “defensores del progreso” y “enemigos del avance”, simplificando la
realidad y generando un clima emocional que poco ayuda a la serenidad
institucional.
Lo preocupante es que esta dinámica
erosiona los pilares básicos de una democracia saludable: la confianza en las
instituciones, el respeto al adversario político y la percepción de que el poder
se ejerce dentro de límites claros. Cuando se extiende la idea de que las
decisiones políticas se adoptan exclusivamente para la supervivencia del
Gobierno, la frontera entre democracia robusta y democracia deteriorada se
vuelve inquietantemente fina.
España no está, ni mucho menos, en un
escenario autocrático. Pero tampoco puede ignorarse que la crispación, la
desconfianza y la percepción de que “todo vale” en nombre de la gobernabilidad
abren la puerta a una degradación progresiva del sistema. Las democracias no
suelen colapsar de un día para otro: se erosionan lentamente, a base de
polarización, deslegitimación del adversario y decisiones tácticas que se
normalizan sin reflexión crítica.
El futuro político del país es incierto y,
a ojos de muchos, preocupante. Lo que está en juego no es solo el liderazgo de
un presidente ni la correlación de fuerzas parlamentarias, sino la capacidad de
la sociedad para reconducir el debate público hacia un terreno de respeto,
estabilidad y confianza institucional.
No se trata de que España esté abocada al
desastre, pero sí de que la tensión actual no augura un horizonte tranquilo si
no se toma conciencia de los riesgos y se apuesta, de verdad, por la
reconstrucción del diálogo.
En tiempos de vértigo político, la
responsabilidad de todos (gobernantes, oposición, medios y ciudadanía) es no
dejar que la confrontación permanente se convierta en la única forma posible de
convivencia porque al final saltará la chispa que de paso a la involución y no
será agradable.
Martes 25
de
Noviembre
La decadencia de la Iglesia avanza a
pasos agigantados (2)
La crisis que atraviesa la Iglesia (especialmente la Iglesia de Roma) no es
un fenómeno repentino ni inesperado. Es el resultado de siglos de
contradicciones entre su discurso moral y su práctica institucional. El
ateísmo que muchos profesamos hoy no nace tanto del cúmulo de escándalos que
salen a la luz, sino del agravio constante a millones de personas que han
sido inducidas a creer en una “fe” cimentada en mitos, falacias y
manipulaciones perpetuadas a lo largo de la historia.
La religión, en su origen, fue una respuesta humana al absurdo de una
existencia marcada por el dolor, el sufrimiento y la muerte. La necesidad de
dar sentido a lo incomprensible dio lugar a relatos mitológicos que con el
tiempo se transformaron en religiones organizadas. Pero estas instituciones,
lejos de limitarse a ofrecer consuelo espiritual, se convirtieron en
herramientas de poder destinadas a controlar y manipular a sociedades
enteras. La Iglesia Católica es quizá el ejemplo más evidente: una
institución que predica humildad, pero que ha acumulado riquezas, influencia
política y privilegios a costa de la ignorancia y la obediencia de sus
fieles.
Hoy su decadencia no es solo moral, sino estructural. Los escándalos de
abusos sexuales, la opacidad ante los crímenes cometidos por miembros de su
propio clero y la hipocresía sistemática han desgarrado su credibilidad.
¿Cómo puede una institución que ha encubierto durante décadas la pederastia
pretender imponer una moral o dictar normas de conducta? ¿Con qué autoridad
habla de virtud quien ha actuado durante siglos desde la falta de decencia y
la ausencia de vergüenza?
La historia demuestra que cada vez que la Iglesia ha acumulado poder, la
humanidad ha retrocedido. Mientras el conocimiento intentaba avanzar un
paso, ella empujaba dos hacia atrás. Bajo la excusa de proteger la fe, se
persiguió, torturó y exterminó a quienes cuestionaban sus dogmas o
simplemente representaban un peligro para su hegemonía. Pueblos enteros
fueron masacrados y la lista de víctimas de la “defensa de la verdad” es
larga y documentada. La Inquisición, ese monstruo jurídico-religioso, es la
prueba más estremecedora de hasta dónde puede llegar una institución cuando
su prioridad no es la espiritualidad sino la dominación.
Solo a medida que la humanidad ha logrado desatar, poco a poco, las cadenas
del adoctrinamiento religioso, han florecido la ciencia, la educación y el
pensamiento libre. Y no es casualidad que donde hay más conocimiento, menos
espacio queda para los dogmas. A mayor progreso, menor necesidad de recurrir
a explicaciones sobrenaturales. A mayor acceso a la información, menor
capacidad tienen las instituciones religiosas para imponer miedo o
culpabilidad como método de control.
Hoy la Iglesia se derrumba, y no solo en sentido figurado: pierde fieles,
vocaciones, influencia política y peso social. Su relato ya no convence, su
autoridad ya no intimida, sus estructuras ya no sostienen la ficción de una
infalibilidad que nunca existió. La decadencia está en marcha y avanza, sí,
a pasos agigantados.
Quizá este proceso no sea motivo de celebración para todos, pero sí
representa una oportunidad histórica: la posibilidad de construir una
sociedad menos sometida a dogmas y más abierta al pensamiento crítico; una
humanidad que ya no necesita vivir en las tinieblas del miedo para encontrar
sentido, sino que busca luz en el conocimiento, la libertad y el progreso.
La religión fue durante siglos un refugio, un poder y, en ocasiones, un
instrumento de opresión. Hoy, su declive es también un renacimiento: el de
la razón, la ciencia, la autonomía, la libertad de pensamiento y la dignidad
humana.
Lunes 24
de
Noviembre
La Iglesia: un edificio que
se derrumba, una ficción que
se descompone
(1)
La decadencia de la Iglesia no es un accidente
histórico ni un tropiezo circunstancial: es la consecuencia inevitable de
una institución construida sobre dogmas indemostrables, jerarquías rígidas y
una tradición que ha confundido deliberadamente la fe con la obediencia
ciega. Lo que hoy observamos (escándalos, corrupción, miseria moral,
hipocresía, descrédito público) no es una grieta: es el derrumbe anunciado
de un edificio moralmente podrido. No es el ateísmo lo que destruye a la
Iglesia. Es su propia historia, su propio legado de engaños, abusos y
contradicciones. Millones de personas han sido educadas en una fe que se
presenta como verdad absoluta pero que, bajo cualquier análisis serio, se
revela como un artificio: un relato mitológico elevado a estructura de
poder.
El insulto no es negar esa “verdad”; el insulto es
haberla impuesto durante siglos como si fuera incuestionable, apelando al
miedo, a la culpa, bajo el soporte de la ignorancia. La religión nació como un mecanismo
primitivo para responder a una existencia que parecía insoportablemente
absurda. La humanidad, asustada por el sufrimiento y aterrorizada ante la
muerte, imaginó dioses. Esa vulnerabilidad humana fue el caldo de cultivo
perfecto para que surgieran instituciones que se apropiaron del mito y lo
transformaron en una herramienta de control.
La Iglesia de Roma fue (y sigue siendo) el ejemplo
paradigmático: un poder terrenal disfrazado de mandato divino, una
maquinaria disciplinaria que ha encontrado en la sumisión emocional la base
de su autoridad y ha convertido a los fanáticos en ciegos y sumisos esclavos
mentales. Hoy el disfraz se cae. Los escándalos de pederastia, la corrupción
interna, las fortunas acumuladas a espaldas de sus propios fieles, la
hipocresía sistemática… todo ello ha desnudado a la institución. ¿Qué
autoridad moral puede reivindicar quien ha demostrado no tener ninguna? ¿Con
qué legitimidad puede dictar conductas quien ha encubierto durante décadas
crímenes contra los más vulnerables?
Pretender que una institución así imponga
normas éticas es equivalente a pedirle al pirómano que redacte el manual de
seguridad contra incendios. La historia es implacable: allí donde la Iglesia
ha extendido su poder, la humanidad ha retrocedido. Cuando el pensamiento
avanzaba un paso, la Iglesia empujaba dos hacia atrás. No por defender la
fe, sino por defender el monopolio de la institución. Lo que no podía
someter por la persuasión, lo trituraba mediante la violencia. La
Inquisición (ese proyecto institucional de terror) no fue un exceso aislado:
fue la esencia misma del mecanismo eclesiástico. Herejes, Cátaros,
Templarios, Albigenses, pueblos indígenas… todos fueron sacrificados en
nombre de una supuesta verdad que solo servía para sostener un imperio
mediático y económico. La luz siempre fue el enemigo. El conocimiento, una
amenaza. La educación, un peligro. El progreso, desapego.
Porque una mente que aprende deja de temer;
una persona que deja de temer, deja de obedecer y una familia que tiene
bienestar económico y social deja de suplicar. Por eso la Iglesia prosperó
en la oscuridad: necesitaba tinieblas, pobreza e ignorancia para perpetuar
su poder. No es casualidad que la ciencia, la filosofía y la libertad
individual hayan florecido solo cuando el dominio eclesiástico empezó a
resquebrajarse. Hoy vivimos ese resquebrajamiento definitivo. La Iglesia
pierde fieles a un ritmo que ni ella misma puede disimular.
Su influencia política se diluye. Su capacidad
para dictar moral se extingue. La narrativa de la infalibilidad se
desintegra ante cada nueva revelación de corrupción, de abuso, de miseria
moral. Y, como siempre ocurre con las estructuras autoritarias, su declive
provoca un temblor interno: cuanto más se aferra a su poder, más evidente se
vuelve su vacío. La decadencia no es solo visible; es irreversible. Es una
buena noticia. Porque lo que se desmorona no es la espiritualidad humana
(esa seguirá reinventándose), sino un sistema de control que durante siglos
ha sofocado la libertad, la inteligencia y la dignidad. Lo que cae es la
sombra. Surge la luz y el conocimiento.
Lo que queda es la posibilidad de una
humanidad que ya no necesita someterse para encontrar sentido, que ya no
necesita dogmas para buscar verdad, que ya no necesita miedo para vivir. El
yugo se agrieta. La razón avanza.
Y la Iglesia, por fin, entra en la fase final de un
declive que llevaba siglos mereciendo...
Domingo 23
de
Noviembre
La
arrogancia social que nos condena
Vivimos en una sociedad que presume de progreso,
pero seguimos arrastrando los mismos impulsos primitivos de siempre. Aún
perseguimos a las mujeres como si fueran objetos destinados a complacernos,
como si su valor dependiera de una belleza que tarde o temprano se marchita.
Ese machismo ancestral que creíamos superado sigue ahí, disfrazado de
modernidad, replicando la vieja idea de que lo femenino existe para el deseo
masculino. No aprendemos. Mientras tanto, acumulamos bienes y dinero como si
la vida fuera eterna, como si la muerte fuera un mito que solo ocurre en las
noticias.
A lo largo de la
historia, hemos perseguido ideales y placeres como si fuéramos eternos.
Tratamos a las mujeres como trofeos, como si su belleza nunca fuera a
marchitarse, con la misma lujuria primitiva de aquel hombre de las cavernas
que aún nos habita. Sin embargo, todo se desvanece: se apaga el brillo de
los ojos, se consumen las rosas, se agota el vigor del cuerpo. Nada escapa
al paso del tiempo.
Construimos nuestra identidad alrededor de
posesiones, de apariencias, de números en una cuenta bancaria, sin entender
que nada de eso nos pertenece realmente: somos huéspedes temporales en un
mundo que seguirá girando sin nosotros. Un recordatorio incómodo que
preferimos ignorar:
memento mori.
Y lo más absurdo es que, aun sabiendo que nuestra existencia es un instante,
alimentamos guerras, disputas, odios y rivalidades. Levantamos fronteras,
discursos de odio, ideologías excluyentes, como si fuéramos dueños del mundo
y no simples habitantes pasajeros.
Nos cuesta aceptar que todo lo que defendemos
con tanta ferocidad poder, riqueza, bienes, e incluso “verdades”, acabará
reducido a polvo. Porque al final todo (con el tiempo) se reduce a nada,
precisamente en eso en polvo. Y sin embargo, nos aferramos a la vida con una
contradicción casi trágica: tememos desaparecer, pero actuamos como si
fuéramos invencibles. Nos creemos dueños de la verdad, del éxito, del
futuro, con una soberbia colectiva que nos hace sentir dioses en un mundo
que apenas tolera nuestra presencia y que pasaremos por el como un fugaz
instante.
Y así justificamos la violencia, la explotación, la
desigualdad… con odio, con rencor, con inquina y deseos insaciables de
venganza como si fueran inevitables, cuando en realidad son el resultado
directo de nuestra arrogancia. Al final, no somos más que arena que arrastra
el viento del tiempo. Y, aun sabiendo que todo es vanidad, que tan pronto
estamos aquí, como estamos para allá, seguimos atrapados en ella: en la
presunción, en el consumismo, en el egoísmo disfrazado de libertad
individual.
Pobre humanidad, tan orgullosa de sus logros y tan
incapaz de verse a sí misma con humildad. Quizá el primer paso para cambiar
algo (lo propio y lo colectivo) sea reconocer nuestra fragilidad, aceptar
nuestra efímera existencia y dejar de vivir como si fuéramos eternos. Solo
entonces podremos cuestionar de verdad aquellas aquellas conductas que nos
llevan al odio, a la envidia, a la ambición y la codicia, cuestionando
también aquellas estructuras sociales que perpetúan la desigualdad, la
violencia y la indiferencia.
Mientras no lo hagamos, seguiremos siendo lo mismo:
mortales ilusos creyéndonos inmortales y actuando como si el mundo nos
perteneciera, cuando solo somos productos del mundo.
Tal vez, si aceptáramos nuestra condición,
aprenderíamos a vivir con más humildad, con
más gratitud y con menos soberbia. Quizás
entonces entenderíamos que lo único
verdaderamente eterno es aquello que dejamos
en los demás: un gesto, una palabra, una
huella que, con suerte, resista un instante
más que nosotros.
Sábado 22
de
Noviembre
¿Hay riesgo
real de conflicto civil en España? Un país
crispado, pero no al borde del abismo
España vive uno de los momentos de mayor
tensión política desde la Transición. El
intercambio constante de acusaciones,
descalificaciones y advertencias
catastrofistas ha transformado el debate
público en una contienda verbal permanente.
La ciudadanía percibe dos bloques
enfrentados, cada vez más rígidos y
desconfiados entre sí. Y en la calle surge
la pregunta:
¿Puede esto acabar mal?
La respuesta, según coinciden analistas y
politólogos, se mueve entre la preocupación
y la cautela. Sí, hay un aumento claro de
polarización emocional. Sí, los discursos se
han endurecido hasta niveles inéditos en
décadas. Pero no, España no está cerca de un
conflicto civil.
La crispación, por
intensa que parezca, convive con una sociedad que sigue mezclándose con
normalidad en la vida diaria. No hay fractura social profunda, ni grupos
armados, ni territorios sublevados, ni un colapso institucional que permita
siquiera imaginar un escenario bélico.
Lo que sí existe es un
desgaste democrático: desconfianza, insulto constante, movilización contra
el adversario y un clima que normaliza la hostilidad. Los expertos advierten
que este deterioro, aunque lejos de una guerra civil, sí puede derivar en
episodios aislados de violencia o en un debilitamiento del Estado de
Derecho.
Por ahora, las
instituciones siguen funcionando, los cuerpos de seguridad mantienen la
estabilidad y la Unión Europea actúa como ancla de moderación. El reto de
España no es evitar una guerra, sino evitar que la crispación siga avanzando
como una niebla espesa que erosiona la convivencia.
Viernes 21
de
Noviembre
La erosión
de las instituciones y el riesgo de un poder que se
aferra a sí mismo
En las últimas semanas, España vive una tensión política que muchos
ciudadanos perciben como una deriva preocupante. La confrontación entre
instituciones, la batalla retórica sin freno y la sensación de que la
legalidad se interpreta según convenga han generado un clima de desconfianza
que no puede pasarse por alto. Para una parte creciente de la sociedad,
estamos asistiendo a un episodio en el que las llamadas
cloacas del
poder
ya no son un rumor subterráneo, sino un elemento visible que condiciona la
vida pública.Lo que algunos describen como un Gobierno acorralado por sus
propias contradicciones ha desembocado en un escenario esperpéntico: un
Ejecutivo en minoría que apenas logra sacar adelante iniciativas en el
Parlamento, que esquiva la convocatoria de elecciones mientras crecen los
frentes judiciales en su entorno político y que ha respondido a las
decisiones de los tribunales con una mezcla de desdén, desconfianza y
acusaciones de parcialidad.
Cada gesto del poder hacia la justicia parece
interpretarse según su conveniencia: se la ensalza cuando favorece y se la
cuestiona cuando no. En este contexto, la indignación ciudadana gana
terreno. No es solo el desgaste propio de la política cotidiana; es la
sensación de que la lógica democrática (alternancia, transparencia,
responsabilidad) está siendo sustituida por una estrategia de resistencia
numantina. Para muchos, aferrarse al poder cuando el propio panorama
judicial y parlamentario se estrecha transmite un mensaje inquietante: que
el Gobierno prioriza su supervivencia por encima de la salud institucional.
Tampoco ayudan las concesiones realizadas a socios
parlamentarios cuya agenda es percibida por buena parte de la ciudadanía
como ajena o incluso contraria al interés general. La crítica se agrava
cuando se plantea que esos acuerdos no responden a una visión de Estado,
sino a la necesidad de sostener aritméticamente al Ejecutivo a cualquier
precio. Cuando el país queda subordinado a las urgencias políticas del
Gobierno, la desconfianza se convierte en malestar social. La reciente
condena del fiscal general del Estado (un suceso que ha intensificado el
debate institucional) ha sido para muchos el punto de no retorno.
En democracias consolidadas, la asunción de
responsabilidades políticas ante un escándalo judicial es un gesto de
higiene democrática. Por eso, no son pocos los que consideran que, ante un
episodio de tal gravedad, la única salida digna del Ejecutivo sería abrir
las urnas y devolver la palabra a los ciudadanos. España necesita
instituciones fuertes, transparentes y creíbles. Necesita un Gobierno que
gobierne, no que se defienda. Y necesita, sobre todo, que quienes detentan
el poder entiendan que este no es un patrimonio personal, sino un mandato
temporal sometido al escrutinio constante de la sociedad.
Perpetuarse en el poder cuando todo apunta a un
desgaste irreversible no solo erosiona la legitimidad del Ejecutivo:
erosiona la confianza de un país entero en su democracia.
Jueves 20
de
Noviembre
Ultraprocesados: la gran estafa que está
devorando nuestra salud
Ya es hora de decirlo sin filtros:
nos están enfermando a sabiendas. Durante años, la industria de los
ultraprocesados ha convertido nuestra alimentación en un experimento masivo
donde el objetivo no es nutrirnos, sino
exprimir cada euro posible,
aunque eso implique dejar un rastro de enfermedades, ansiedad alimentaria y
cuerpos agotados. Y mientras las instituciones más respetadas del mundo (The
Lancet,
la OMS, UNICEF) lanzan alarmas cada vez más desesperadas, nosotros seguimos
atrapados en un sistema donde la
comida basura reina y la comida real sobrevive como puede.
Una invasión
que nunca votamos No elegimos estar rodeados de productos diseñados
para enganchar. No elegimos que los alimentos frescos sean más caros que un
paquete de calorías vacías. No elegimos que a nuestros hijos les enseñen a
desear dulces brillantes antes que fruta.
Esto no es un
“estilo de vida moderno”. Esto es
una invasión alimentaria, silenciosa, estratégica, calculada. Los
ultraprocesados no llegan a tu carrito por casualidad: están construidos
para conquistarte. Mezclas imposibles de azúcar, grasas baratas, aditivos,
texturas adictivas, colores que hipnotizan… todo pensado para que quieras
más, incluso cuando tu cuerpo ya
está gritando que pares. Y luego te dicen que es tu culpa. Que
“comes mal”. Que “no te controlas”.
Como si la
responsabilidad de resistir un sistema entero recayera solo en ti.
¿Cual es el precio?:
nuestra salud y la de los niños UNICEF lo ha dicho sin temblar:
estamos frente a una amenaza
urgente para la salud humana. Y especialmente para la infancia.
Nuestros niños crecen rodeados de productos diseñados para engancharlos
antes incluso de que aprendan a leer. ¿Y qué hacemos como sociedad?
Demasiadas veces, mirar hacia otro lado. Aceptarlo como si fuera inevitable,
como si no hubiera alternativa. Tenemos que decir:
Basta ya. Basta de
normalizar que la comida que más se anuncia sea la que peor nos nutre.
Basta de
aceptar que lo barato sea lo que más daño hace. Basta de que nuestras
emociones se manipulen con envases bonitos y promesas vacías mientras
nuestra salud se desgasta. Hay que
encender la mecha del cambio. Porque esto no va de “demonizar
alimentos”. Va de defender el
derecho básico a comer sin enfermar, a criar niños que no crezcan
condicionados por sabores artificiales, a vivir en un entorno donde la
comida real no sea un lujo. Y ese cambio no va a venir de quienes se
benefician del problema.
Ese cambio empieza
en nosotros: en exigir políticas valientes, en rechazar la mentira
disfrazada de oferta irresistible, en recuperar el derecho a alimentarnos de
verdad.
Nos han tomado por
consumidores pasivos. Ahora toca demostrar que somos ciudadanos despiertos.
Miércoles 19
de
Noviembre
Mi Pueblo
donde el silencio se mezcla con el recuerdo II
Hay pueblos que parecen dormidos, pero que en realidad
están soñando. Lugares donde el tiempo camina más
despacio y donde cada piedra, cada fuente y cada sendero
guarda un trocito de quienes pasaron antes. Arrabalde es
uno de esos pueblos: pequeño en tamaño, inmenso en
memoria.
Duele ver cómo se vacía. Cómo las calles que un día
estuvieron llenas ahora esperan, pacientes, a que la
vida regrese. Pero Arrabalde sigue ahí, firme,
sosteniéndose sobre su historia, su sierra, su río y su
gente. Porque este pueblo no se rinde.
No sabe hacerlo.
La despoblación no es solo un dato: es una tristeza
silenciosa. Una casa que se cierra, una voz que se
apaga, una ventana que ya no enciende su luz en
invierno. Y aunque agosto nos regala el milagro de los
reencuentros, de la alegría que vuelve como un río
desbordado, una parte de nosotros sabe que necesitamos
algo más. Que un pueblo no puede vivir solo dos meses al
año.
Y sin embargo, hay esperanza. Porque Arrabalde tiene
un encanto que no se compra ni se fabrica:
su verdad.
La de su gente cercana, la de su pasado milenario, la de
esa Sierra de las Labradas que observa, desde lo alto,
cada cambio, cada esfuerzo, cada latido. Allí arriba,
donde el paisaje te atrapa y las leyendas parecen vivas,
uno entiende por qué tantos vuelven. Por qué a este
lugar se le coge cariño sin buscarlo.
Pero también sabemos que el cariño, sin acción, no
basta. Si queremos que Arrabalde siga respirando,
debemos cuidarlo.
Mejorar sus accesos, sus servicios,
sus caminos, su oferta cultural y turística. Hacer de él
un destino todo el año, no un paréntesis estacional.
Soñar juntos un pueblo moderno pero auténtico; tranquilo
pero vivo; pequeño pero orgulloso.
Porque Arrabalde tiene futuro si nosotros se lo damos.
Si los vecinos y el Ayuntamiento caminan en la misma
dirección. Si los jóvenes que aman sus raíces encuentran
un motivo para quedarse o regresar. Si el visitante
descubre que aquí no solo hay un paisaje, sino un hogar.
Y es que un pueblo no muere mientras alguien lo espera.
Mientras alguien lo recuerda. Mientras alguien vuelve.
Arrabalde sigue esperando, sí. Pero también late,
también respira, también sueña. Y quienes lo queremos
sabemos que siempre habrá un camino de regreso, aunque
lo recorramos con nostalgia, con ilusión o con ese
sentimiento indescriptible que solo se tiene con los
lugares que te han visto crecer.
Porque Arrabalde no es un punto en el mapa.
Es un punto en el corazón.
Martes 18
de
Noviembre
Arrabalde: un pueblo al que siempre quieres
volver (I)
La despoblación que afecta a tantos pequeños
pueblos de Zamora también castiga a
Arrabalde. Sin embargo, ese declive no borra
su atractivo ni su encanto. Más bien al
contrario: lo subraya. Hace evidente que
nuestro pueblo tiene algo especial, algo que
nos empuja a volver una y otra vez, aunque
el futuro rural se escriba hoy con más
sombras que luces. Arrabalde disfruta de una
ubicación privilegiada, de un patrimonio
cultural e histórico envidiable, de un
entorno natural que sorprende a cualquiera
y, sobre todo, de una empatía y una
cordialidad que se encuentran "casi" en el
100% de sus habitantes. Pero, por desgracia,
todo eso no basta para frenar un proceso de
despoblación que parece irrevesible. Año
tras año, somos menos.
Y aunque el pueblo
recobra su chispa en agosto (cuando las fiestas lo llenan de vida, música y
reencuentros), no es consuelo suficiente. La España vaciada también se
escribe aquí. ¿Podemos frenar la despoblación? Sinceramente, ya no. Las
causas son profundas y las conocemos bien. Lo que sí podemos hacer, y está
plenamente a nuestro alcance, es
convertir Arrabalde en un lugar atractivo y vivo, tanto para
quienes viven aquí todo el año como para quienes nos visitan o vuelven a sus
raíces.
Para lograrlo,
la colaboración entre Ayuntamiento y vecinos es imprescindible. Necesitamos
apostar por el civismo, la cultura, la sanidad, los transportes, el
bienestar ciudadano y los servicios básicos como el comercio, el médico o la
banca. Hace falta cuidar y modernizar infraestructuras, parques y jardines,
urbanismo, festejos y caminos. Y, sobre todo, debemos tener una visión clara
de futuro.
Y no todo está
perdido. Los jóvenes del pueblo están comprometidos con mantener sus raíces
y dar un futuro a Arrabalde. Además, nuestro entorno es un tesoro para los
amantes del senderismo, la escalada, el paisaje y la naturaleza. Desde lo
alto de la Sierra de las Labradas, las panorámicas son un regalo para la
vista, cargadas de historia, leyendas y de objetos que nos hablan de un
pasado que nos enorgullece. Pero pese a todo ese potencial, Arrabalde
languidece durante largos meses, hasta que el verano trae de nuevo la vida,
los turistas y los vecinos que regresan a sus casas. Y, sin embargo,
Arrabalde es mucho más que un destino estacional: es un punto de encuentro
para jóvenes y adultos, un lugar donde se teje la amistad y donde los
montañeros planifican rutas aunque tengan que dormir en el coche o en un
saco. Porque siempre hay un motivo para volver. Ha llegado la hora de
ponerse manos a la obra.
Si queremos que
Arrabalde sea un pueblo vivo todo el año, tenemos que facilitar la llegada
de visitantes y mejorar los accesos (especialmente el camino hacia la
Sierra, desde el pueblo hasta el tramo asfaltado donde estuvo el Castro),
reforzar los servicios públicos, mejorar el transporte y replantear
infraestructuras como la carretera que cruza el centro urbano. La clave está
en construir entre todos un pueblo
moderno, cómodo, cuidado y atractivo, con una economía sostenible
basada en la agricultura, el turismo y el respeto al medio ambiente.
Un pueblo que no sea
solo para jubilados, sino también para familias, jóvenes y visitantes que
buscan naturaleza, cultura y tranquilidad. Arrabalde puede ser (y debe ser)
el pueblo más bonito de la comarca. Porque, al final, para cada uno de
nosotros, nuestro pueblo siempre será el mejor de todos. Aunque quede poca
gente, aunque queden pocos servicios, aunque el invierno sea largo.
Para quienes
lo sienten suyo, Arrabalde siempre será un hogar al que volver.
Martes 18
de
Noviembre
Cuando la política cae en lo miserable: la
vergonzosa actuación de Rufián en la
comisión de la DANA
Antes de cualquier reflexión política, lo
primero es lo primero: mi respeto y mis
condolencias a las familias de las víctimas
de la DANA. Su sufrimiento debería ser
sagrado, intocable, y jamás formar parte del
teatro político al que asistimos. Por
desgracia, eso es exactamente lo que
ocurrió. La intervención del diputado
Gabriel Rufián en la comisión de
investigación fue, sencillamente,
bochornosa. No hay palabra más
precisa. Atropellada, desordenada, incapaz
de mantener un mínimo de respeto
institucional. En vez de un interrogatorio
serio, aquello parecía una performance
agresiva cuyo único objetivo era generar
titulares rápidos, sin importar quién
estuviera delante y mucho menos el contexto
humano que se estaba tratando.
Rufián lanzó
preguntas sin pausa, sin permitir que Mazón pudiera siquiera articular una
respuesta completa. Pero lo verdaderamente grave no es el estilo (ya
conocido...) sino el fondo: la
utilización abierta del dolor de las víctimas como arma política.
Convertir la
tragedia de familias destrozadas en munición para atacar al adversario es
cruzar una línea roja que jamás debería haberse tocado. Lo que vimos fue a
un diputado más preocupado por el ruido que por la verdad, más concentrado
en la confrontación que en esclarecer hechos, más volcado en sacar rédito
político que en honrar a quienes perdieron la vida. Una actitud
atolondrada, patética y
profundamente irresponsable, impropia de alguien que ocupa un
escaño en nombre de la ciudadanía. Porque esto no va de defender a Mazón ni
de exculpar a nadie. Va de decencia. De límites. De entender que hay
escenarios donde la política debe estar a la altura del dolor humano. Y
Rufián, en esa comisión, no estuvo a la altura. Ni de las víctimas. Ni de
sus familias. Ni de la institución que representaba.
La comisión
sobre la DANA exigía serenidad, rigor y respeto. En cambio, lo que
presenciamos fue un espectáculo indigno. Y cuando un representante público
demuestra estar dispuesto a utilizar una tragedia para obtener rendimiento
electoral, revela no solo falta de profesionalidad, sino algo aún más
preocupante: una alarmante ausencia de escrúpulos. La política puede ser
dura, sí. Pero jamás debería ser miserable.
Y lo vivido en esa
comisión de la DANA fue exactamente eso:
miserable.
Lunes 17
de
Noviembre
El escándalo de la pederastia en
el seno de la Iglesia española que ha
escandalizado hasta el mismo Papa
Cuando
el abuso se perpetua en el
tiempo, mirar hacia otro lado es
hacerte cómplice del mismo
La pederastia en la Iglesia no
es un accidente. Es un horrendo
vicio encubierto que ha generado
la perdida total de la
credibilidad en la Institución
religiosa, por el silencio
cómplice de quienes debieron
actuar y no lo hicieron. Porque
no es “un caso aislado ni una
desviación puntual”. Es una
cadena interminable de
abusos
cometidos durante siglos.
encubiertos y protegidos por
quienes debían impedirlos.
Incluso el propio Papa admite
estar escandalizado ante la
magnitud de los abusos,
especialmente con lo ocurrido y
fija la mirada en España, donde
la norma ha sido siempre la
misma:
ocultar al agresor, callar a la
víctima y mover al sacerdote de
parroquia como si el problema
fuera el lugar y no el crimen.
La curia española nunca fue
transparente.
Nunca fue valiente. Y nunca
estuvo del lado correcto.
Lo que debería haber sido un
refugio espiritual para millones
se convirtió, en demasiados
casos, en un escenario de
impunidad. La curia española no
solo evitó afrontar el problema:
lo enterró. Y con ello enterró
también su credibilidad moral.
Su prioridad fue salvar la
imagen de la institución, aunque
para ello hubiera que sacrificar
la infancia de cientos de
víctimas.
Esa es la realidad. Y esa
realidad destruye cualquier
autoridad moral que pretendan
reclamar. Pero la indignación no
puede sorprendernos. La historia
de la Iglesia es una sucesión de
contradicciones: predica pobreza
mientras vive rodeada de
riqueza; exige castidad mientras
tolera excesos que avergonzarían
a cualquier ciudadano; se
presenta como guía espiritual
mientras sus jerarcas disfrutan
de lujos dignos de monarcas
absolutos. Hubo papas con
harenes, papas que compraban y
vendían favores divinos, papas
que manejaban reinos enteros
como piezas de ajedrez.
Y todo ello envuelto en el manto
de lo “sagrado”. Ante esa
trayectoria, la pregunta es casi
un grito:
¿cómo respetar a una institución
que ha protegido
déspotas, pederastas y sátrapas
libidinosos?
¿Cómo creer en su moral cuando
ellos mismos la han pisoteado?
¿Cómo confiar en quienes
predican virtud mientras
encubren lo imperdonable?
Ya no vale el silencio.
Ya no valen las disculpas
vacías. Y ya no vale el discurso
cómodo del “perdón”.
Porque hay pecados que no se
redimen rezando. Y este,
precisamente este,
se paga con verdad, justicia y
responsabilidades reales.
Hasta que ese día llegue, la
Iglesia podrá seguir proclamando
su santidad. Pero será una
santidad hueca, manchada,
incapaz de esconder lo que ya
todo el mundo sabe:
que perdió su credibilidad el
mismo día que decidió proteger
al abusador antes que al niño.
Mientras la Iglesia no demuestre
que sus hechos valen mas que
los sermones que predican, no
tendrán legitimidad y mucho
menos credibilidad alguna.
Domingo 16
de
Noviembre
La
herida abierta de la Iglesia: entre el
encubrimiento y la pérdida de credibilidad
Pocas instituciones
han ejercido tanto poder moral, político y simbólico a lo largo de la
historia como la Iglesia católica. Y, sin embargo, pocas han acumulado
también un historial tan amplio de sombras. Entre ellas, quizá la más oscura
y devastadora sea la pederastia en el seno del clero, un crimen que durante
siglos se ha encubierto, relativizado o directamente silenciado. Hoy,
incluso el propio Papa reconoce la magnitud del escándalo, que ha golpeado a
países de todos los continentes y que, en el caso de España, presenta cifras
y dinámicas especialmente dolorosas.
Porque en España (y
esto ya no lo niega nadie informado) ha existido una
cultura sistemática de ocultación.
Las denuncias se archivaban internamente, los sacerdotes señalados eran
trasladados a otras parroquias, lejos de la atención pública, y la curia
evitaba asumir responsabilidades reales. No se expulsaba a los agresores: se
les protegía. No se escuchaba a las víctimas: se las condenaba al silencio.
Este comportamiento
no es un simple error administrativo. Es una
traición moral. Una
institución que predica castidad, humildad y rectitud no puede permitirse
mirar hacia otro lado ante el sufrimiento de los más vulnerables. Mucho
menos si ese sufrimiento es provocado por quienes deberían ser guías
espirituales.
Pero el problema no
es nuevo. La historia de la Iglesia está marcada por contradicciones
profundas entre su discurso y su práctica. El voto de pobreza convivió
durante siglos con la opulencia, el oro, los palacios y los banquetes. Hubo
papas que se comportaron como monarcas absolutos, con harenes, intrigas
palaciegas y poder para decidir el destino de reinos enteros. Y mientras
tanto, se utilizaban el miedo, la culpa y los dogmas para sostener la
autoridad: el diezmo obligatorio, la venta de bulas y perdones, la promesa
de una vida eterna a cambio de obediencia y dinero.
Cuando una
institución acumula tantos episodios de manipulación, de abuso de poder y de
desconexión moral, ¿cómo puede seguir reclamando una autoridad sagrada?
¿Cómo exige credibilidad quien tantas veces ha traicionado la confianza
depositada en él? ¿Cómo puede pedir respeto quien no ha respetado ni
siquiera a los niños puestos bajo su cuidado?
La pregunta,
entonces, no es si la Iglesia puede redimirse. La pregunta es si está
dispuesta a hacerlo. Porque la fe, para quienes la viven de forma honesta,
no debería estar secuestrada por una estructura que ha demostrado
repetidamente su incapacidad para reconocer sus propios pecados. Y porque la
espiritualidad puede sobrevivir sin templos de mármol, pero no sin ética.
Hoy, ante la
magnitud de los abusos y el dolor acumulado, la Iglesia se enfrenta a su
mayor crisis de credibilidad. No por ataques externos, sino por los actos de
sus propios miembros y por el silencio cómplice de quienes debieron actuar y
no lo hicieron. ¿Y se extrañan de que el numero de ateos crezca a un ritmo
vertiginoso?
Sábado 15
de
Noviembre
España: Un país que avanza dejando a
muchos atrás
El panorama nacional se
oscurece a un ritmo preocupante. A la crisis política permanente (ese
esperpento diario que se representa en las instituciones y en los titulares)
se suma un deterioro sistemático de los pilares que deberían sostener
cualquier sociedad mínimamente justa: el empleo, los salarios, la educación,
la sanidad y la vivienda. Mientras, la inflación acelera al 3,1%,
la cesta de la compra se encarece un 22% y los alimentos, así como la
luz y la tasa de basuras disparan al IPC, elevando el coste de lo mas básico
para las familias humildes.
En un país donde la vivienda
se ha convertido en un lujo y el alquiler sube con la misma constancia que
baja el poder adquisitivo, resulta difícil creer en los discursos oficiales
que presumen de crecimiento económico. La macroeconomía, efectivamente,
despega, pero la microeconomía (la de las familias, la de la vida real) se
arrastra.
Las cifras lo confirman cada
día: trabajo más precario, contratos más frágiles, salarios que no se
ajustan al coste de la vida y una inflación que golpea precisamente a
quienes menos pueden resistirla. Quienes ya vivían al límite se han visto
empujados al borde del abismo. Familias que ya no pueden encender la
calefacción en invierno, que recortan donde no se puede recortar y que
llenan la cesta de la compra con resignación, comparando precios al céntimo,
sabiendo que aun así no siempre llegarán a fin de mes.
Mientras tanto, desde las
altas esferas se celebra un supuesto “éxito económico” que parece no tocar
la puerta de la mayoría. Y surge inevitable la pregunta:
¿éxito para quién?
Porque la paradoja es cruel: los jóvenes ganan hoy menos que sus padres a su
edad, mientras la generación anterior (la misma que soportó crisis y
sacrificios) ve cómo sus salarios y pensiones se ajustan mejor que el
ingreso de quienes sostienen ahora el país.
Es como si viviéramos en dos
realidades paralelas. La oficial, donde los indicadores brillan y el país
crece. Y la cotidiana, donde la frustración crece más rápido que el PIB,
donde se exigen sacrificios a quienes ya no tienen nada más que sacrificar.
La distancia entre ambas realidades se ha hecho tan grande que ya no la
llenan ni los discursos, ni las promesas, ni los planes estratégicos. Solo
queda la sensación de que este modelo económico y político se sostiene sobre
una desigualdad cada vez más profunda.
La pregunta, por tanto, es
legítima y urgente: ¿para
quién se está construyendo este país? Porque si el crecimiento
no mejora la vida de la mayoría, si la riqueza se concentra mientras la
precariedad se expande, entonces no estamos ante un éxito económico, sino
ante un fracaso social maquillado de estadísticas.
Y mientras no respondamos a
esa pregunta (y, sobre todo, mientras quienes gobiernan no la respondan) la
brecha entre lo que se dice y lo que se vive seguirá ensanchándose,
convirtiendo la esperanza en un privilegio y el futuro en un territorio
incierto.
Viernes 14
de
Noviembre
Junts, Sánchez y la política del
engaño: una legislatura agotada
La última maniobra
de Junts en el Congreso, apoyando la iniciativa del Gobierno para mantener
el calendario de cierre de las centrales nucleares, ha vuelto a poner de
manifiesto una evidencia incómoda: la distancia entre lo que el partido dice
y lo que finalmente hace. Tras anunciar a bombo y platillo la ruptura con
Sánchez, su voto de ayer no solo contradice ese supuesto distanciamiento,
sino que además supone un golpe directo al tejido empresarial catalán, que
lleva tiempo alertando sobre las consecuencias económicas de prescindir
prematuramente de la energía nuclear.
Una vez más, Junts exhibe una doble moral que no solo irrita al conjunto de
los españoles, sino también a los propios catalanes a quienes dice
representar.
Este episodio
refuerza una percepción que crece de manera sostenida en la sociedad: la de
que Pedro Sánchez no tiene la menor intención de abandonar el poder, aun a
costa de forzar los límites de la lógica democrática. Cada día aumenta el
número de ciudadanos convencidos de que el Gobierno está agotado, sin
Presupuestos, sin apoyos reales y sin capacidad de iniciativa. Y, sin
embargo, el presidente opta por atrincherarse en La Moncloa apelando
únicamente al miedo a la alternancia.
La situación
adquiere tintes aún más preocupantes cuando a este bloqueo institucional se
suman los frentes judiciales que rodean al presidente y a su entorno. Las
causas en marcha, los procesos pendientes de sentencia y las revelaciones
sobre prácticas internas dentro del PSOE alimentan la sensación de que se ha
llegado a un punto de no retorno. Muchos perciben que la estabilidad del
país está supeditada a la estrategia personal de resistencia de Sánchez, más
que a un proyecto político coherente.
Tanto el adelanto
electoral como la presentación de una cuestión de confianza son herramientas
legítimas, previstas en la Constitución y necesarias cuando un Gobierno
pierde su respaldo parlamentario. Sin embargo, ninguna de estas opciones
parece estar siquiera contemplada por el presidente. La razón que señalan
sus críticos es clara: hoy por hoy, tanto las urnas como el Congreso le
darían la espalda.
Mientras tanto,
España continúa atrapada en una legislatura fantasma, con un Ejecutivo que
desea seguir gobernando aunque ya no pueda hacerlo. Un Gobierno que pretende
perdurar incluso en la próxima legislatura sin haber superado las pruebas
básicas de legitimidad política. Y así crece entre una parte significativa
de la ciudadanía el convencimiento de que «éste no se va» y que está
dispuesto a cualquier maniobra para perpetuarse en el poder.
La conclusión es
evidente: ni censura, ni confianza, ni elecciones. Solo la prolongación de
un proyecto fallido cuya continuidad se sostiene en pactos contradictorios,
en equilibrios inestables y en un profundo desgaste institucional. España no
puede permitirse seguir en esta parálisis indefinida. Toca actuar, y cuanto
antes.
Jueves 13
de
Noviembre
La trampa de la precariedad: cuando
trabajar no basta para vivir
En España se ha instalado una
paradoja inquietante:
cada vez trabajamos más, pero
vivimos peor. Lo que
antes era una garantía (tener un
empleo) ya no asegura una vida
digna. Y es que con salarios que
apenas cubren el alquiler, con
pensiones que no alcanzan para
llenar la nevera y con una
inflación que devora el poder
adquisitivo, la precariedad se
ha convertido en el aire que
respiramos. Ya no se trabaja
para vivir, se trabaja para
sobrevivir.
Y
sí, España crece
económicamente, pero una parte
importante de su población no
nota ese progreso. La
precariedad, la desigualdad y la
sensación de injusticia fiscal
alimentan una economía sumergida
que actúa como válvula de
escape. Sin una redistribución
más justa y una mejora real del
empleo, el malestar social y la
pérdida de confianza en las
instituciones seguirán
profundizándose.
Especialmente duro es el
panorama para los jóvenes.
Se
les pide que estudien, que
emprendan, que coticen, pero se
les niega lo básico: un trabajo
estable y una vivienda asequible,
y la opción obligada es
recurrir a la economía
sumergida (trabajar en B) para
poder afrontar los gastos
básicos y llegar a fin de mes.
España es hoy un país donde la
independencia se retrasa, la
natalidad se desploma y el
talento se fuga. La
promesa del esfuerzo ha perdido
valor porque el esfuerzo, por sí
solo, ya no garantiza nada.
Y es que España atraviesa un
momento complejo en su
estructura socioeconómica a
pesar de que el gobierno se
vanagloria del crecimiento. Los
indicadores sociales muestran
una desconexión entre el
crecimiento del PIB y el
bienestar real de la población.
La inflación persistente, el
encarecimiento de la vivienda y
la elevada presión fiscal sobre
las rentas del trabajo han
deteriorado la capacidad
adquisitiva de los hogares.
España es uno de los países que
mas precariedad laboral sufre
con los salarios mas bajos de la
UE a pesar de haber subido el
SMI a 1134 euros. La
temporalidad en el empleo y los
bajos salarios impiden la
estabilidad económica a largo
plazo, lo que se traduce en
menor inversión limitando la
capacidad de generar empleo de
calidad.¿La consecuencia? Los
trabajadores jóvenes y precarios
tienen dificultades para
independizarse, formar una
familia o ahorrar, lo que frena
el relevo generacional y el
dinamismo económico, con unos
precios del alquiler que están
desvinculados de los salarios
reales. Si a esto le
sumamos la asfixia fiscal, entre
IRPF, IVA y cotizaciones, la
percepción real es que los
impuestos se comen el poder
adquisitivo y les aboca a la
precariedad y subsistencia.
Esta
precariedad tiene un precio
silencioso: la desconfianza.
Desconfianza en las
instituciones, en la política,
incluso en el futuro. Cada vez
más ciudadanos sienten que
cumplen con su parte, pero que
el contrato social está roto. Y
surge la picaresca. Trabajar en
negro no es una elección moral,
sino muchas veces una
decisión de supervivencia.
Cuando los números no salen, la
gente busca soluciones al margen
del sistema.
No se trata de justificar la
economía sumergida, sino de
entender que su persistencia es
el reflejo de un modelo que no
funciona para todos. Si el
sistema no ofrece salidas
dignas, la gente crea las suyas,
aunque sea fuera de la ley. ¿Que
genera esta situación? Pues que
muchos jóvenes y no tan jóvenes
recurran a la economía sumergida
(trabajar en B) para poder
afrontar los gastos básicos y
llegar a fin de mes. Pero no
solo afecta esta situación
a los jóvenes, también los
pensionistas pierden poder
adquisitivo debido a la
inflación acumulada y al aumento
del coste de la energía y los
alimentos.
Esto empuja a muchos jubilados a
situaciones de pobreza
energética o dependencia de
ayudas familiares.La
consecuencia social es la falta
de confianza en las
instituciones, que perciben un
sistema fiscal que los persigue,
acosa y empobre ¿Pero que
soluciones y perspectivas
existen? Los Técnicos apuntan
que para revertir esta situación
es necesario aliviar la carga
sobre las rentas del trabajo,
impulsar el empleo de calidad,
hacer una política de vivienda
coherente y realista y
fortalecer el estado del
bienestar, orientado a
garantizar el poder adquisitivo,
elevando las pensiones mínimas y
garantizando el empleo estable
con salarios dignos que estén
acordes con el coste de la vida.
España necesita una revisión
profunda de su modelo económico.
No bastan los parches ni los
discursos triunfalistas.
Se requiere una
reforma fiscal más justa,
que alivie a quienes menos
tienen y exija más a quienes más
pueden. Se necesita un
mercado laboral que premie la
estabilidad y la productividad,
no la temporalidad y la
precariedad. Y se necesita,
sobre todo, una
política de vivienda valiente,
que devuelva a los ciudadanos el
derecho a un techo sin hipotecar
la vida. Porque un país que
obliga a sus jóvenes a vivir al
margen, a sus mayores a contar
monedas y a sus trabajadores a
ocultar su esfuerzo no es un
país próspero: es un país
agotado.
Ya
es hora de llamar a las cosas
por su nombre. Lo que hay en
España no es “ajuste” ni
“moderación salarial”: es
explotación moderna. Y
mientras sigamos normalizando
que un joven con dos trabajos no
pueda pagar un piso, o que un
jubilado tenga que elegir entre
calefacción o comida, seguiremos
siendo cómplices de este modelo
que solo beneficia a unos pocos.
Hace
falta una política valiente que
devuelva a la gente lo que es
suyo: el derecho a vivir con
dignidad
Miércoles 12 de
Noviembre
El lado oscuro
del altar: la Iglesia, la oscuridad y su imperio de silencio
y miedo
A raiz de la publicación de la imputación del Obispo de
Cádiz en un nuevo caso de pederastia, surge de nuevo el
cuestionamiento del papel de la iglesia y la religión a
lo largo de la historia.
Por siglos, la Iglesia Católica ha cultivado una imagen
de virtud, compasión y guía moral. Pero bajo ese manto
sagrado se esconde una historia paralela: una red de
poder, abusos y encubrimientos que ha operado impune
durante generaciones. Un imperio que, bajo el signo de
la cruz, ha amasado riquezas, protegido criminales y
manipulado conciencias en nombre de la fe.
Y durante siglos se ha erigido como
guardiana de la moral, guía espiritual de los pueblos y
representante de Dios en la Tierra.
Sin embargo, bajo el
brillo dorado de sus altares y la solemnidad de sus
cánticos, se oculta una historia tejida con abusos,
sangre, poder y silencio. Una historia que no se enseña
en los catecismos, pero que ha marcado el destino de la
humanidad.
Desde sus orígenes, el cristianismo institucionalizado
fue mucho más que una doctrina de fe: fue un proyecto
político para someter a las masas.
Cuando el Imperio Romano abrazó la cruz, lo
hizo no por convicción, sino por conveniencia. Y así
nació una estructura que, en nombre de una historia (la
de Cristo), edificó
un poder terrenal que pronto rivalizaría con reyes y
emperadores. La Iglesia no tardó en convertirse en el
poder detrás del poder, dictando leyes, coronando
monarcas y justificando guerras.
Pero lo más oscuro no fue su ambición, sino su capacidad
para convertir el miedo en dogma. El infierno se volvió
herramienta de control, la culpa una forma de
dominación. Quien pensaba diferente era hereje; quien
dudaba, enemigo de Dios. Así se erigió la Inquisición,
la maquinaria más despiadada que haya operado en nombre
de la fe. Torturas, hogueras y confiscaciones fueron el
precio de la “pureza espiritual”.
Mientras tanto, los altos prelados vivían entre el lujo
y la lujuria. Los archivos vaticanos (que aún guardan
muchos secretos insondables) dan cuenta de papas que fueron
guerreros, libertinos, banqueros o déspotas. En los
palacios pontificios, la carne venció más de una vez al
espíritu. Los banquetes, los concubinos y las intrigas
palaciegas fueron la norma en siglos donde el pueblo,
hambriento y analfabeto, era llamado a entregar su
diezmo “para mayor gloria de Dios”.
Y cuando el mundo moderno comenzó a iluminarse con la
razón, la Iglesia no bendijo el progreso, sino que lo
combatió. Galileo fue condenado, las ciencias
sospechadas, la libertad de pensamiento perseguida. El
poder no se rinde fácilmente, y el Vaticano lo sabía.
En tiempos recientes, el velo del silencio se ha rasgado
para mostrar otra herida indeleble: los innumerables
casos de pederastia clerical.
Miles de víctimas, durante
décadas, fueron silenciadas, trasladadas o ignoradas
mientras la jerarquía se dedicaba a proteger al abusador
antes que al inocente. La “santa madre Iglesia” prefirió
lavar sus trapos sucios en casa antes que enfrentar la
justicia terrenal. Y así, el pecado se convirtió en
rutina, y el perdón en encubrimiento.
A pesar de todo, ¿Como es psoible que esta institución sigue en pie?. Su poder
económico es colosal; sus propiedades y su influencia
política, inmensas. Los mismos dogmas que sirvieron para
someter a generaciones aún sobreviven, aunque ya no
logren infundir el mismo miedo. Pero el edificio no
es eterno y hace años que se
resquebraja poco a poco: la fe ciega se desvanece ante la evidencia,
y el rebaño, cansado de pastores hipócritas, empieza a
buscar su propia luz.
La Iglesia, como poder terrenal, ha sobrevivido no por
su santidad, sino por su astucia, su alianza con los
poderosos y las dictaduras mas crueles. Supo mutar, adaptarse,
disfrazarse de humildad cuando la indignación popular
tocaba sus puertas. Pero los siglos de abuso y mentira
no se borran con un mea culpa.
La fe, como experiencia personal, puede ser fuente de
consuelo y grandeza (la ilusión en algo ficticio
consuela).
Pero la fe convertida en negocio,
en instrumento de control, en justificación del horror,
es la más grande de las blasfemias.
Y esa blasfemia no la cometió el pueblo: la cometió la
Iglesia.
Desde el momento en que la Iglesia se alió con el poder
imperial, su misión espiritual se entrelazó con la
ambición política. Lo que nació como un movimiento de
humildes pescadores se convirtió en una estructura
jerárquica que dictaba leyes, coronaba reyes y
justificaba conquistas.
El Evangelio fue desplazado por la estrategia, y el
mensaje de amor dio paso al miedo como herramienta de
control. La amenaza del infierno sirvió durante siglos
para someter a pueblos enteros, mientras el “pecado” se
convertía en moneda de cambio para el perdón.
La Inquisición fue la expresión más brutal de ese
sistema. Miles de hombres y mujeres fueron torturados,
despojados de sus bienes y ejecutados en nombre de la
ortodoxia. La Iglesia no solo bendijo la violencia: la
administró, la legitimó y la convirtió en espectáculo de
fe.
Y destaca el lujo de los
santos y la miseria de los fieles
Mientras el pueblo rezaba en iglesias frías y vacías,
las altas jerarquías eclesiásticas se rodeaban de lujo.
Los palacios papales competían en fastuosidad con los de
los reyes. Hubo pontífices guerreros, papas libertinos y
cardenales banqueros.
Los archivos históricos del Vaticano y las crónicas de
la época registran orgías, nepotismo, asesinatos y
fortunas amasadas mediante indulgencias y diezmos.
Mientras tanto, los fieles, sometidos por la culpa y la
ignorancia, ofrecían sus últimas monedas para comprar un
pedazo de cielo.
La Iglesia acumuló así un patrimonio incalculable,
sostenido sobre la pobreza de quienes creían que su
sufrimiento era la voluntad de Dios.
Pero algo
horrendo y siniestro vive el lo mas profundo, es el crimen
detrás de los muros sagrados
La verdadera herida, la más profunda y reciente, es
la de la pederastia clerical. En cada continente, miles
de víctimas han denunciado abusos sexuales cometidos por
sacerdotes. Y en la mayoría de los casos, la institución
actuó no para proteger a los niños, sino a sus
agresores.
Los documentos judiciales y las investigaciones
periodísticas revelan un patrón repetido: traslado de
curas abusadores, destrucción de pruebas, chantajes a
las familias y un silencio impuesto por el miedo y la
vergüenza.
Durante décadas, el Vaticano y las conferencias
episcopales priorizaron la “reputación de la Iglesia”
sobre la justicia. Ese encubrimiento sistemático no fue
un error, sino una política interna de autoprotección. Y
mientras las víctimas luchaban por ser escuchadas, los
responsables ascendían en la jerarquía eclesiástica. Y
para disimular su pompa y su decadencia se invento el
negocio de la salvación, mediante el pecunio de los
fieles y la donación de las grandes fortunas,
convirtiéndola en
uno de los mayores
propietarios de bienes inmuebles del planeta, con
inversiones en banca, medios de comunicación y hasta en
industrias armamentísticas. Sus fundaciones y paraísos
fiscales esconden cifras millonarias, mientras continúa
predicando pobreza y sacrificio.
La fe, convertida en industria, es el mejor negocio
jamás concebido: no paga impuestos, no rinde cuentas y
se alimenta del miedo y la esperanza, con una crisis
institucional que les priva no solo de moral y
autenticidad, sino de la mas mínima credibilidad
Las nuevas generaciones, menos dispuestas a aceptar
dogmas y silencios, comienzan a mirar con escepticismo a
una institución que se presenta como moralmente
superior, pero que durante siglos fue cómplice del
poder, de dictadores, de guerras y de abusos.
El edificio aún se mantiene en pie, sostenido por
tradiciones y por la inercia cultural de millones de
creyentes fanáticos, ignorantes, cómodos, ciegos o
interesados. Pero su autoridad moral está en
ruinas.
Porque no hay redención posible sin verdad, y no hay fe
legítima cuando se construye sobre el miedo, la mentira,
la tortura, el abuso
y el sufrimiento ajeno.
Martes 11 de Noviembre
La “máquina de voto cautivo” del
socialismo.
Desde la llegada a la Moncloa
en 2018 del ejecutivo socialista, el crecimiento de los subsidios y
empleados públicos(altos cargos, consjeros y asesores) ha aumentado en 1.
500.000. Este fenómeno, parece ser una jugada política cuidadosamente
orquestada, una “máquina de voto cautivo” que refuerza su base de apoyo a
través de los subsidios, las ayudas sociales y, por supuesto, el empleo en
el sector público. Es difícil no ver en este fenómeno una estrategia de
consolidación del poder político: más funcionarios y subsidiados significan
más dependientes del gobierno, y más dependientes del gobierno pueden
traducirse en más votos para el PSOE.
En la era del sanchismo, se
ha instaurado una cultura de “paguitas” que, aunque puedan ser necesarias en
situaciones puntuales, han creado una dependencia creciente entre ciertos
sectores de la población. En lugar de apostar por la autonomía económica, el
emprendimiento y la creación de empleo privado, el gobierno de Sánchez ha
preferido mantener a una parte significativa de la población en una
situación de dependencia económica. El argumento detrás de estas políticas
es, supuestamente, aliviar la pobreza. Sin embargo, el impacto real parece
ser el contrario: al mantener a grandes grupos de ciudadanos en una
situación de precariedad, el gobierno asegura que su base electoral siga
dependiendo de las políticas públicas y, por lo tanto, siga votando por
aquellos que las otorgan.
Esta estrategia, aunque
efectiva a corto plazo, erosiona la capacidad de los ciudadanos para salir
de la pobreza por sí mismos, creando una “trampa de pobreza” que beneficia
al mismo tiempo a quienes se encuentran en el poder. No podemos pasar por
alto otro aspecto que ha sido clave en la estrategia electoral de Sánchez:
la nacionalización masiva de inmigrantes.
Desde su llegada a la
presidencia, más de un millón de inmigrantes han obtenido la nacionalidad
española, lo que les otorga acceso a una serie de derechos, incluidos los
subsidios y ayudas sociales. Este movimiento, por supuesto, tiene un claro
componente político, ya que muchos de estos nuevos ciudadanos se convierten
en votantes potenciales del Partido Socialista. De nuevo, se configura un
sistema que premia la dependencia y la falta de autonomía económica, creando
una base electoral cautiva que, si bien puede tener razones legítimas para
votar, también está vinculada a una estructura de poder que depende de su
apoyo.
Este no es un camino hacia un
futuro próspero ni dinámico, sino el de un país que, lentamente, se
convierte en un Estado paternalista, donde la dependencia del gobierno es lo
que asegura el voto, pero también lo que perpetúa la pobreza y la falta de
oportunidades reales.
Si España no reacciona
pronto, nos encontraremos con un país de funcionarios y subsidiados, donde
el emprendimiento y la iniciativa privada ya no sean el motor de la
economía, sino un lastre que dañara el progreso de las clases medias y
la sostenibilidad de las pensiones.
Lunes 10 de Noviembre
La vergüenza de
una casta sin pudor
Cada día me resulta más insoportable ver la hipocresía, el
cinismo y la burla con la que algunos políticos actúan,
sean de una ideología u otra, de un partido o el
contrario.
Es indignante comprobar cómo manipulan la verdad a su
antojo: lo que ayer era blanco, hoy lo pintan de negro,
y lo que era negro, mañana lo blanquean sin rubor
alguno. No hay coherencia ni principios, solo interés.
Un interés partidista, personal, egoísta, disfrazado de
promesas y buenas intenciones. Lo único que
parece moverles es conservar su sillón, su sueldo y los
privilegios que conlleva ese “carguito” que tanto
defienden.
Mientras la gente se esfuerza por llegar a fin de mes,
ellos siguen viviendo a costa del esfuerzo ajeno,
colocando a los suyos, beneficiando a amigos y
familiares, y construyendo una red de favores donde lo
que menos cuenta es el mérito. Y lo hacen con una
sonrisa, con discursos llenos de palabras vacías que ya
no engañan a nadie. Su demagogia es tan repugnante que
se les ve venir desde lejos: hablan de justicia mientras
se aprovechan de las leyes, hablan de pueblo mientras
viven alejados de él, hablan de transparencia mientras
actúan entre sombras.
Lo más triste es que han perdido toda empatía, toda
credibilidad.
Su brújula moral no apunta al bien común, sino al
beneficio propio, al ascenso dentro del partido o a mantener la poltrona que
tan cómodamente ocupan. Su forma de actuar revela un interés constante por
asegurarse privilegios, por colocar a los suyos y por perpetuar una
estructura de poder basada en el enchufe y la conveniencia, mientras se
llenan la boca con palabras como "democracia, servicio público o compromiso
social".
Siempre con un discurso impostado, una sonrisa
ensayada y unas promesas que una vez consolidado el cargo, se desvanecen en
el aire. Y en ese proceso, la confianza de los ciudadanos en las
instituciones públicas y sus representantes se erosiona día a día, dejando
tras de si un paisaje político cada día mas desprestigiado, menos creíble
pero mas sombrío y esperpéntico. Ya no representan a la gente, se
representan a sí mismos. Se han convertido en una casta
cerrada, insensible, que se protege a costa de los
demás.
Y lo peor es que muchos lo aceptan como si fuera
lo normal, como si no hubiera otra forma de hacer
política.
Domingo 9 de Noviembre
Gobernar sin gobernar: la gran
estafa política
Hay una pregunta
que cada vez se escucha con más fuerza en las calles, en los cafés, en las
redes y en cualquier sobremesa donde el hartazgo ha sustituido al interés:
¿qué sentido tiene seguir en el
poder cuando no se gobierna?
La ciudadanía
observa cómo las sesiones parlamentarias se estancan, cómo las promesas se
desvanecen y cómo las prioridades se reducen a conservar el sillón antes que
a mejorar vidas. Nadie votó para esto. Nadie pidió un país atrapado en el
cálculo político permanente, en la estrategia del día siguiente, en el
postureo que sustituye a la gestión.
Hay algo profundamente obsceno en la
situación política actual:
un presidente dispuesto a aferrarse al
poder aunque el país se hunda en la
parálisis. Cuando el Ejecutivo
mantiene un Gobierno que no gobierna,
que no legisla, que no avanza… pero que
se aferra a La Moncloa como si fuera su
propiedad privada, esta
desvirtuando la Democracia y
convirtiéndola en una Autocracia, cuando
no en una Dictadura. Su objetivo ya no
es transformar España ni servir a los
ciudadanos. Su único fin es
seguir sentado en la poltrona.
Y para ello cuenta con unos socios que
han decidido convertirse en
cómplices de una degradación democrática.
No apoyan un proyecto, no impulsan
reformas,
solo sostienen un poder vacío a
cambio de sus sillones, sus cuotas, sus
favores y sus privilegios.
Cada votación es un
chantaje; cada nombramiento, una moneda de cambio; cada institución tomada,
una conquista partidista más. Porque aquí está el verdadero drama:
se está utilizando al Estado como botín:
Puestos creados a medida,
enchufes a dedo sin pudor alguno,
ascensos y nombramientos
como pago por lealtades, bloqueo
constante del Parlamento cuando no les interesa. ¿Y el país?
Esperando, atascado y pagando la fiesta de la casta política. La ciudadanía
soporta una mezcla de indignación,
cansancio y repugnancia al ver cómo quienes deberían garantizar el
bienestar colectivo, están únicamente concentrados en
garantizarse a sí mismos.
La política se ha
convertido en una tragicomedia donde el guión es siempre el mismo:
primero el sillón, después el
sillón, y si queda tiempo… el sillón. El Jefe del Gobierno y
sus socios no pueden sacar
adelante las leyes que España necesita, no pueden dialogar sin
imponer, no pueden pactar sin mercadear. Siguen, simplemente, para que nada
cambie en su estatus personal. ¿Para qué sirve un gobierno que no gobierna?
¿Para qué sirve una mayoría que solo suma para bloquear? ¿Para qué sirve
conservar el poder… si se renuncia a ejercerlo por el bien de la nación?
Esta situación es una burla a la democracia, a los españoles y a España.
Una decepción
monumental para quienes aún creían en la política. Una
vergüenza histórica que
pasará factura. Porque cuando los
gobernantes dejan de servir al pueblo y pasan a servirse de él, lo
que se degrada no es solo el poder,
se degrada el país entero ...
Los socios que
sostienen este equilibrio artificial no son meros espectadores. Son
cómplices de un estado
de parálisis que solo beneficia a quienes ostentan el poder y
perjudica al conjunto de los
ciudadanos. Su motivación tampoco escapa al escrutinio: sus
poltronas, sus despachos, sus cuotas, sus privilegios. En definitiva: su
interés particular.
La política
española parece haber perdido el horizonte. Y cuando el mandato público ya
no se traduce en mejoras, cuando la gestión se reduce al mantenimiento del
estatus, el poder deja de
servir a la ciudadanía y pasa a servirse de ella.
Mientras tanto,
semana tras semana, asistimos al mismo espectáculo:
Instituciones colonizadas,
convertidas en moneda de cambio.
Cargos repartidos no para servir, sino para asegurar
fidelidades. Nombramientos y
ascensos más ligados al carnet o la conveniencia que al mérito.
Legislación bloqueada,
frenando reformas que sí importan a la gente común.
Y en ese inmovilismo, la indignación
crece. Porque la dignidad democrática
también se resiente cuando los
representantes parecen olvidar que están ahí
para trabajar por el país, no
para garantizarse futuro y favores.
¿Qué nos queda
entonces? La indignación, y también la voz.
Porque la democracia no puede resignarse a ser un teatro de sillones. Porque
seguir en el poder sin
gobernar es una burla. Porque los ciudadanos
merecemos algo mejor.
Sábado 8 de Noviembre
España: un país de
esfuerzo secuestrado por una élite del privilegio
La pobreza no aumenta
porque su gente sea vaga, incapaz o poco ambiciosa. Todo lo contrario: este
país está levantado, día tras día, por millones de trabajadores que
encadenan contratos precarios, madrugan para coger trenes abarrotados, pagan
impuestos desorbitados y aún así llegan a final de mes contando céntimos.
España se desangra porque quienes tienen en sus manos la capacidad de
mejorarla han decidido convertir el Estado en su cajero automático personal.
Es una obscenidad
democrática que mientras el salario medio no llega a los 1.500 euros, cargos
públicos de distinto nivel se llenan los bolsillos con retribuciones
alejadas de toda realidad social. Diputados que pueden alcanzar los 20.000
euros al mes, alcaldes que superan los 120.000 euros anuales y eurodiputados
que rozan cifras de escándalo, más de 200.000 euros al año. Todo ello
acompañado de dietas, privilegios y una red de prebendas que harían sonrojar
al mejor pagado de los ejecutivos privados.
¿Y el ciudadano? El
ciudadano paga. Paga impuestos, paga alquiler, paga luz, gas, gasolina,
comida… Paga la incompetencia de quienes gobiernan y el lujo de quienes
legislan. Paga para sostener un sistema que le da cada vez menos a cambio de
más.
Nos hablan de
ejemplaridad, pero viven en otro planeta: coches oficiales, asesores a dedo,
viajes, pensiones privilegiadas… Nos piden austeridad mientras ellos se
sirven del poder como si fuera un patrimonio hereditario. Y lo peor: se
miran al espejo cada mañana convencidos de que se lo merecen.
España se ha convertido
en un país donde las brechas sociales no son solo cifras: son muros. Por un
lado, una élite política que derrocha y se protege mutuamente. Por el otro,
una mayoría que sobrevive. Un país donde el ascensor social está averiado,
pero el ascensor institucional sube y baja a toda velocidad para los de
siempre.
La pobreza ya no es un
daño colateral: es un escenario permitido y administrado. Mientras unos
acumulan privilegios, otros sostienen el país con jornadas interminables y
sueldos que no garantizan una vida digna. Y aun así, se nos pide confiar,
tragar y seguir votando con resignación.
No es radical decirlo:
es cívico. La democracia no se mide solo en urnas, sino en justicia, en
equidad, en dignidad. Y cuando el sistema premia el abuso y castiga el
esfuerzo, ya no hablamos de democracia: hablamos de un estado capturado.
Porque la pregunta ya
no es por qué estamos así. La verdadera pregunta es hasta cuándo vamos a
tolerarlo.
Viernes 7 de Noviembre
El gran chollo de la política en
España: como vivir del ciudadano sin despeinarse
En España, hemos convertido la política en un
refugio de oro para quienes buscan un modo de vida
cómodo, blindado y a menudo totalmente desconectado
del servicio público. Mientras la ciudadanía se
parte el lomo para pagar impuestos, hipotecas y
llenar la nevera en un país con salarios mediocres y
precios disparados, existe una élite política a la
que se le sigue engordando el bolsillo… y la cara
dura. En este país tenemos miles y miles de cargos
públicos, entre representantes electos y asesores
de procedencia
mágicamente misteriosa,
que
cobran puntualmente su salario (muchas veces
obsceno) sin que nadie les exija resultados,
objetivos, ni mucho menos eficiencia.
Estamos hablando de diputados, consejeros, alcaldes,
eurodiputados y una lista interminable de personas que hacen del erario
público su modo de vida. La política en España se ha transformado en una
carrera profesional extraordinaria… para quienes logran sentarse en la
silla. Sueldos que superan varias veces el salario medio de los mejor
situados del país, dietas pagadas, coches oficiales, jubilaciones
privilegiadas, indemnizaciones por “cese del cargo”… y cero riesgo laboral.
Un trabajo donde, aunque lo hagas mal, sigues cobrando.
Y aunque lo hagas desastrosamente, también. Y
así nos va. Cada año vemos cómo las instituciones se convierten en agencias
de colocación para el partido de turno. Ser político aquí rara vez es un
acto de vocación; es un negocio. Un privilegio hereditario del que nadie
quiere bajarse porque, cuando el dinero no es tuyo, gastar es facilísimo.
Cuando el precio del derroche lo paga el ciudadano, el dispendio se vuelve
deporte.
Mientras tanto, millones de trabajadores
necesitan
tres décadas
y media
para ganarse una pensión que, con suerte, les llegará para sobrevivir. Pero
los que mandan, los que aprueban esas mismas pensiones insuficientes, no
tendrán jamás ese problema. Ellos ya se encargaron de legislar a su favor.
¿Democracia? ¿Estado social? A veces cuesta mucho verlos entre tanta
desfachatez. Da la sensación de que lo que tenemos es una casta política que
vive en un país distinto al nuestro, donde la vida es fácil porque la
pagamos todos los demás.
Y aún tienen el valor de hablarnos de sacrificios y
esfuerzos comunes. La realidad es tozuda:
la política en España se ha
convertido en el chollo laboral más grande jamás diseñado en este país,
y si no se corta de raíz el abuso, la desconexión y la falta de controles,
seguiremos financiando, voto tras voto, el lujo y la impunidad de quienes
deberían estar al servicio del ciudadano y no al revés.
Porque la democracia no se destruye con golpes de
Estado, sino con privilegios blindados, con la resignación del pueblo… y con
la desvergüenza de los que viven como sátrapas a costa de todos nosotros.
Hay que cambiar el chip o el sistema se enquistará para pudrirse cada día
mas.
Jueves 6 de Noviembre
La resistencia numantina de Sánchez
mientras España continúa en el limbo
España vive, de nuevo, en un territorio conocido:
una Moncloa ocupada, pero un poder ejecutivo
prácticamente inmovilizado. Pedro Sánchez permanece
al frente del Gobierno pese a que sus apoyos
parlamentarios se deshilachan. Junts ha retirado la
confianza y advierte que no respaldará ninguna ley
que salga del Consejo de Ministros. Entonces, ¿por
qué resistir cuando el margen para gobernar y
legislar parece agotado? La respuesta puede ser tan
política como personal.
Desde la óptica del poder, la
capacidad de decidir la fecha de unas elecciones es una herramienta
decisiva. Mantenerse en Moncloa permite ganar tiempo, buscar nuevos
equilibrios parlamentarios e intentar revertir una situación adversa. Desde
la óptica judicial, el futuro inmediato tampoco es prometedor:
investigaciones que rodean al entorno del presidente suponen un desgaste
evidente de cara a unas elecciones anticipadas. Dimitir o convocar comicios
ahora implicaría acudir a las urnas con un lastre político y mediático aún
sin resolver.
Pero el país no espera. Ni
puede permitirse hacerlo. Una legislatura paralizada es una legislatura
perdida: no se actualizan leyes, no se implementan reformas urgentes, y la
Administración se convierte en un barco sin rumbo. Todo esto sucede, además,
en un contexto europeo que no admite inacción. Bruselas observa con lupa el
cumplimiento de las exigencias que permiten desbloquear fondos cruciales
para la recuperación y modernización económica. Si España no legisla, si no
ejecuta, esos recursos pueden congelarse o retrasarse. Y los ciudadanos ya
están pagando un precio demasiado alto. Mientras tanto, la política se ha
convertido en una guerra de posiciones.
Los partidos no discuten
sobre los problemas que afectan al ciudadano (la presión fiscal creciente,
la pérdida de poder adquisitivo, la falta de vivienda, la crisis
institucional), sino sobre quién paga el coste de la parálisis. Y en ese
juego, todos pierden… menos quien mantiene la silla.
España necesita un cambio
profundo en el modo de gobernar: menos políticos obsesionados por su
continuidad y más técnicos capaces de gestionar con rigor. El país requiere
reformas que mejoren la vida de la gente, no más peleas para retener el
control de los aparatos del Estado. La política debería ser un servicio, no
una supervivencia. Sánchez puede aguantar semanas, meses quizá. Pero
aguantar no es gobernar. Resistir no es liderar.
Y España (que arrastra retos
enormes) deuda, déficit, inflación, no puede seguir atrapada en un
limbo político por la única razón de que quien tiene el poder se resiste a
soltarlo. Porque cuando un Gobierno deja de servir a la ciudadanía, la silla
de Moncloa deja de ser un puesto institucional para convertirse en un
símbolo de decadencia e instrumentalización partidista y personal.
Y eso señores ni es
política, ni es Democracia, ni es progreso.
Miércoles 5 de Noviembre
Junts y la política del chantaje:
U n
juego que que se transforma en sainete, y
cuya representación teatral ya aburre
Junts
sigue con el chantaje infinito: política de amagos y
desengaños. Y
una vez más, se planta ante el Gobierno
como si fuera parte de un ritual político ya
tedioso,
con la misma cantinela de siempre:
“No aprobaremos ningún real decreto ni los
presupuestos hasta que Sánchez nos dé lo que
pedimos”.
ó "La legislatura queda bloqueada solo hasta que nos
den lo nuestro".
Un mantra repetido hasta la saciedad, que ya
no sorprende a nadie… salvo quizá a quienes creen
que esta estrategia aún tiene algo de novedosa o
útil para los planes de Puigdemon.
Porque no
hablamos de una negociación legítima para mejorar la
financiación de Cataluña o impulsar infraestructuras
clave. No. Estamos ante una táctica repetida:
primero la amenaza, luego la tensión… y finalmente
el acuerdo cuando ya han conseguido lo suyo.
En el tablero político español, Junts ha encontrado
en el chantaje su herramienta preferida. A falta de
capacidad para liderar propuestas constructivas,
convierte su fuerza parlamentaria en un permanente
ultimátum. No se trata de mejorar la vida de los
catalanes ni de avanzar en soluciones reales: se
trata de arrancar concesiones, presionar al máximo
y, una vez conseguido el botín político, volver a
convertirse en socio indispensable del Gobierno.
Hasta la siguiente amenaza.
El problema es que esta dinámica ya no engaña a
nadie. Su electorado (ese mismo al que
prometieron independencia, prosperidad y liderazgo)
contempla ahora un partido que se ha encallado en la
negociación perpetua. Un partido que no avanza hacia
la Cataluña que dice defender, sino que parece
haberse instalado cómodamente en un “toma y daca”
sin horizonte ni ambición más allá del regate corto
en Madrid. ¿Y los ciudadanos? Convertidos en meros
accesorios de esta estrategia: utilizados como
excusa, ignorados en sus necesidades reales. Junts
actúa como si los españoles, catalanes incluidos,
fuéramos simples espectadores ingenuos incapaces de
ver lo evidente: tras cada amenaza de ruptura, tras
cada gesto teatral de rebeldía, llega el acuerdo en
despachos cerrados y la vuelta al pacto de
conveniencia. Porque mientras Sánchez sea la vaca
que se puede seguir ordeñando, no habrá ruptura
real.
Mucho ruido, muchos titulares… y al final, lo mismo
de siempre. El resultado es una política convertida
en espectáculo y una representación que ya roza el
ridículo. Una puesta en escena que pretende exhibir
fuerza pero que solo transmite desgaste, frustración
y un profundo desinterés por los ciudadanos a los
que se dice servir. Junts puede seguir intentando
vender su papel de paladín indomable frente al
Gobierno central. Pero cada vez son más quienes
perciben la verdad: no hay épica, no hay proyecto,
no hay valentía. Hay simplemente una estrategia
agotada basada en la presión constante y el chantaje
infinito.
Y al final, la pregunta se impone sola:
¿Cuánto
tiempo más va a aguantar su electorado esta comedia?
Porque la política de chantaje es un juego que hasta
ahora solo ha perjudicado a todos: españoles y
catalanes.
Y, mientras tanto, los problemas de fondo siguen
ahí: sanidad saturada, vivienda inasequible,
educación tensionada, jóvenes que se marchan, con
una deuda pública que en proporción duplica a la del
resto de España.
Martes 4 de Noviembre
Sobre
la consulta pública
respecto a la futura regulación de limpieza de solares al objeto de prevenir
incendios
La amenaza de los incendios ya no es un
riesgo estacional ni lejano. Es una realidad
que golpea con fuerza a municipios de toda
España, especialmente a aquellos situados en
entornos forestales. En este contexto, la
reciente consulta pública abierta por el
Ayuntamiento para regular la limpieza de
solares y huertos urbanos constituye un paso
necesario y esperado por gran parte de la
ciudadanía.
Quiero reconocer en primer lugar la iniciativa
del Ayuntamiento por considerar de urgencia y de
absoluta necesidad la opción de regular una
normativa al objeto de adoptar medidas firmes y
eficaces en materia de prevención de incendios en
nuestro municipio. Y con tal motivo aportar mi
granito de arena. La iniciativa municipal para
regular la limpieza de solares y huertos es
positiva, pero resulta innegable que llega con
retraso.
La ciudadanía viene
reclamando esta actuación desde hace años, mucho antes de que los
devastadores incendios que afectaron al noroeste de España evidenciaran la
gravedad de la situación. No actuar con diligencia en un territorio
especialmente vulnerable es, a estas alturas, sería una dejadez que ya no
admite más demoras.
Existen en el casco
urbano numerosos solares privados llenos de maleza y sin mantenimiento,
muchos de ellos colindantes con viviendas habitadas y otras vacias de
personas que residen en la ciudad. Estos solares constituyen un foco de
riesgo extremo: vegetación seca, acumulación de residuos y una cercanía
peligrosa a los hogares de los vecinos. La experiencia reciente demuestra
que un incendio puede iniciarse y propagarse en cuestión de minutos,
poniendo en peligro vidas humanas y bienes materiales. Igualmente
preocupante es el cinturón de matorral y hierba seca que rodea el pueblo en
la zona de los pinares. Este perímetro (como anillo inflamable) es una
amenaza constante y latente.
Si el fuego
penetrara desde el monte hacia las primeras viviendas, la capacidad de
reacción sería mínima sin medidas preventivas adecuadas. Por todo ello,
desde mi punto de vista considero imprescindible y urgente que la normativa
que se apruebe incluya, como mínimo, las siguientes actuaciones con carácter
punitivo en caso de negativa:
1.-
Obligatoriedad de limpieza de solares urbanos con seguimiento y
régimen sancionador efectivo para los incumplimientos.
2.- Desbroce preventivo perimetral
en torno al casco urbano con una distancia mínima de seguridad de
100 metros desde las
primeras casas.
3.-
Instalación de bocas de riego o hidrantes en las zonas de mayor
riesgo, para facilitar una rápida intervención en caso de emergencia.
4.-
Plan anual de inspección y mantenimiento, no solo acciones
puntuales motivadas por el verano o la alarma social.
5.-
Colaboración efectiva con propietarios, pero con intervención
subsidiaria municipal cuando estos no actúen.
Y por último, la
prevención no puede reducirse a declaraciones de intención; debe traducirse
en medidas reales y continuadas en el tiempo. No se trata únicamente de
proteger el espacio urbano, sino de defender la vida, la seguridad y el
patrimonio natural y cultural de Arrabalde.
La verdadera
pregunta es simple:
¿Queremos
esperar a que el fuego decida por nosotros? ¿O vamos a anticiparnos para proteger nuestra vida, nuestra seguridad y
nuestro patrimonio natural y cultural?
El momento de actuar
es ahora. Lo contrario sería asumir un
riesgo que nuestro municipio ya no puede permitirse.
Miércoles 29 de Octubre
Crecer hacia arriba sin mirar abajo
Los titulares celebran
cifras históricas de empleo. La economía avanza, el PIB crece, la inversión
se dispara. Sin embargo, tras esos números que llenan ruedas de prensa y
campañas políticas, hay una realidad incómoda: la pobreza crónica sigue
aumentando. Un país que crece verticalmente, pero que no reparte los frutos
de ese crecimiento, no puede llamarse ni solidario ni equitativo. Porque de
poco sirve presumir de récords económicos si millones de personas siguen
atrapadas en el mismo círculo (un círculo que da vueltas, pero nunca avanza)
y siempre se cierra con los mismos, los mas pobres.
Hoy, tener un trabajo ya
no garantiza una vida digna. Quienes reciben un salario cada mes no logran
cubrir lo básico: pagar un alquiler imposible, llenar una cesta de la compra
que parece encarecerse sola, afrontar gastos tan cotidianos como la luz o el
transporte. ¿Cómo se puede hablar de “recuperación” cuando la mitad de las
familias tienen que elegir entre comer o calentar la casa? Tampoco la
jubilación es un refugio. Las pensiones, lejos de proteger esa etapa de
descanso merecido, se convierten en una carrera de fondo contra la
inflación. Muchos mayores, tras una vida de esfuerzo, descubren que han
quedado fuera del mismo bienestar que ayudaron a construir.
Y si la pobreza golpea,
lo hace con especial crueldad a quienes menos pueden defenderse: los jóvenes
y la infancia. Un paro juvenil que sigue siendo escandaloso y una pobreza
infantil que debería avergonzarnos como sociedad. ¿Qué futuro puede aspirar
a tener un país que abandona a quienes deben garantizar justamente ese
futuro? El progreso no puede medirse solo en gráficos que suben.
El desarrollo real se
mide en dignidad, en igualdad de oportunidades, en la tranquilidad de saber
que llegar a fin de mes no es una proeza. Se mide en reducir la brecha, no
en maquillarla. No se trata de negar los avances económicos. Se trata de
exigir que se traduzcan en vidas mejores para todos. Porque un país que
crece sin mirar abajo corre el riesgo de que su base se quiebre, de que la
desigualdad termine por erosionar la convivencia y la confianza en el propio
sistema.
Crecer está bien.
Crecer repartiendo es imprescindible.
Martes 28 de Octubre
El sainete de
Puigdemont y Junts que solo causa la risa y genera el descrédito total
El relato épico de
resistencia que Junts intenta mantener ya no se corresponde con sus
acciones. Su política se ha convertido en un ejercicio táctico sin
horizonte, basado en gestos y advertencias que han perdido eficacia. La
erosión de credibilidad no viene de ataques externos; es producto de sus
propias decisiones. Junts per Catalunya, con Carles Puigdemont al frente,
lleva demasiado tiempo instalado en una dinámica política basada en amenazas
que nunca se cumplen. Anuncian rupturas con el Gobierno del PSOE, lanzan
ultimátum y exhiben un supuesto tono de firmeza frente a Pedro Sánchez, pero
cada gesto teatral acaba diluido en nuevas negociaciones para obtener más
concesiones. Pero evitan pedir elecciones o defender una moción de
censura. Sus aspiraciones están claras y ya no engañan a nadie, solo
provocan risa y desprecio, sobre todo del gobierno de Sánchez.
Negociar es
legítimo, pero disfrazarlo de épica y resistencia es una incoherencia que ha
erosionado su credibilidad. Cuando un actor político repite advertencias sin
asumir consecuencias, la amenaza pierde efecto y deja de intimidar. Hoy,
buena parte de la ciudadanía percibe que Junts no defiende un proyecto claro
ni un rumbo definido para Cataluña, sino un mercadeo constante para arrancar
beneficios políticos. Ese desgaste abre espacio a nuevas fuerzas que atraen
al votante desencantado, precisamente porque ya no creen en los discursos de
firmeza sin hechos. Puigdemont debe decidir si está dispuesto a asumir
costes reales para sostener lo que proclama o si seguirá atrapado en una
estrategia que ya no convence ni moviliza.
En política,
cuando la palabra pierde valor, lo siguiente que se pierde es apoyo social y
votos, porque ese ejercicio de hipocresía de Puigdemon ya no intimida a
nadie y sobre todo ya no ilusiona a nadie. Junts asumió el coste politico de
jugar con un sainete y ha perdido. RIP
Sábado 25 de Octubre
Idiosincrasia rural
El daño de
las habladurías y chismes en las tertulias de los pueblos
Las habladurías en un pueblo suelen ser parte de la vida
cotidiana y pueden reflejar la cultura y las dinámicas sociales de la
comunidad. A menudo, estas charlas informales pueden girar en torno a
eventos recientes, rumores sobre personas, o incluso anécdotas del pasado,
y aunque a veces pueden ser inofensivas, las habladurías también pueden
tener un impacto negativo, como malentendidos o conflictos entre vecinos.
Porque una cosa es compartir historias y experiencias y otra muy distinta
reunirse para criticar a los demás de forma maliciosa y dañina.
No es malo compartir
noticias o hechos de forma honesta y auténtica, al contrario pueden ayudar a
sentir a las personas mas conectadas entre si, creando un sentido de
pertenencia grupo y o camaradería. Son muy negativas las habladurías cuando
estas dan lugar a rumores infundados y malentendidos, cuando se distorsiona
la información o se saca de contexto, reflejando situaciones o
comportamientos falsos, dando lugar a tensiones y conflictos con las
personas de las que se habla, sobre todo cuando afectan a la reputación de
las mismas, a las que muchas veces se las estigmatiza, aísla y margina.
Una de
las cosas que yo pienso hacer es crear un
ambiente donde las personas se sientan cómodas hablando directamente entre
si para evitar los malentendidos y propagación de rumores, provocados muchas
veces, por el rencor, la inquina y la envidia.
Sobre
todo alertar de sobre como los chismes pueden afectar a las personas y a la
comunidad, concienciando a todos para fomentar un comportamiento respetuoso,
mediante la empatía, la sinceridad y la comprensión.
Recordar a las personas que detrás de cada rumor hay una historia y que
todos merecen ser tratados con respeto, al objeto de disminuir la tendencia
a hablar mal de los demás. Quien no recuerda aquellas habladurías que en
tiempos pasados dañaron gravemente la imagen de alguna persona de forma
maliciosa y tendenciosa, hasta el punto de tener que irse del pueblo por no
soportar la situación triste y lamentable creada por los chismes y
habladurías. Hay que evitar situaciones tan deprimentes y deplorables
Para
ello debes dar ejemplo, evitando participar en chismes, cuentos y
habladurías que puedan dañar la imagen de los demás, inspirando a otros a
hacer lo mismo. No olvides que la actitud positiva y el respeto son aspectos
que se contagian.
Los
espacios de diálogo siempre son positivos y para ello lo mejor es organizar
reuniones comunitarias donde se puedan discutir abiertamente los problemas y
preocupaciones, para ayudar a construir un ambiente de confianza y reducir
la necesidad de hablar a espaldas de otros.
En
definitiva, en un pueblo pequeño donde todo se sabe hay que construir un
espacio de empatía y respeto y para ello es prioritario evitar las
habladurías que solo conducen a malentendidos que terminan en puras
invenciones, cuando no en calumnias o injurias
Viernes 24 de Octubre
El esperpento de la modernidad
Una
sociedad perdida bajo el barniz de la belleza y la tecnología
Vivimos tiempos extraños, tiempos donde la
estupidez (antes patrimonio de unos pocos)
parece haberse democratizado. La sociedad
española, antaño combativa, lúcida y con
hambre de justicia, se ha entregado a una
suerte de anestesia colectiva donde todo
vale, todo se justifica y nada importa
realmente. Confundimos la libertad con el
libertinaje, el derecho con el capricho, la
dignidad con la indiferencia, la riqueza con
la caballerosidad, el poder con la decencia
y la ficción de la religión, como consuelo y
evasión.
Celebramos lo superficial mientras
despreciamos lo profundo. Aplaudimos a
gritos el gol de un equipo millonario, pero
callamos ante la injusticia cotidiana que
nos roba el pan, el trabajo, la vivienda y
la esperanza. Hemos llegado a creer que la
vida es un escaparate, y que el brillo basta
para ocultar la miseria y decadencia que se
extiende por dentro. Nos han vendido la idea
de que la trasgresión sin sentido es
progreso, que la vulgaridad es autenticidad,
que la sumisión es serenidad mental y que la
aberración sexual se transforma en un derecho
si electoralmente es rentable.
Mientras tanto, el pensamiento crítico se ha
convertido en una especie en extinción. Ya
no se cuestiona, se repite. Ya no se razona,
se consume. Ya no se actúa, se reacciona.
Los políticos (esos demiurgos de la
demagogia) nos prometen cada cuatro años la
redención, cuando lo único que redimen es su
propio futuro económico. Los templos de lo
religioso se llenan de fieles que buscan
salvación en la esperanza que da una
ficción, mientras la justicia terrenal se
vacía de sentido. Y en medio de este circo,
seguimos creyendo, esperando, resignándonos,
como si la esperanza bastara para cambiar la
realidad. España se ha convertido en un
esperpento social, político y económico.
Un
país donde el artificio se confunde con la
verdad, donde la fachada cuenta más que el
cimiento, y donde la belleza aparente oculta
una descomposición moral cada vez más
visible. No es una cuestión de ideologías,
sino de sentido común. Nos estamos
acostumbrando a la mentira, al ruido, al
despropósito. Quizá aún estemos a tiempo de
despertar. Pero para hacerlo, habría que
comenzar por recuperar algo tan simple y tan
revolucionario como el pensamiento crítico,
coherente, juicioso. Pensar, dudar,
disentir. Recuperar la capacidad de
indignarse sin miedo al ridículo. Exigir
coherencia. Llamar a las cosas por su
nombre, aunque duela.
Porque mientras sigamos gritando gol, mas
fuerte que pedir pan y trabajo, aplaudiendo
mentiras y despreciando verdades, seguiremos
siendo cómplices del esperpento que nos
devora y que nos conducirá a una sociedad
esperpéntica, frutada, deprimida, degradada y decadente. Es una
opinión de M. Fernández "Anatomía de un
País".
Jueves 23 de Octubre
El sainete político
Junts, el partido del chantaje perpetuo
Una vez más, Junts
convierte la política en un espectáculo de amenazas, amagos y retrocesos. Su
discurso suena a disco rayado: que si rompen con Sánchez, que si se levantan
de la mesa, que si no tolerarán más humillaciones. Pero al final, nunca pasa
nada. Lo suyo no es la ruptura, sino el chantaje calculado. Junts vive de
tensar la cuerda lo justo para sacar tajada, pero sin llegar a romperla. La
estrategia es tan vieja como transparente. Cada vez que el Gobierno de Pedro
Sánchez depende de sus votos, Junts finge indignación, amenaza con el
portazo y, mientras tanto, negocia. No negocia por Cataluña ni por los
catalanes, sino por sí misma: por cuotas de poder, por visibilidad
mediática, por mantener la ficción de que todavía es un actor decisivo.
El
problema es que el público ya se sabe el guión. Las falsas rupturas ya no
asustan a nadie. Ni en Madrid tiemblan, ni en Cataluña se lo creen. Lo que
antes era un pulso político ahora parece una comedia sin gracia. El “rompo
pero no rompo” se ha convertido en una marca registrada de Junts, una
táctica que solo alimenta el hartazgo y la desconfianza ciudadana. Mientras
el partido juega a hacerse el duro, la gente sigue esperando respuestas
reales a sus problemas: listas de espera sanitarias, falta de vivienda,
precariedad laboral, desinversión en infraestructuras.
Pero Junts prefiere
seguir representando su sainete victimista, el del agravio perpetuo, el del
enemigo en Madrid y la pureza patriótica en casa. Es una política hueca,
diseñada para mantener viva la llama del conflicto, aunque la mayoría de
catalanes hace tiempo que piden pasar página. Y lo más grave es que Junts no
parece entender que su credibilidad se desangra. Cada vez que amenaza con
romper y no lo hace, pierde un poco más de autoridad moral.
Cada vez que
finge escándalo y luego pacta en silencio, se le cae la máscara. Es un
partido atrapado en su propia trampa: incapaz de romper, pero también
incapaz de construir. El chantaje constante puede dar réditos a corto plazo,
pero a la larga destruye cualquier proyecto político serio. Junts ha pasado
de ser un partido con poder de influencia a ser un partido de pataleta,
reducido a su papel de socio incómodo. Y eso lo saben incluso muchos de sus
votantes, que ya no compran la épica del desafío ni las lágrimas del
victimismo.
El sainete de Junts tiene los días contados. Cada amenaza que no
cumple, cada ruptura que no llega, cada discurso hueco que repite, lo acerca
más al descrédito definitivo. Cataluña no necesita más teatro. Necesita
política de verdad.
Miércoles 22 de Octubre
El futuro de la humanidad
El siglo de la ceguera
Hay algo inquietante en la manera en que la
humanidad avanza: con la ilusión del
progreso, pero con los ojos cada vez más
cerrados. Vivimos rodeados de tecnología,
datos y conectividad, y sin embargo,
entendemos menos el mundo que habitamos. El
futuro ya no se parece a una promesa, sino a
una advertencia. La
demografía habla claro: las
sociedades envejecen, los jóvenes escasean,
y los sistemas de bienestar que sostenían la
vida moderna comienzan a resquebrajarse.
Europa, Japón y América del Norte envejecen
en silencio, mientras África y partes de
Asia crecen sin encontrar espacio en la
economía global. Es un desequilibrio que
augura tensiones migratorias, crisis
laborales y conflictos políticos. Sin
embargo, la política sigue discutiendo el
pasado, incapaz de mirar de frente lo que
viene.
Y en ese vacío,
la
extrema derecha encuentra terreno
fértil. Promete orden en medio del caos,
identidad frente a la incertidumbre, y
enemigos fáciles para culpar de todo: los
inmigrantes, las minorías, los pobres, la
globalización. Su avance no es casualidad;
es el reflejo de una ciudadanía frustrada
que ya no confía en las instituciones ni en
las promesas vacías de los gobiernos
tradicionales. Cuando el miedo manda, la
razón retrocede.
A la vez, asistimos al ascenso de una nueva
élite invisible:
la
inteligencia artificial y quienes la
controlan. Lo que empezó como
herramienta se está convirtiendo en árbitro.
Decide qué vemos, qué pensamos y hasta qué
creemos. Los algoritmos no votan, pero
moldean elecciones; no legislan, pero
redactan leyes; no sienten, pero definen qué
vale la pena sentir. La amenaza no está en
que la IA despierte, sino en que nosotros
sigamos dormidos.
Mientras tanto,
la
globalización (ese proyecto que
prometía unir al mundo) ha terminado por
atraparlo. La economía, la información y
hasta la cultura responden a los intereses
de unas pocas corporaciones transnacionales
que conocen más de nosotros que nuestros
propios gobiernos. Lo llaman
“interconexión”, pero huele a control. Lo
llaman “eficiencia”, pero suena a
sometimiento. El siglo XXI se perfila como
el
siglo de la ceguera: envejecemos
sin relevo, votamos sin fe, producimos sin
propósito y consumimos sin conciencia.
La
política se ha vuelto gestión de daños, la
tecnología un nuevo poder sin rostro y la
ciudadanía, un público distraído que
confunde libertad con entretenimiento. Sin
embargo, todavía hay margen para reaccionar.
No se trata de renegar del progreso, sino de
reclamarlo. La inteligencia artificial puede
servir al bien común si la controlan
ciudadanos, no corporaciones. La
globalización puede ser justa si se
subordina a la dignidad humana. Pero nada de
eso ocurrirá si seguimos mirando para otro
lado.
El futuro no nos está siendo robado: lo
estamos entregando, poco a poco, entre clics,
votos resignados y silencios cómplices.
Quizá sea hora de abrir los ojos, antes de
que el “avance” nos deje definitivamente
atrás. Vs. M.Fndez.
El futuro de la humanidad II
¿Como
será la vida dentro de 50 años?
El futuro no es una línea recta.
Cada generación siente que vive
un punto de inflexión, pero
pocas han tenido tantas
variables críticas en juego al
mismo tiempo como la nuestra. La
humanidad avanza hacia un siglo
donde el envejecimiento
poblacional, la crisis
climática, la inteligencia
artificial (IA) y la fragilidad
política global se entrelazan.
Lo que hoy decidamos (en
políticas, consumo, cooperación
y ética tecnológica) definirá si
vivimos una era de prosperidad
compartida o de desigualdad
irreversible. Y es que vivimos
en un planeta de contrastes
donde la "demografía" va a
marcar nuestro futuro.
El planeta no se está
“vaciando”, sino llenando con
una transformación regresiva con
un envejecimiento constante en
las pirámides de población.
Según la ONU, la población
mundial alcanzará su pico hacia
finales de siglo con unos 10.200
millones de personas. Mientras Europa,
Japón y China se están vaciando
y envejeciendo, la
África subsahariana concentra el
crecimiento exponencial
demográfico sobre todo de la juventud.
Esto no es solo un dato
estadístico: significa que el
empleo, la educación y la
migración serán los verdaderos
campos de batalla del equilibrio
global. Los países envejecidos
necesitarán fuerza laboral
joven; los países jóvenes
necesitarán oportunidades reales
o enfrentarán estallidos
sociales y migratorios.
El calentamiento global ya no es
una amenaza futura sino una
realidad contable. Sequías,
incendios y fenómenos extremos
multiplican pérdidas humanas y
económicas. El IPCC advierte que
incluso cumpliendo parcialmente
los acuerdos climáticos, la
adaptación será costosa y
desigual.
Cada grado de aumento de
temperatura erosiona seguridad
alimentaria, salud pública y
estabilidad política. No se
trata solo de “salvar el
planeta”, sino de evitar que el
costo del cambio recaiga sobre
los más pobres y sobre las
generaciones que menos
responsabilidad tuvieron en el
daño.
Mientras la
Inteligencia Artificial siendo
algo prometedor entraña un
peligro latente,
pues se está acelerando más rápido
que nuestra capacidad de
regulación. En cuestión de años,
los modelos generativos pasarán
de escribir textos o crear
imágenes a tomar decisiones
complejas, analizar datos
masivos y reemplazar tareas
cognitivas humanas.
El problema no es que la IA “nos
quite el trabajo”, sino que
concentre el poder en pocas
manos: corporaciones o gobiernos
que controlen los modelos, los
chips y los datos. Como toda
revolución tecnológica, puede
ampliar el bienestar o ampliar
la brecha. La diferencia
dependerá de si la ponemos al
servicio del bien común o del
beneficio inmediato, todo ello
con el ferreo control a su
desarrollo instrumental, sin que
en ningún caso pueda suponer una
amenaza para el control o las
decisiones humanas
En cuanto al stress que sugren
los diferentes regímenes
políticos, hace décadas que la erosión democrática avanza
más silenciosamente que
cualquier algoritmo. Según Freedom House y el proyecto V-Dem,
más de la mitad del mundo vive
hoy bajo regímenes autoritarios
o híbridos. La manipulación
digital (deepfakes,
desinformación dirigida,
vigilancia masiva) acelera esa
tendencia.
Si la inteligencia artificial se
combina con el populismo, la
mentira y la polarización, el
resultado puede ser un control
social sin precedentes. Pero
también puede ser lo contrario:
una herramienta para
transparencia, participación y
eficiencia pública. Todo
dependerá de quién la controle…
y para qué.
De ahí que se nos presentes tres futuros posibles:
El escenario optimista
donde Gobiernos y empresas
cooperan en reducir
emisiones, regular la IA y
redistribuir beneficios
tecnológicos. La humanidad
logra combinar productividad
con equidad.
El escenario probable:
donde se avanza de forma desigual.
Algunos países logran
prosperar gracias a la IA,
otros se rezagan. La crisis
climática obliga a
adaptaciones costosas, pero
evitamos el colapso. Y el
escenario pesimista:
donde fracasan los acuerdos
globales, el clima desata
migraciones masivas y la IA
se usa para vigilancia y
guerra informativa. La
desigualdad y el
autoritarismo se consolidan.
Ninguno esta definido ad futuro,
porque todo depende no de la
tecnología, sino del marco ético
y político que logremos
construir.
¿Qué podemos hacer para revertir
los malos augurios? Podríamos
empezar por
xigir políticas climáticas
reales y
presupuestos para adaptación
local, democratizar la IA,
con transparencia,
auditorías y límites a su
uso autoritario,
invertir en educación y
capacitación,
porque el talento será el
recurso más escaso del siglo
XXI, cuidar las instituciones
democráticas,
resistiendo la
desinformación y la apatía y
fortalecer la cooperación
internacional,
aunque suene ingenuo: es la
única vía racional para
sobrevivir a problemas
globales. Si queremos marcar
nuestro futuro, la
historia no debe ser escrita por
las máquinas, sino por las
decisiones humanas que las
guíen.
Si logramos usarla para ampliar
derechos, sanar el planeta y
compartir conocimiento, habremos
merecido llamarla “inteligente”.
Si no, solo será una herramienta
brillante al servicio de nuestra
ceguera y nuestra destrucción
como especie humana.
Martes 21 de Octubre
Suicidios en España: Cunde la alarma
El suicidio: una
urgencia silenciada
El suicidio se ha convertido en uno de los
principales retos de salud pública en
España. Cada día, más de
11
personas se quitan la vida y más de
200
lo intentan, lo que refleja una
realidad tan dura como invisibilizada. Según
los últimos datos, en 2023 se registraron
4.116 suicidios en el país,
superando por amplio margen las muertes por
accidentes de tráfico. Esta cifra no solo
debería alarmar a los profesionales
sanitarios, sino también interpelar
directamente a la sociedad, a las
instituciones y a los responsables
políticos.
No hablamos solo de cifras, sino de
personas. Historias truncadas, muchas de
ellas en la flor de la vida. En particular,
preocupa el aumento de suicidios entre
jóvenes y mujeres, un fenómeno que
sorprende y duele, porque revela el
sufrimiento silencioso que atraviesan
sectores de la población tradicionalmente
ignorados por las políticas públicas en
salud mental. Los suicidios se han
convertido, junto con los accidentes de
tráfico, en la
primera causa de muerte no natural entre los
jóvenes. Esta realidad apunta a un malestar profundo:
estudiantes que no soportan la presión
académica, adolescentes víctimas de acoso
escolar, jóvenes atrapados en entornos
familiares disfuncionales o atravesados por
la violencia emocional. La adolescencia y la
juventud son etapas críticas en la
construcción de la identidad.
Pero en lugar
de ser acompañadas con empatía y
comprensión, muchas veces están marcadas por
la exigencia, la incomprensión y la soledad.
Y cuando el sufrimiento no encuentra
escucha, puede derivar en decisiones
trágicas.
Otro dato inquietante es el
incremento de suicidios en mujeres jóvenes.
Aunque históricamente los hombres han
protagonizado la mayor parte de los
suicidios consumados, en los últimos años ha
crecido la tasa entre mujeres, especialmente
adolescentes. Los motivos pueden variar
—desde problemas familiares, hasta violencia
de género, trastornos alimentarios, presión
social o acoso escolar—, pero el trasfondo
es común: una salud mental
fracturada y
desatendida,
porque uno
de los principales obstáculos en la
lucha contra el suicidio es el
silencio.
Muchas veces, por vergüenza, por miedo al
estigma o por preservar la imagen del
entorno familiar, el suicidio se oculta, se
disfraza o se minimiza. Pero ese silencio es
precisamente lo que impide avanzar en la
prevención. Hablar del suicidio
no
incita, al contrario,
salva vidas. Es fundamental generar
espacios de diálogo seguros, promover
campañas de concienciación y formar a
profesionales y docentes en la detección de
señales de alarma. También es clave contar
con recursos accesibles y eficaces para la
atención psicológica y psiquiátrica.
A pesar de que diversas asociaciones,
colectivos de profesionales y familiares
llevan años reclamando una
estrategia nacional de prevención del
suicidio, lo cierto es que las
respuestas institucionales siguen siendo
insuficientes. En muchas comunidades
autónomas, los recursos en salud mental son
escasos, los tiempos de espera para una
consulta psicológica en la sanidad pública
son inaceptables y el personal está
desbordado. Urge invertir en salud mental,
no solo con palabras o campañas esporádicas,
sino con
medidas estructurales: aumentar el
número de psicólogos clínicos en el sistema
público, mejorar la formación en prevención
del suicidio, facilitar el acceso a atención
gratuita para jóvenes y garantizar la
intervención inmediata en casos de riesgo.
El suicidio no es solo un problema médico o
psicológico. Es un síntoma de una sociedad
que
no
cuida lo suficiente a sus miembros más
vulnerables. Una sociedad que
castiga el error, que aísla la diferencia,
que exige sin comprender. Por eso, la
prevención del suicidio requiere un enfoque
integral: educativo, social, sanitario y
comunitario. Es hora de que el suicidio deje
de ser un tabú y se convierta en una
prioridad política y social. Porque
cada vida cuenta. Porque detrás de cada
número hay una persona que, quizás, con el
apoyo adecuado, con una palabra a tiempo,
con un entorno más empático,
podría seguir aquí.
Domingo 20 de Octubre
Anatomía de un País
Con motivo de la próxima edición de mi libro
"Anatomía de un País" os dejo el preámbulo
del mismo.
España, como nación,
ha sido testigo de una historia plagada de
transformaciones profundas, tanto políticas como
sociales, que han dejado una huella indeleble en su
estructura y en su identidad colectiva. Sin embargo, en
las últimas décadas, una constante que ha marcado el
devenir del país ha sido la crisis política y moral que
atraviesan sus instituciones. En este libro, me propongo explorar con mirada crítica las complejidades
de esa crisis, desentrañando las dinámicas de la
corrupción política que, lejos de ser un fenómeno
aislado, constituyen un componente estructural de un
sistema que, a menudo, se revela más inclinado a
perpetuar los intereses de una élite, que a responder a
las necesidades del pueblo.
A lo largo de
su historia, ha sido un escenario de paradojas. Un país
que, entre la pujanza de su cultura, la belleza de sus
paisajes y el peso de su legado histórico, arrastra una
serie de grietas profundas que definen no solo su
presente, sino también su devenir futuro. Este libro se
adentra en esos pliegues ocultos, en las estructuras de
poder que, a menudo, funcionan más allá del aparente
brillo democrático, para develar los mecanismos que
sostienen las desigualdades sociales, la corrupción
sistémica y la crisis política que sacuden sus
cimientos.
Esa corrupción que en
España ha alcanzado una magnitud que trasciende el acto
individual de los políticos corruptos para convertirse
en un "modus operandi" de las estructuras de poder. Desde
las altas esferas del Gobierno central hasta las
administraciones autonómicas y locales, el clientelismo,
la malversación de fondos, el tráfico de influencias y
el financiamiento ilegal de partidos han sido prácticas
que han corroído la confianza de la ciudadanía en sus
instituciones. La corrupción, lejos de ser un "problema
marginal", se ha consolidado como un fenómeno sistémico
que afecta las decisiones políticas, el reparto de
recursos y, lo más grave, la cohesión social.
El esperpento
político, ese componente casi teatral y grotesco de la
política española, no es mera exageración de la
realidad; es la manifestación de un sistema que ha sido
incapaz de resolver sus contradicciones internas y que
ha permitido que se afiance un círculo vicioso de
impunidad, clientelismo y una creciente desconfianza en
las instituciones. La crisis no es solo económica, sino
también moral y ética. En este marco, las desigualdades
sociales se agravan, multiplicando los desequilibrios
entre clases y territorios, mientras la promesa de una
democracia plena y equitativa se va desmoronando en la
práctica.
Este fenómeno no es
solo una cuestión de mala gestión o de errores de
individuos; es el reflejo de un sistema político que ha
permitido que las redes de poder se fortalezcan a través
de la impunidad y el blindaje de los actores políticos
que, en lugar de velar por el bien común, se han
dedicado a garantizar su permanencia en el poder a costa
de la integridad pública. La descomposición ética de las
instituciones no ha sido una casualidad, sino el
resultado de décadas de prácticas clientelistas y de una
cultura política en la que el "todo vale" ha sido una
constante, sobre todo en momentos de crisis económica y
social. La "corrupción
sistémica", como la llaman algunos analistas, ha sido
alimentada por una clase política cuya desconexión con
la ciudadanía es cada vez más patente.
La promesa de una
democracia plena y justa ha sido traicionada por el mal
uso de los recursos públicos, el favorecimiento de
intereses privados y la creación de una red de
clientelismo que se extiende desde las esferas más altas
hasta los entornos más cercanos a la administración
local. Los escándalos de corrupción, lejos de ser
excepciones, se han convertido en episodios recurrentes
en la vida política del país, lo que ha generado un
círculo vicioso de desconfianza, cinismo y desesperanza
entre los ciudadanos.
Como antes he dicho este
modus operandi no se
limita a la esfera política, sino que se extiende a los
grandes conglomerados empresariales y mediáticos,
creando una maraña de intereses que entrelazan el poder
económico con el poder político de una manera tan
intrínseca que las fronteras entre ambos parecen
difuminarse. Las conexiones entre grandes empresarios,
banqueros y políticos han sido fundamentales para
sostener el statu quo, creando una suerte de
"oligarquía" que preserva sus privilegios a través de
prácticas corruptas que afectan gravemente la
competitividad económica, la justicia social y la
transparencia en la gestión pública.
Pero la corrupción
no es solo un mal que se pueda analizar a nivel macro.
En el día a día, los ciudadanos sienten el peso de las
malas decisiones políticas, de la falta de justicia, de
la impunidad de aquellos que han saqueado el erario
público sin consecuencias reales. Esta situación ha
alimentado un sentimiento de frustración y desafección
con las instituciones, lo que se traduce en un profundo
desencanto político que, lejos de solucionarse, se
perpetúa en una política cada vez más alejada de los
intereses de la mayoría. Al analizar esta
corrupción política, resulta crucial también entender su
dimensión cultural y psicosocial. España, con su riqueza
de tradiciones y complejidad social, ha sido
históricamente una nación marcada por la lealtad a los
grupos y a los intereses particulares por encima de los
del conjunto de la sociedad. Esta mentalidad de "lo mío
primero", sumada a la falta de un sistema judicial y
político que funcione de manera efectiva, ha facilitado
la proliferación de redes de poder que operan al margen
de la ley y que han impuesto su dominio sobre el
bienestar colectivo.
El esperpento
político, ese espectáculo grotesco que tantas veces
define la imagen de la política española, es en muchos
casos la cara visible de esta profunda podredumbre que
se oculta bajo la superficie. La constante exposición
mediática de los escándalos, la falta de rendición de
cuentas y el juego de intereses detrás de cada decisión
han creado una atmósfera en la que la política se
convierte en un teatro de marionetas, donde las
instituciones no sirven al pueblo, sino que se sirven de
él.
Este libro no solo
pretende desentrañar las raíces y las consecuencias de
la corrupción política en España, sino también
reflexionar sobre sus implicaciones en la vida cotidiana
de los ciudadanos. En un país que sigue luchando por
encontrar su identidad en medio de la globalización y
los desafíos internos, la corrupción es uno de los
principales obstáculos que impide el progreso hacia una
sociedad más justa, equitativa y cohesionada.
E n última
instancia, la crisis política y las desigualdades
sociales que derivan de la corrupción son inseparables
de la idiosincrasia española. En una nación donde el
pueblo ha demostrado una capacidad asombrosa para
resistir y adaptarse, esta corrupción sistémica
representa una amenaza existencial para el futuro de
España. Pero la historia también ha mostrado que, a
pesar de todo, la lucha por la justicia y la equidad
sigue viva, y que la conciencia crítica de los
ciudadanos puede ser una poderosa herramienta para
revertir esta situación.
A lo largo de estas páginas, a
modo de crónica, podrás ver la anatomía e
idiosincrasia de fenómenos políticos y
sociales que evidencian un sistema que aún
brillando, alberga degradación, podredumbre
y repugnancia en su interior. Txt. Manuel
Fernández
Sábado 18 de Octubre
¿Crecimiento económico? ¿Para quien?
La pobreza oculta en España
Nos repiten como un
mantra que España es el país que más crece de la Unión Europea. Lo dicen en
titulares, lo celebra el Gobierno, lo aplauden los grandes medios. Pero
basta con salir a la calle, con mirar alrededor, para darse cuenta de que
ese crecimiento no nos está llegando a todos. Ni de lejos. Porque mientras
nos venden cifras récord de PIB, de empleo, de inversión extranjera,
casi 13 millones de personas en este
país viven en la pobreza. Y lo más grave:
4 millones sufren pobreza severa,
muchos de ellos niños. Sí, uno de
cada tres niños en España está creciendo sin lo básico. Sin una
alimentación adecuada, sin una vivienda digna, sin futuro. ¿Y aún así
tenemos que aplaudir el "milagro económico"?
No.
¿Tenemos que tragarnos el cuento de que “vamos bien” mientras hay
trabajadores que no pueden pagar la luz, el alquiler o simplemente llenar la
nevera a final de mes?
Pues no.
¿Que aún teniendo un
puesto de trabajo no salen de la pobreza? Que vergüenza. Basta ya de
cinismo. Esto no es una crisis puntual ni una mala racha. Es
pobreza estructural, esa
que se hereda, que se cronifica, que arrasa generaciones enteras. Es el
resultado directo de un sistema que
protege los privilegios de una
minoría poderosa mientras condena a la mayoría a sobrevivir como puede.
Porque no nos engañemos: aquí no falta riqueza, lo que falta es justicia.
Los que generan la riqueza de este país, los que se levantan cada día a
trabajar en condiciones precarias, con sueldos bajos y contratos basura,
no ven ni una migaja del pastel.
Mientras tanto, las grandes fortunas siguen engordando sus beneficios,
evadiendo impuestos con total impunidad y dictando la agenda económica desde
sus despachos. Y aún hay quien tiene la desvergüenza de llamarlo "progreso".
¿Dónde están las políticas valientes? ¿Dónde está una reforma fiscal que
haga pagar más a los que más tienen? ¿Dónde está la apuesta real por
vivienda pública, por sanidad de calidad, por una educación que no dependa
del código postal donde naces? ¿Donde esas ayudas energéticas para las
familias a las que no les alcanza para pagar luz, gas, calefacción o agua,
mientras las eléctricas tienen beneficios súper millonarios año tras año?
¿Porque no se corrigen estas deficiencias en un país moderno y del primer
mundo que se llama progresista? La
respuesta es siempre la misma: en el cajón del “no conviene molestar a los
poderosos”. La realidad es que
la riqueza se reparte cada vez
peor.
El crecimiento va para arriba, no hacia los lados. Y mientras
tanto, millones de personas sufren en silencio, olvidadas, ignoradas,
viviendo en condiciones que en un país que presume de modernidad y
democracia deberían escandalizarnos. Ya basta de vendernos humo. Ya basta de
normalizar lo inaceptable. No hay crecimiento posible si la mayoría no puede
vivir con dignidad. Y no habrá justicia social si seguimos tolerando que los
de siempre se lo lleven todo mientras los demás apenas sobreviven. El país
que más crece, dicen. Pues que se lo expliquen a esa madre que no sabe si
podrá pagar la calefacción este invierno. O a ese joven con dos carreras que
salta de beca en beca sin futuro o se ve obligado a emigrar a otro país para
tener un sueldo digno. O a ese abuelo que tiene que elegir entre medicinas o
comida. Porque si el crecimiento
no llega a ellos, no nos sirve de nada. Esto tiene que cambiar.
En España, uno
de cada tres niños y niñas vive en riesgo de
pobreza o exclusión social. Detrás
la estadística se esconde una dura realidad.
Niños y niñas que crecen en viviendas
precarias, sin acceso a una alimentación
sana y en hogares donde se viven situaciones
de incertidumbre y desesperación debido a la
inestabilidad de los empleos de sus
padres. La
pobreza infantil es un problema
estructural que
no solo limita el presente de los niños y
niñas, sino que también compromete su
futuro.
La pobreza deteriora
la salud física, limita el rendimiento
escolar y provoca más ansiedad, tristeza o
problemas de conducta. Los niños
con menos recursos acceden más tarde al
sistema educativo, repiten más curso y
abandonan antes los estudios. Todo esto
afecta directamente a su autoestima y sus
oportunidades de vida. Un niño o niña que
crece en una familia con pocos recursos hoy
tiene muchas más probabilidades de ser un
adulto sin posibilidades el día de mañana. La
pobreza se hereda y se cronifica si no se
interviene a tiempo.
Por eso,
invertir en infancia no es solo justo, es
inteligente: mejora la cohesión social y
reduce costes futuros en sanidad, desempleo
y asistencia social.
Domingo 11 de Octubre
La Esencia de un
Pueblo, mi Pueblo
La
esencia de un pueblo no se mide en su tamaño
ni en el número de sus habitantes, sino en
los detalles que le dan vida: en cada
amanecer dorado que asoma tras las colinas,
en el canto tímido de los pájaros que
despiertan el día, y en la brisa que
acaricia las calles adoquinadas aún
dormidas. Es en la quietud del alba donde se
manifiesta su alma, en ese silencio que no
es vacío, sino lleno de presencia: la del
tiempo que no corre, sino que se posa con
suavidad sobre las casas, las plazas y los
caminos. Cada hogar, con su llama encendida,
guarda historias transmitidas al calor del
fuego; historias que no se cuentan a gritos,
sino en susurros, en miradas, en gestos que
hablan de generaciones unidas por la memoria
y la esperanza.
El quehacer diario se
convierte en un acto de amor silencioso: el
pan que se hornea con manos sabias, los
campos que se labran con respeto por la
tierra, las manos que se entrelazan para
sostenerse mutuamente en el día a día. El
entorno natural no es solo un paisaje, sino
un cuadro vivo que cambia con las
estaciones, pintado con pinceladas de luz,
de agua y de tierra. Las montañas, los ríos,
los árboles centenarios son testigos del
paso del tiempo y custodios de una belleza
que no necesita adornos: quieta, atemporal,
humilde.
Aquí, la naturaleza no es solo paisaje, sino
parte del alma del lugar. Los campos, los
árboles, el murmullo del viento y el paso de
las estaciones hablan un idioma antiguo, que
se entiende con el corazón.
Y en medio de esa naturaleza, sus gentes
caminan con paso sereno, llevando en sus
rostros la dignidad de quienes saben vivir
con poco y agradecerlo todo. Pero quizás la
mayor riqueza de un pueblo reside en su
capacidad de crear comunidad incluso en la
distancia. Porque aun en la aparente soledad
de sus rincones, siempre hay una puerta
entreabierta, una sonrisa dispuesta, una
taza de café compartida. En estos lugares,
la armonía no es una meta, sino una forma de
vivir. Los corazones laten al mismo ritmo,
conectados por una red invisible de afecto,
solidaridad y pertenencia.
Así, incluso
quien vive aislado, nunca está realmente
solo. En ese remanso de paz y en ese
santuario de humanidad cotidiana, la esencia
del pueblo perdura, intacta, como un susurro
que se transmite de generación en
generación, recordándonos que hay lugares
donde el tiempo no corre, sino que se
detiene a contemplar.
Porque en cada gesto cotidiano y en cada
mirada amable, la esencia del pueblo
permanece viva. Donde
cada corazón, aunque aislado en la
distancia, nunca está solo. Aquí, en este
rincón del mundo, la vida se vive con
sentido, con raíces y con esperanza.
Viernes 10
de Octubre
¿Mañana Europa será musulmana?
En bares, calles, tertulias y redes, se oye
una frase que inquieta:
“Europa acabará siendo musulmana.”
Una pregunta que va más allá del miedo.
Europa entera vive un momento delicado:
menos nacimientos, más migración, más mezcla
de culturas. Es un cambio profundo, y lo
desconocido siempre asusta. La gente lo dice
con preocupación, mirando cómo bajan los
nacimientos y cómo llegan familias de otros
países con una tasa de natalidad que
triplica a la nuestra, con otras costumbres,
con otra fe. Es un pensamiento que surge del
miedo, pero también de la incertidumbre que
muchos sienten al ver cómo va cambiando
Europa. Es verdad que Europa envejece (por
desgracia España bate el record de
envejecimiento).
Y es que cada año nacen
menos niños.
La natalidad española está
en torno a
1,2 hijos por mujer, muy por
debajo del nivel de reemplazo (2,1). En
familias inmigrantes musulmanas
residentes en España, la media se sitúa
entre
2,9 y 3,8 hijos por mujer,
según el INE y estudios de la Fundación
BBVA. Esto significa que, si las tendencias
se mantuvieran durante varias
generaciones, la proporción de población
musulmana podría
duplicarse o triplicarse en
40–50 años, aunque
sin llegar a una mayoría
(estaríamos hablando de un 27–41% hacia
mediados de siglo, no de un 51%). Lo que sí cambiará, y ya está
cambiando, es
la composición cultural, religiosa y
simbólica del país: más
mezquitas, más festividades diversas,
más pluralidad religiosa en las
escuelas. Pero los
números no cuentan toda la historia.
Es mas, cuando
los gobiernos con diferentes regimenes
cambian, transforman la sociedad de acuerdo
con sus ideologías ya sean sociales,
económicas o religiosas. En casi todos los
países ha pasado igual (Afganistan,
Iran, Pakistan): las familias inmigrantes no
se integran con las locales y la religión se
vuelve política. Irán y Pakistan
sufrieron el mayor retroceso cuando cambió
el sistema político, recordando cómo el
poder religioso se impuso y las libertades
desaparecieron.
Lo que
preocupa es que pasará cuando las mayorías
musulmanas acogidas a un regimen democratico
puedan votar y elegir sus gobernantes.
¿Impondrán la saria para las mujeres? ¿Les
robarán sus derechos? Es una duda que
preocupa e inquieta. El reto no es si “seremos
musulmanes”, sino
cómo manejar esa transición cultural
sin fracturar la cohesión social, sin
lesionar nuestras costumbres, nuestra
cultura, nuestros derechos, nuestro sistema
de garantias, nuestra civilización.
Jueves 9
de Octubre
¿Esperanzas para la Paz? Inshallah
Israel podrá ganar la guerra, pero no la Paz
Israel
puede ganar la guerra en Gaza, pero
difícilmente conquistará la paz. Las armas
pueden imponer silencios, pero no borrar la
memoria ni el sufrimiento de un pueblo. Lo
que estamos presenciando no es solo un
conflicto militar, sino una tragedia
humanitaria de proporciones históricas.
Miles de víctimas civiles (en su mayoría
mujeres y niños) han perdido la vida.
Barrios enteros han sido arrasados,
hospitales reducidos a ruinas y familias
enteras desplazadas. La falta de agua,
alimentos y medicinas ha convertido la
Franja de Gaza en un territorio de
desesperanza. Más que una guerra, parece un
castigo colectivo a una población atrapada
entre el fuego y el olvido. Israel argumenta
actuar en defensa propia frente a los
ataques de Hamás. Sin embargo, cuando la
respuesta provoca la muerte indiscriminada
de inocentes y el colapso de la vida civil,
el discurso de la autodefensa se desmorona.
El derecho a la seguridad no puede
sustentarse sobre la violación de los
derechos humanos ni sobre la destrucción
total de un pueblo. La victoria militar, si
llega, será una ilusión momentánea. Ninguna
bomba puede erradicar el resentimiento ni el
dolor acumulado por generaciones. Cada niño
que crece entre ruinas y pérdidas es una
semilla de rencor y de memoria. Y esa
memoria, tarde o temprano, se convierte en
historia, en reclamo y en resistencia. El
verdadero desafío de Israel no está en ganar
la guerra, sino en ganar la paz. Pero la paz
no se construye con tanques ni bloqueos,
sino con justicia, reconocimiento y dignidad
compartida. Porque si las guerras
pueden resolverse con armamento y
estrategia, la paz requiere algo que no se
conquista por la fuerza, sino con justicia,
memoria y reconciliación. Israel justifica
sus operaciones como parte de su derecho a
la autodefensa frente a los ataques de Hamás.
Sin embargo, el castigo colectivo
sobre la población civil ha traspasado los
límites del derecho internacional
humanitario. Ninguna causa, por legítima que
sea, puede justificar la muerte masiva de
inocentes ni el uso del hambre y la miseria
como instrumentos de presión. Mientras la
población palestina siga viviendo en
condiciones inhumanas, la seguridad israelí
será siempre frágil, y la reconciliación,
imposible. Porque ninguna nación puede
encontrar la paz cuando el precio de su
victoria es el sufrimiento de miles de
inocentes. Israel podrá ganar la guerra, sí,
pero mientras las madres palestinas sigan
llorando a sus hijos y los hijos a sus
madres, la
paz será un espejismo tras el que se esconde
el sempiterno deseo de venganza y justicia.
Es
preciso que Israel se concience de que la
paz no se obtiene con superioridad bélica.
La paz solo se construye reconociendo el
dolor del otro, restituyendo derechos y
buscando una convivencia basada en el
respeto y la equidad. Mientras eso no
ocurra, el silencio de las armas será apenas
una tregua, no una reconciliación. Y en cada
rincon, en cada esquina o en cada calle,
puede saltar de nuevo la tragedia, porque el
dolor, el crimen, el sufrimiento y la
barbarie, quedan en el alma y en la memoria
para siempre.
Miércoles 8
de Octubre
La vanidad de la vida y la
mentira de la existencia
“Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente
daremos lo no llegado por pasado...”
-Jorge Manrique.
Vivimos
creyendonos eternos, sin apreciar que todo es fugaz, que todo se va
y nada permanece, y nos autoengañamos pensando que nuestra
vida es estable y que avanza sobre suelo firme. Pero basta un
instante de lucidez —una pérdida, una pausa, un silencio— para
advertir que todo es fugaz, que la existencia es un sueño sostenido
por la mentira del tiempo. Porque la existencia se sostiene sobre
una ilusión de permanencia,
una mentira necesaria para vivir. Jorge Manrique, en sus célebres
Coplas por la muerte de su padre,
lo comprendió con una claridad casi metafísica:
todo pasa, todo se
desvanece, nada permanece. Lo presente se hace pasado antes
de que alcancemos a nombrarlo. El ser humano, en su deseo de durar,
se aferra a sombras: riquezas, honores, recuerdos, deseos. Y sin
embargo, como él mismo advierte,
“todo ha de pasar por tal
manera”.
Desde una mirada filosófica, esta conciencia de lo
efímero es el núcleo de la verdad trágica de la existencia. Lo que
llamamos “vida” no es más que un fluir constante, una sucesión de
apariencias que se destruyen en el mismo momento en que nacen. El
yo, el mundo, incluso la memoria, son ficciones que nos permiten
soportar el vértigo del cambio.
La vida, en su esencia, es
una ilusión sostenida por la necesidad de creer en algo duradero.
Esta es la gran vanidad: la pretensión de construir
eternidad dentro del tiempo. Buscamos dejar huella, conquistar un
sentido, cuando en realidad todo se disuelve en el mismo mar del
olvido. Lo sabía Heráclito cuando afirmó que nadie se baña dos veces
en el mismo río. Lo intuyó Schopenhauer al hablar del mundo como
representación.
Lo gritó Nietzsche al desenmascarar la fe en el ser.
Sin embargo, reconocer la mentira de la existencia no implica
rendirse al vacío, sino
vivir con conciencia de lo efímero. Saber que nada dura
puede convertirse en una forma de libertad: la de no esperar más de
la vida de lo que la vida puede dar. Amar el instante, sabiendo que
no se repetirá, es quizás la única manera de vivir verdaderamente.
Porque todo lo demás —poder, gloria, apariencia— no es más que eso:
vanidad de vanidades,
polvo que el tiempo dispersa.
Cuando comprendas que el devenir no es
permanencia, que es absurdo construir o fundar tu felicidad sobre
aquello que inevitablemente desaparecerá, comprenderás la vanidad
de intentar dar solidez a lo que por naturaleza es fugaz y que todo
lo que amas y posees etá condenado tambien a desparecer.
¿De que nos serviran todas nuestras riquezas, todo
nuestro poder si nuestro tiempo se acaba? De nada, porque todo es
efímero y fugaz, todo desaparecerá, porque todo es polvo y vanidad.
Lunes 6
de Octubre
La religión: el
espejismo que consuela
Karl Marx decía
allá en el 1844 que la religión era el opio que adormecía la razón y la
conciencia crítica, con el objeto de consolar al ser humano frente al
sufrimiento, las injusticias y la precariedad de la vida, dando
esperanzas en un mas allá ficticio, generando un sentido a nuestra
existencia, ante tanto despropósito, para calmar la angustia
existencial. Las consecuencias: bloqueo del pensamiento libre,
sometimiento de la voluntad y el pensamiento crítico, represión de la
libertad y el progreso en todos sus ámbitos y facetas y alejamiento de
la realidad. Pero además la religión ha supuesto la sumisión y
aceptación de las desigualdades, el bloqueo de expresión artistica,
cientifica o intelectual, la resignación fente a las injusticias y el
poder avasallador.
Desde el punto de vista psicológico la religión como
analgésico ha supuesto un alivio frente a las calamidades de la vida,
pero también ha servido para adormecer la conciencia crítica, ha
esclavizado la libertad de pensar (no puedes cuestionar ni hacer una
reflexión personal) y ha perpetuado las ilusiones y fantasias que le
alejan de la realidad, de tal forma que lo que se organizó para que
sirviera de consuelo termina siendo una forma de esclavitud intelectual
y personal, desde el momento en que desde la jerarquia se dicta la forma
"correcta" de vivir, pensar y sentir. Decir que la religión es el opio
del pueblo es hablar de una herida y de un refugio al mismo tiempo. Es
cierto que la religión, con sus promesas de eternidad y sus imágenes de
un cielo justo, ha sido para millones de personas un bálsamo contra la
desesperanza. Cuando la vida se vuelve insoportable, cuando el dolor
supera la fuerza humana, creer que existe un sentido más allá de lo
visible puede ser el único alivio posible.
En ese aspecto, la religión
consuela, calma, acaricia, aunque te halles dentro de una prisión,
porque una mente que acepta dogmas que no se permiten cuestionar ni reflesionar sobre los mismos, deja de ser libre. Y es que ante el
sufrimiento cualquier ficción la damos por válida si nos calma el dolor.
Que el ser humano acepte la promesa de un cielo futuro, para aceptar
resignadamente las injusticias mientras transitas esta vita terrenal, me
parece un burla y una tomadura de pelo, que no solo te indigna, también
te apena, porque es muy triste que jueguen con tu inocencia. Lo que está
claro es que la religión ha frenado la evolución espiritual del ser
humano desde el momento en que su comportamiento no esta basado en un
criterio racional, sino en el miedo a castigos infernales en la otra
vida. Y allí donde debe haber búsqueda se transforma en sumisión y
obediencia.
Allí donde debería haber preguntas florecen prohibiciones, y
allí donde podría haber libertad se alza el muro de las cadenas. Yo me
confieso ateo, no por incredulidad natural, sino por honestidad
intelectual y por sentir de manera diafana la realidad.
Domingo 5
de Octubre
Cuando el empleo ya no
garantiza escapar de la pobreza.
N os
han vendido la idea de que con un empleo basta para salir adelante, que el
trabajo es el camino hacia la libertad y la dignidad. Pero la verdad es
otra: hoy en día puedes trabajar
ocho, diez o doce horas, tener un sueldo fijo y seguir siendo pobre.
El crecimiento económico es el mantra que repiten gobiernos y empresas, pero
ese “crecimiento” jamás llega a los bolsillos de quienes realmente sostienen
el sistema. ¿Dónde se esconde toda esa riqueza? ¿Quién se la queda? Porque
lo que sí vemos es cómo los asalariados tienen que elegir entre pagar el
alquiler o llenar la nevera, entre facturas de luz imposibles y salarios de
miseria que apenas alcanzan para sobrevivir.
Y resulta paradógico
que hablen de crecimiento económico cuando año tras año aumenta la
desigualdad, se pierde poder adquisitivo, aumentando la pobreza a pesar de
optimizar la economía del pais.
Y la realidad es que los sueldos ya no
alcanzan para cubrir el coste real de la vida, sobre todo de la
vivienda, productos basicos de alimentación, luz, gas o transporte. Si a eso
le añades la precarización en el empleo (cada día hay mas fijos
discontinuos), empleos de temporada y falsas contrataciones, con una
inflación estructural que no se detiene y que supera con creces las subidas
salariales, la situación para la mayoría de los trabajadores se convierte en
penosa. La consecuencia mas inmediata es que los jóvenes ven un futuro
incierto, cuando no bloqueado, sin posibilidad de acceso a la vivienda y
poca o nula estabilidad en el empleo. ¿Que soluciones técnicas, que no
políticas podrían aplicarse para paliar la penosa situación? Pues a mi
entender lo primero debiera ser "Subir el salario mínimo en linea con el
coste real de la vida, regular el mercado de la vivienda limitando el precio
del alquiler "frenando la especulación", aplicar la carga fiscal dependiendo
de los ingresos y consolidar los derechos sociales básicos: sanidad,
energía, alimentación, educación y techo. Porque si estamos ante un modelo
económico que genera riqueza, lo lógico es que genere bienestar para todos,
no solo para esa élite peivilegiada, disminuya la desigualdad y el trabajo
tenga garantia de estabilidad con un salario digno y acorde con el coste de
la vida.
Es hora ya de que ese crecimiento llegue tambien a los bolsillos de
quien mas lo necesitan y que repito, paradogicamente son los que
sostienen el sistema. Póngase las pilas, sres políticos y hagan política de
verdad, política para mejorar la vida de los mas necesitados, no para
mejorar la vuestra, a costa del trabajo y los impuestos que pagan los demás.
Sábado 4
de Octubre
¿Saber la verdad o mantenernos en la
ignorancia?
Reflexión poético-filosófica
sobre la verdad y la ignorancia
El deseo de
conocer la verdad es una de las tendencias instintivas más profundas
del ser humano. Sin embargo, como bien expreso en la cita que
ves arriba, no toda verdad libera; algunas duelen, otras
desilusionan, y muchas nos obligan a romper con las cómodas
ficciones que nos daban sentido o seguridad. De ahí nace el
conflicto: ¿vale más una verdad que hiere o una ignorancia que
consuela? Pero vivir en la ignorancia por miedo al sufrimiento es
como taparse los ojos ante un abismo: no lo ves, pero sigue ahí. Y
cuando llegue el momento de actuar o decidir, no tener claridad
puede costarnos más que el dolor de haber conocido.
Por otro lado,
entregarse a la verdad sin medida, sin madurez emocional o sin
capacidad crítica, puede llevar al cinismo o la desesperanza. Por
eso, en mi humilde opinión, no se trata de ignorar ni de buscar
compulsivamente; se trata de aplicar buen juicio, equilibrio, y
sobre todo, humildad. La sabiduría no está en saberlo todo ni en
evitar el saber, sino en saber cuándo es tiempo de buscar, cuándo de
esperar, y cuándo de aceptar. La verdad puede doler, sí, pero
también puede sanar.
Y en última instancia, una felicidad auténtica
no puede construirse sobre la mentira, sino sobre una comprensión
compasiva y profunda de la realidad. Sin embargo no podemos obviar,
que hay en el alma humana una sed antigua, tan vieja como el tiempo:
la de conocer la verdad. Pero, ¿qué es la verdad sino un espejo roto
en mil fragmentos, donde cada pedazo refleja una parte del todo, y a
veces también nuestro propio rostro, herido por lo que no
esperábamos ver? Se ha dicho con razón que la ignorancia puede ser
un refugio, un jardín sin sombras donde la conciencia duerme
tranquila. Y es cierto: quien no ve, no sufre; quien no sabe, no
duda. Pero también es cierto que ese jardín, por más bello que
parezca, no deja de ser una jaula de cristal.
Tarde o temprano, la
vida llama a la puerta con su puño de realidad. No, no conviene
entregarse ni a la ignorancia voluntaria ni a la verdad desnuda y
sin compasión. Ambas pueden destruir, si no se abrazan con madurez.
La sabiduría —esa flor rara que no todos cultivan— nace en el punto
medio: entre el silencio prudente y la búsqueda paciente; entre la
lucidez y la ternura. Porque la verdad no siempre se impone como un
rayo.
A veces se revela como el alba: lentamente, con matices, sin
violencia. Y solo quien ha vivido, quien ha amado y perdido, quien
ha mirado hacia adentro sin temblar demasiado, puede sostener su
peso sin quebrarse. Así que no se trata de correr tras la verdad ni
de huir de ella. Se trata de caminar con ella. De saber que algunas
verdades duelen, pero también enseñan; y que no hay mayor engaño que
vivir felices en la mentira. Al final, el saber que libera no es el
que infla el orgullo, sino el que enseña humildad. Y si algunas
verdades llegan como tormentas, otras llegan como lluvia suave.
Algunas nos rompen, otras nos liberan. Pero todas, si se acogen con
humildad, si se comprenden con amor, pueden convertirse en luz. Tu
elijes. ¿Vivir un sueño y ser feliz, o adentrarte en la cruda
realidad y llenarte de amargura y pesar? Yo por supuesto elijo
afrontar con madurez y valentia
la realidad,
pero sin dejar de soñar, porque la misma vida es una broma cruel y
un sueño falaz. fenix@. mañana: El Opio del pueblo que controla y
manipula a millones de personas haciéndolas felices.
Jueves
2
de Octubre
E s hora de que el
mundo entero se una para neutralizar la barbarie de Israel y su
impunidad para asesinar inocentes
Israel se ha
convertido en un Estado que actúa impunemente, blindado por alianzas
políticas y militares, pero cada vez más aislado moralmente frente a la
conciencia de los pueblos ¿Hasta cuándo el mundo va a mostrase sumiso y
resignato ante la barbarie de Israel? Ataca hospitales, mata civiles,
asesina niños y mujeres, provoca hambruna infatil con resultado de
muerte, no respeta los Tratados Internacionales ni los Derechos
Humanos, impide la llegada de ayuda humanitaria en aguas maritimas que
no le pertenecen y sigue actuando despiadada y brutalmente con total
impunidad. Esto no es conflicto, es un crimen programado, una masacre y
un evidente genocidio. Es hora de que el mundo entero actue para frenar
a este monstruo y neutralizarlo.
Y no saquen a relucir lo de que asi
apoyamos a Hamas, porque tambien condenamos el brutal asesinato cometido
por los terroristas. Dicho esto,
cada día que pasa, el Estado de Israel sigue masacrando al pueblo
palestino ante los ojos del mundo. Los bombardeos a Gaza, el asedio
inhumano, los desplazamientos forzados, la destrucción de hogares,
hospitales y escuelas, constituyen una política de exterminio que debe
ser condenada con todas las letras:
genocidio.
No contento con eso, atacar flotillas humanitarias en aguas
internacionales, que llevan alimentos y medicinas a una población
sitiada, en un gesto de matonismo, brutalidad, arrogancia e impunidad.
Israel actúa como un Estado tirano y agresor, escudado en su poder
militar y en el silencio cómplice de muchos gobiernos. Pero los pueblos
del mundo no somos ciegos ni sordos. Sabemos que lo que está ocurriendo
en Palestina es una limpieza étnica lenta, sistemática y calculada de
forma cruel y despiadada como en su día hizo Hitler en el supuesto
holocausto judio. Y ya no basta con sanciones internacionales, juicios
en tribunales internacionales, ruptura de relaciones diplomáticas,
boicot, desinversiones y sanciones, hay que pararlo de una forma u otra,
hay que dar una respuesta firme y contundente. Porque si asesinan
sin condena real no habrá justicia. Si se sigue permitiendo que masacren
a inocentes les daremos carta de impunidad. Si el mundo lo tolera se
adormecerá la conciencia de la humanidad.
Y el día de mañaña nos
recordará como complices y cobardes que nos resiganamos a soportar el
asesinato, el crimen, la injusticia, la barbarie y la maldad. La
reciente interceptación de flotillas humanitarias en aguas
internacionales con rumbo a Gaza, destinadas a llevar alimentos,
medicinas y asistencia a una población asediada, no solo representa un
acto de piratería estatal, sino que demuestra el uso sistemático de la
fuerza bruta contra iniciativas pacíficas. Atacar ayuda humanitaria es
un símbolo del desprecio por la vida y por los esfuerzos de la comunidad
internacional para aliviar el sufrimiento del pueblo palestino. La
historia juzgará a quienes, pudiendo actuar, optaron por el silencio o
la complicidad. También juzgará a quienes han convertido el derecho a la
resistencia de un pueblo en una excusa para justificar su exterminio
sistemático.
Lunes 29 de Septiembre
¿Existe
la España vaciada?
Pero
primero pongámonos en contexto ¿Que es la España
vaciada? El término se usa para
describir las áreas rurales de España que han
experimentado un descenso sostenido de población durante
las últimas décadas, con envejecimiento demográfico, migraciones
hacia áreas urbanas, pérdida de servicios públicos,
menor actividad económica, etc.
Aunque hay ediles que lo niegan, la verdad es que esa
España vaciada existe y las causas de esa despoblación
todos las conocemos. Negarlo es ir contra la cruda
realidad. Por desgracia Zamora es una de las provincias
inmersa de lleno en esa España vaciada. La evolución
negativa de su demografía
asi lo constata. Ahora
pregúntate. ¿En tu pueblo se dan estas circunstancias?
Pero
ciñámonos a los datos recientes publicados por los
medios de comunicación que muestran la despoblación y
sus causas:
1) Zamora es una de las
provincias que más población ha perdido en los
últimos años.
El País+5elDiario.es+5OndaCero+5;
2) Concretamente, desde
1999, Zamora ha perdido alrededor del
16 %
de su población.
elDiario.es
;
3) En los últimos 50
años Zamora ha perdido cerca del
34,42 %
de su población.
NoticiasGalicia.com
:
4)
En el último año
(datos recientes), Zamora fue una de las provincias
con mayor tasa de pérdida porcentual de población
entre las españolas.
OndaCero+1,
etc, etc, etc.
Y ahora expongamos los motivos que
ya todos conocemos: Los jovenes que emigran en busca de
empleo, estudios o servicios culturales y de ocio, la
baja tasa de natalidad, el envejecimiento demográfico,
la debil economía local y la falta de empleo,
infraestructuras y servicios insuficientes desconexión
digital y tecnológica, lo que nos lleva a una espiral
negativa:
La pérdida de población lleva a menos demanda de
servicios, lo que conduce al cierre de colegios,
consultorios médicos, oficinas administrativas,
tiendas… lo que a su vez provoca que más personas se
marchen, empeorando la situación. Los retos y
obstáculos para revertir esa situación son ingentes y
muy difíciles de reiniciar una situación que ya es
irreversible.
Porque recuperar esa población perdida
no solo implica traer gente, sino asegurar que se
quede: empleo estable, servicios, calidad de vida,
conexión digital, transporte., etc.. por otro lado
el envejecimiento de dicha población hace muy difícil el
reemplazo por falta de nacimientos y según la información
aportada Zamora tiene la población mas envejecida de
España, donde mas se emigra y donde hay menos
nacimientos.
Crudo lo tenemos. Y aunque se han puesto
algunas medidas en marcha la situación es irreversible.
Lo mas preocupante es la tendencia y proyección
demográfica en el tiempo. Según el INE, la provincia de
Zamora seguirá teniendo una perdida continuada de
habitantes a tenor de las variables de edad, nacimientos
y servicios con un resultado probable de una pérdida
entre un 15 y un 20% de población en los municipios
pequeños y entre un 10 y un 15% para el conjunto de la
provincia, lo que supondría una perdida de unas 30.000
habitantes para el 2031.
En cuanto a mi pueblo, la
proyección demografica en cuanto a perdida de población
la situa en un 3,2% anual, lo que significa que el 2030
tendriamos 161 habitantes, para el 2024, 112 y para el
2050 quedarían 69, y hablamos de empadronados, porque
los residentes estarian entre 9 y 15 habitantes. Que
nadie me atribuya nada con enfasis, son datos del INE Y ahora,
si os sirve de consuelo, podemos seguir diciendo o
pensando que Zamora no está en la España vaciada y que
los pueblos tienen futuro demográfico. Pero si somos
coherentes aceptaremos una realidad, que no deja de ser
dura, con la que tenemos que bregar , adaptarnos y
mejorar la situación en todo lo que podamos. ver:
demografía
Domingo 28 de Septiembre
La Flotilla humanitaria
hacia Gaza
¿Temeridad o conveniencia?
El envío de una fragata de
Guerra acompañando a la
flotilla que se dirige a
Gaza para socorrer a los
palestinos, puede costar
caro a España. Las
consecuencias para España si
Israel decide atacar al
buque de guerra pueden ser
desastrosas. Enviar
una fragata de guerra para
escoltar o acompañar una
flotilla humanitaria hacia
Gaza tiene implicaciones
legales, diplomáticas y
militares muy serias. A la
primera escaramuza habria
que contemplar los
principios del Derecho
Internacional que imperan en
el mar: como las aguas
territoriales, la zona
contigua y los derechos de
paso de buques extranjeros,
pero sobre todo el Derecho
Internacional Humanitario en
conflictos armados, siempre
respetando la soberanía
marítima de los Estados
costeros.
Hasta aquí bien.
Pero ¿Y si Israel decide no
respetar los Derechos
Internacionales, como viene
haciendo con quien le da la
gana? Está claro que las
advertencias diplomáticas no
sirven desde el momento en
que Sánchez decidió por
conveniencia política o por
irresponsabilidad enviar un
buque de guerra. Así que si
hay una petición por parte
de Israel de que se
abandonen las aguas
territoriales y España no
obedece, legitimará a Israel
para el uso de la fuerza con
el riesgo de escalada
militar, donde España sería
como un cero a la izquierda
y no podría invocar el
artículo 5 del tratado de
ayuda mutua de la OTAN, al
haber sido el provocador del
incidente.
En caso de
conflicto armado con Israel
el coste militar y económico
seria devastador para
España, provocando una
crisis sin precedentes para
todos los ciudadanos, tanto
a nivel económico como
político y social. Lo mas
coherente, una vez que
Sánchez ha cometido esta
temeridad es que el buque no
viole el bloqueo, no
intervenga ante cualquier
accion por parte de Israel,
ni entre en sus aguas
territoriales, a fin de
evitar un choque militar de
consecuencias gravísimas:
bajas humanas, desastre
económico, social y
militar. ¿Puede ser esta
iniciativa política un
movimiento politico de
Sanchez para desviar la
atención de sus
conflictos, e incluso de
crear una situación de
excepción para evitar
convocar elecciones y
continuar en la Moncloa?
Espero que no, porque las
consecuencias para España y
los españoles serían apoalípticas. En todo caso
no deja de ser una
irresponabilidad no exenta
de peligro, de temeridad y
riesgo de conflicto armado.
Lo mas coherente ex que el
buque se mantenga a una
distancia mas que prudente y
se limite a socorrer a las
posibles víctimas de la
reacción bélica de Israel.
Porque reconozcamos que en
caso de un conflicto armado,
Israel nos barrería sin
esfuerzo, mas cuando tiene a
su amigo de Marruecos como
aliado.
Viernes 26 de Septiembre
La Soledad de los Pueblos tras el
Verano
El Silencio que Queda
Cada año, con la
llegada del verano, los pueblos recobran una vida que parecía dormida
durante los meses fríos. Se llenan de risas, de voces, de encuentros. Las
calles se animan con el bullicio de los niños correteando, con el sonido de
las charlas al caer la tarde, con las fiestas patronales que tiñen de color
y música hasta el último rincón. La juventud, muchas veces ausente durante
el año, vuelve a ocupar su lugar en las plazas, devolviendo la chispa que da
sentido a la memoria colectiva del lugar. Pero todo eso, como la estación
misma, es efímero.
Cuando el verano termina, también se apaga esa
efervescencia. El regreso a la rutina se impone, y con él, una tristeza
callada se instala en los pueblos. Las calles, que hace solo unos días eran
escenario de juegos, celebraciones y reencuentros, quedan vacías, mudas. Un
silencio profundo lo cubre todo, como una niebla invisible que lo invade con
una mezcla de paz y melancolía. No es solo la ausencia física de las
personas lo que entristece: es la sensación de abandono, de vacío, de una
vida interrumpida. Los bancos de las plazas quedan desiertos, las puertas
vuelven a cerrarse temprano, y solo quedan los pocos vecinos que,
resignados, conviven con esa rutina solitaria durante el resto del año. En
ellos queda la espera silenciosa de otro verano, otro regreso, otra chispa.
La vida rural, tan rica en tradiciones y comunidad, se encuentra hoy
fragmentada por el éxodo hacia las ciudades, por la falta de oportunidades y
por un modelo de vida que ha relegado al campo a un segundo plano.
El verano
se convierte entonces en el único momento del año en el que los pueblos
recuperan su esencia completa, cuando vuelven los hijos, los nietos, los
amigos de antaño. Pero este resurgir, por más alegre que sea, lleva
implícita una fecha de caducidad. Es una alegría que sabe a despedida desde
el primer día. No hay duda de que la calma que sigue al bullicio también
tiene su belleza. El silencio del campo, la serenidad de las tardes sin
prisa, el murmullo de las hojas movidas por el viento: todo ello tiene un
encanto propio. Pero hay una diferencia entre la tranquilidad buscada y la
soledad impuesta. Lo que se vive en los pueblos tras el verano es esta
última: una soledad que no se elige, que llega sin pedir permiso y que deja
una estela de tristeza en quienes se quedan.
Quizá sea momento de repensar
nuestra relación con estos pueblos, de buscar formas de darles vida más allá
de las vacaciones. No solo por el valor histórico o estético que tienen,
sino porque en ellos habita una forma de vida que merece ser preservada,
habitada, vivida. Porque un pueblo no es solo un lugar en el mapa: es una
memoria compartida, una raíz común, un hogar que espera. Mientras tanto, con
cada final de verano, los pueblos se quedan en silencio. Las risas se
esfuman, la música se apaga, y solo queda el eco de lo vivido. Un eco que
impresiona, que emociona, y que, ojalá, nos mueva a no olvidar esos lugares
que, aunque parezcan dormidos, siguen latiendo bajo la piel del tiempo.
Jueves 25 de Septiembre
Ser político: ¿vocación o
pasaporte al privilegio?
Decía un buen amigo: Si
quieres vivir como un
sátrapa, disfrutar de
privilegios, prebendas y
poder, métete a político. Y
a raiz del espectáculo
esperpéntico y vergonzoso
que vemos todos los días,
tengo que darle toda la
razón. En este país, ser
político no solo es un
chollo, es para muchos, el
pasaporte directo a una vida
de comodidades y privilegios
pagados por los
contribuyentes.
Y si
hablamos de eurodiputados el
espectáculo es escandaloso,
con sus 23.000 euros netos,
con sus dietas,
desplazamientos, derechos a
asesores, secretaria,
despacho, viajes, etc, etc,,
y solo por acudir una vez al
mes al Parlamento. Y no, no
es una exageración. Basta
con mirar los sueldos, las
dietas, los asesores a dedo,
las jubilaciones doradas y
la falta de
responsabilidades reales
cuando se cometen errores
graves. La política debería
ser un servicio público. Un
compromiso con la mejora de
la sociedad y el bienestar
colectivo. Pero en la
práctica, se ha convertido
para demasiados en una
plataforma "laboral" con
beneficios que la mayoría de
trabajadores ni sueñan
alcanzar. Mientras las
familias hacen malabares
para llegar a fin de mes,
algunos representantes
públicos acumulan cargos,
sueldos y prebendas con una
facilidad pasmosa. Peor aún
es la impunidad.
Cuando un
político mete la pata
(o
directamente mete la mano),
las consecuencias suelen ser
mínimas o inexistentes. Y si
pierde un puesto, no pasa
nada: pronto aparece
recolocado en otro cargo
público o en una empresa
afín. ¿Y el ciudadano? El
ciudadano paga. Paga con sus
impuestos, con su paciencia,
y con una confianza cada vez
más erosionada en un sistema
que parece premiar a los que
más lejos están de la
realidad, de la honradez y
de la integridad. Esto no es
una crítica a la política en
sí, sino a cómo se ha
desvirtuado al utilizarse en
beneficio propio.
Porque
necesitamos buenos políticos
que hagan de su profesión un
servicio al público, no
un negocio personal. Porca
miseria
Miércoles 24 de Septiembre
La familia
Durante
mucho tiempo nos han enseñado que la familia es aquella con la que
compartimos la sangre, el apellido, las raíces, y la fortaleza de la unión.
Pero con los años, la vida nos demuestra que no siempre es así. La verdadera
familia no siempre nace de los lazos biológicos, sino de los lazos del
corazón. Familia es quien está cuando más lo necesitas, quien te escucha sin
juzgar, quien te cuida, te respeta, te valora y te acepta tal como eres.
Esas personas que te acompañan en los momentos oscuros, que celebran tus
logros con alegría sincera y que están presentes, no por compromiso, sino
por amor genuino. Lamentablemente, no todas las familias de sangre son así.
A veces, en esos vínculos encontramos lo contrario: envidia, rencor,
competencia, frialdad, o incluso malicia.
Y es doloroso admitir que, por más
que nos una el apellido o el árbol genealógico, hay relaciones que hieren
más de lo que sanan. No hay nada más injusto que sentirse solo rodeado de
personas que supuestamente deberían cuidarte. Por eso, he aprendido a
valorar, aún más, a quienes me brindan amor sin condiciones, a quienes están
a mi lado por elección, no por obligación. Amigos, parejas, colegas o
incluso personas que llegan de forma inesperada y se convierten en parte de
tu vida de manera profunda. A ellos también los llamo familia. Porque ser
familia no es una cuestión de sangre, sino de lealtad, empatía y amor
verdadero.
A todos los que han estado cuando más lo necesitaba, a quienes me
han sostenido sin juzgarme, a quienes han elegido compartir el camino
conmigo con respeto y cariño: gracias. Vosotros me enseñais cada día, que la
familia no siempre es la que comparte lazos de sangre, sino que la mayoría
de las veces se encuentra, se construye, y se cuida con el alma.
Martes 16 de Septiembre
Europa juega con fuego, y Rusia no tiembla
ante las llamas
Una advertencia al mundo sobre la peligrosa
escalada entre la OTAN y Rusia
La euforia bélica que
hoy recorre los pasillos del poder en algunas capitales europeas y en los
cuarteles de la OTAN debería ser motivo de alarma, no de orgullo. Se está
jugando un juego extremadamente peligroso, con una potencia nuclear que no
solo tiene capacidad de respuesta, sino también voluntad para llevarla al
límite si se siente acorralada. Y ese jugador es Rusia.
A estas alturas, pensar
que la OTAN puede cercar a Moscú, seguir ampliando su influencia militar en
el Este, y a la vez esperar una respuesta moderada o diplomática por parte
del Kremlin, es
una ingenuidad peligrosa. Es más, podría ser
el principio del fin.
Putin no necesita invadir Europa… a menos
que se lo provoque
Muchos expertos occidentales aún creen que
Vladimir Putin es un líder que actúa como
los de Bruselas o Washington: condicionado
por encuestas, presión pública o intereses
comerciales. No entienden que, para el
régimen ruso, perder no es una opción. Y si
Putin llegara a considerar que la
supervivencia de Rusia está en juego, no
dudaría en llevar el conflicto a su nivel
más destructivo, incluso al nuclear.
La historia lo
respalda. Rusia (entonces la Unión Soviética) sacrificó decenas de millones
de vidas para frenar a Hitler y liberar Europa del nazismo. No lo hizo por
altruismo, sino por supervivencia. Y si Putin se ve acorralado, no tendrá
reparos en tomar decisiones igual de extremas. Nadie debería subestimarlo.
¿De verdad alguien cree que ganará una
guerra contra Rusia?
En el tablero actual, Europa se muestra cada
vez más dividida, económicamente frágil y
estratégicamente dependiente de Estados
Unidos. Por su parte, Rusia ha consolidado
alianzas con China, Irán, Corea del Norte y
buena parte del Sur Global. Mientras tanto,
el conflicto en Ucrania se ha estancado, y
la narrativa occidental empieza a mostrar
fisuras. Y aún así, algunos piensan que
pueden arrinconar a Moscú sin consecuencias.
La verdad es otra: si
la OTAN y sus aliados siguen alimentando este conflicto sin ofrecer una
salida diplomática realista, se arriesgan no solo a perderlo, sino a
arrastrar al mundo entero al abismo. Esto no es una película ni una
simulación: estamos hablando de miles de ojivas nucleares listas para
activarse si alguien comete el error fatal.
Ucrania no es un tablero, es una bomba de
relojería
Europa debe entender que Ucrania no es una
ficha de ajedrez para repartirse entre
potencias. Mientras siga siendo el campo de
batalla entre bloques, no habrá paz ni
reconstrucción posible. Y lo que Europa
pueda sacar de este conflicto —si sobrevive—
será poco más que migajas... o escombros.
Putin no firmará ningún
tratado que implique renunciar a los territorios ya ocupados. Es una
posición inamovible para Rusia, y quien no lo entienda, no entiende la
lógica brutal de la geopolítica contemporánea.
¿Hay locos dispuestos a provocar el fin del
mundo?
Sí, los hay. Y peor aún: algunos de ellos
están al mando de países con capacidad
nuclear. Pero más que locura, lo que hay es
una lógica fría, estratégica, de
supervivencia nacional a cualquier precio.
Si se llega al punto de no retorno, no habrá
marcha atrás, ni diplomacia de última hora
que nos salve.
Por eso, a los líderes
de la OTAN, de Europa, de Estados Unidos y del mundo: piensen antes de
actuar. Midan sus pasos. Escuchen más allá del eco de sus propios discursos.
Porque si continúan provocando al oso ruso sin ofrecerle una salida
honorable, ese oso puede volverse letal.
Y si eso ocurre, que
nadie diga que no fue advertido.
Lunes 15 de Septiembre
La OTAN y el juego peligroso con
Rusia
La euforia bélica que domina ciertas
capitales occidentales debería ir acompañada
de la máxima prudencia. No estamos frente a
un enemigo menor ni ante un conflicto
convencional. Si los líderes de la OTAN
creen que Rusia puede ser derrotada sin
consecuencias catastróficas, es que no han
comprendido con quién están tratando.
Vladimir Putin no
necesita invadir Europa... a menos que se le empuje a ello. Y si lo hace, no
lo hará a medias: Rusia ha demostrado en el pasado estar dispuesta a pagar
precios humanos inmensos si lo considera necesario, como ocurrió durante la
Segunda Guerra Mundial.
Si el Kremlin llegara a
percibir que su supervivencia está en juego, la opción nuclear no sería
impensable. Por eso, más que nunca, se requiere liderazgo con visión,
responsabilidad y, sobre todo, voluntad de evitar la tragedia.
Ucrania no puede ser el
terreno de juego eterno de las potencias. Y si Europa realmente quiere
influir en el desenlace, necesita más estrategia y menos testosterona. De
seguir por este camino, solo obtendrá escombros y migajas, mientras otros
—como Rusia y posiblemente EE.UU. bajo una presidencia Trump— se reparten la
tarta.
La pregunta final no es
si alguien sería tan loco como para usar armas nucleares... sino si hay
alguien lo suficientemente cuerdo como para evitar que eso ocurra.
Domingo
14 de Septiembre
La OTAN no salvará a Europa si Putin decide
invadirla
La OTAN
cometerá un error garrafal si subestima a Rusia,
porque Putin actuará sin límites si se siente
acorralado. Y prolongar el conflicto en Ucrania
aportando armas no solucionará el problema. Muy
bien deben medir los pasos los países de
la OTAN si no quieren crear el Armagedón, porque
la euforia debe ir acompañada de la prudencia,
la responsabilidad y la competencia para
solucionar el conflicto sin arriesgarse a
perderlo todo. Porque si los países que integran
la OTAN creen que van a poder vencer a Rusia, es
que todavía no saben con quien se la están
jugando.
Y por cierto Putin no invadirá a
Europa.... a no ser que Europa le provoque y le
de motivos para hacerlo, y amigos, convenceros,
si Putin invade Europa lo hará con todas las
consecuencias aunque sepa que para ello tenga
que sacrificar 10 millones de soldados. Ya lo
hizo en el pasado cuando ganó la Segunda Guerra
Mundial, frenando a Hitler y a su potente
ejército. Y que nadie se engañe, si Putin se ve
acorralado o piensa que Rusia puede perder
frente a Europa, no dudará en desencadenar el
"holocausto nuclear".
Así que "líderes de la
OTAN, medir bien bien vuestras acciones,
vuestras escaramuzas y provocaciones, porque si
la liais, nadie va a quedar para contarlo. Y que
os quede claro, Rusia jamás firmará un alto el
fuego con Ucrania ni tratado de Paz, si ello
implica perder los territorios conquistados. Ya
lo dije cuando se inicio la guerra. Los motivos,
para quien conoce la estrategia geopolítica
mundial son obvios. Si Europa quiere repartirse
la tarta de Ucrania con Putin y EE.UU., la
opción no es seguir alimentando la Guerra.
Europa, de Ucrania solo va a obtener lo que
Putin y Trump acuerden, así que cambiar de
estrategia, zafios temerarios e irresponsables.
Porque por ese camino solo recogeréis migajas y
escombros. La única salida realista es negociar
con Rusia, incluso si eso implica ceder
territorios.
Y preguntaros ¿Existe algún
loco capaz de usar bombas nucleares a sabiendas
que provocará su propio fin? Y yo os digo,
desgraciadamente, SI.
Sábado 13 de Septiembre
Una Europa inútil, con una burocracia impotente e ineficaz ante la barbarie
de Israel
Europa ha demostrado su
impotencia, su ineficacia y su debilidad al no ser capaz
de llevar a cabo acciones de presión para que el asesino
y criminal Netanyahu deje de cometer crímenes de guerra
contra la población civil en la franja de Gaza, donde mas de
77.000 civiles han
muerto entre ellos 27.000 niños y otros 15.000 están
condenados a morir de hambre por inanición, ante la prohibición de
Israel para que no se suministre ayuda humanitaria.
La
Unión Europea ha demostrado ser un centro de burócratas,
inútiles e incapaces de solucionar los problemas que
afectan gravemente a los derechos y libertades de una
población, atentos mas ante las escaramuzas de Putin que
al genocidio de Netanyaju y su anexión de territorio que
no le pertenece, mediante el asesinato y expulsión
de los habitantes de Gaza, pero sobre todo atentos a mantener su status de
privilegios y poltronas, mientras se asesina
impunemente, lo que les convierte de alguna manera en
cómplices de la barbarie.
Cabe preguntarse ¿Porque la
Presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen
ignora y cuestiona la violación sistemática por parte de
Israel de los derechos humanos? Si, la misma que
manifiesta que no le importaría ir a la Guerra contra
Rusia y que estemos preparados para enviar a nuestros
hijos a Ucrania a luchar en el frente. Políticos así son
un peligro para la seguridad, la estabilidad y la paz de
los ciudadanos europeos.
Con una OTAN que se prepara para hacer frente a una
posible invasión Rusa de Europa (nunca lo hará), pero
que es incapaz de detener la barbarie y el genocidio que
Israel esta cometiendo contra el pueblo Palestino. Con
un Netanyaju que ha emulado a Hitler y contra el que el
mundo entero luchó, y sin embargo contra el genocida,
bárbaro y criminal Netanyaju los líderes del mundo se
muestran sumisos y resignados. Porca miseria.
Viernes 12 de Septiembre
Para que el mal triunfe
solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada
Cuando vemos tanta barbarie,
atropellos e injusticias en
el mundo y nos planteamos la duda de si hacer algo o
dejarlo correr como parte del orden natural, estamos
poniendo nuestro granito de arena para que el mal se
perpetué, porque debemos tener en cuenta que las tiranías
no se mantienen solo por el sometimiento y la fuerza,
sino principalmente por el silencio y la sumisión. Los peores males
que ha sufrido la humanidad no han empezado con el uso
de las armas sino con la indeferencia de los buenos ante
los atropellos e injusticias de los malos.
En
consecuencia el desorden y el caos se agrava y aumenta
con la inanición o falta de compromiso con los valores
que cimientan una sociedad, con un mundo en progreso,
libertad y paz. La responsabilidad social y la lucha
contra el mal y las injusticias, es un compromiso que
todo ser humano debe mantener y llevar a cabo de forma
coherente y práctica, a no ser que nos inhibamos,
convirtiéndonos en cómplices de las mismas. La pregunta
es ¿Basta con no hacer nada para que abunde el mal? SI.
Porque cuando los que pueden alzar la voz eligen callar,
están construyendo sin saberlo el trono donde se sienta
el opresor y el tirano, la barbarie y el atropello, las
injusticias y el mal... Con ello se evidencia que
quedarse al margen no es neutralidad sino complicidad.
La pasividad frente a las injusticias es una forma de
participar en ellas. Este y no otro es el origen de los
males que afligen a la humanidad. Es la causa de que en
la tierra pudiendo tener el cielo tengamos el infierno.
Ahora ya lo sabes. ¿Como vas a actuar?
Viernes 23 de Mayo
Israel ganará la guerra, pero ya nunca podrá dormir
en paz.
Israel condena a mas de 17.000
niños palestinos con
el bloqueo de la ayuda humanitaria, a la hambruna y a la muerte
por inanición, mientras la comunidad internacional se
siente impotente ante semejante monstruo. La brutalidad, la violencia y
el daño engendran violencia, odio y venganza. No solo se
ha ganado el odio de los palestinos, se ha ganado el
odio del mundo entero. Después de lo ocurrido en Gaza
siempre habrá alguien dispuesto a vengar los horrendos
crímenes y las atrocidades cometidas por Israel. La duda de cada
israelí de que en un momento dado puedan tener alguien a
su espalda les acompañará para siempre y les robará su
paz, su tranquilidad y su sueño.
Cuando mas tranquilos estén seguros de su victoria,
la tormenta huracanada caerá sobre el pueblo de Israel.
Así esta escrito y así sucederá.
Jueves 22 de Mayo
Bloqueo total a Israel ya
Netanyahu ignora la presión internacional, como en su
día hizo Hitler y condena a Gaza a la hambruna,
donde el único alimento que les queda es la hierba y
las hojas de los árboles.
Es tan flagrante la violación de derechos humanos por
parte de Israel contra Palestina, que el mundo entero
debe unirse ya para aplicar un bloqueo total al régimen
de Netanyaju y cortar de inmediato toda relación
diplomática, para evitar que siga cometiendo un
genocidio marcado por la barbarie, la crueldad y la
masacre continua de inocentes, entre los que la mayoría
de las víctimas son mujeres, ancianos y niños que ya ha
supuesto una tragedia humanitaria de proporciones
bíblicas.
La ONU se juega su prestigio y su credibilidad
en la decisión que tome al respecto, ya que si permite
que esto continué demostrará su impotencia ante la
barbarie de un genocida que no respeta a nada ni a
nadie, excepto a los que les suministran armas y apoyo
logístico. Hay que tomar una decisión ya, antes de que
la barbarie cause la muerte de millares de niños y
mujeres por hambruna, metralla y bombas. Es un deber y
una obligación de los líderes mundiales, un desafío
moral y un imperativo del que no es posible escapar, a
expensas de que te hagas cómplice de tanta barbarie y
maldad, ante hechos y situaciones que son contrarias a
derecho, justicia, piedad y humanidad.
Martes 20 de Mayo
No es serio este país
Un país donde
los puteros te dicen que van a abolir la
prostitución, los abusadores sexuales defienden el
feminismo, donde los terroristas te hablan de
derechos humanos, donde los que no han trabajado en
su puta vida te hablan de reducir la jornada
laboral, donde los pederastas te hablan de proteger
a los niños, donde los políticos te prometen
hacer puentes donde no hay ríos, donde los corruptos
te hablan de ética, moral y decencia, donde se
premia las astucia y la malicia en vez de lo
méritos, donde el poder del dinero está por
encima de los valores y principios, y donde los
ladrones de guante blanco te hablan de cumplir con
nuestras obligaciones fiscales, son síntomas
de que ese país y el sistema son un completo
fracaso, cuya degradación y decadencia ya es
evidente y aceptada como un mal menor, y no deja de
darte la risa cuando te hablan de obligaciones, de
ley y de justicia, y te entran muchas ganas de
mandar a la mierda a toda la gentuza cínica,
hipócrita, indecente y falsa que te encuentras en
cada esquina de este sufrido país.
Lunes 19 de Mayo
Cuando el cinismo, la hipocresía y la desvergüenza se
pasean por los escenarios mundiales
Cuando
renunciamos al pensamiento critico frente a dogmas
establecidos previamente impuestos, estamos
renunciando a usar la inteligencia en favor de
creencias que ofreciendo humo y utopías, no queremos cuestionar,
bien por comodidad para evitar pensar, bien por
interés personal o interés electoral. Es una ceguera
voluntaria frente a la evidencia, porque nos
sentimos mas cómodos digeriendo un contenido que
protegen nuestros prejuicios y supersticiones,
evitando enfrentar ideas que los desafíen. Lo triste
es que estas personas no carecen de inteligencia
sino que renuncian voluntariamente a usarla. Se
sienten mas cómodos siendo rebaño que pastores.
Hay paises que llevan así desde hace 2000 años. Por lo
general suelen ser los mas atrasados. Las élites
económicas, mediáticas y políticas han usado siempre
la táctica mas oportunista en el momento oportuno
como medio para preservar su imagen y su estrategia
personal y o electoral y así declarándose ateos o
enemigos del clero no dudan en asistir a funerales o
proclamaciones de Papas, pues vivimos en una época
en que la ética, la integridad o la nobleza son
valores devaluados cuando de por medio están las
elecciones que les pueden llevar al poder a unos y
conservarlo los otros. Ya sucedió en el pasado,
donde el rechazo al colectivo Gay se transformó en
bienvenida y aceptación cuando se dieron cuenta de
que era una cantera de votos que podían hacer ganar o
perder las elecciones.
Hoy día el voto de los
creyentes puede inclinar la balanza hacia un lado u
otro de forma evidente y obtener la simpatía del
pueblo para perpetuarse en la poltrona y o
pedestales representativos.
Porque nadie lo dude, hoy día prevalece la imagen
sobre la sustancia, la estrategia electoral sobre la
ética, la ambición personal sobre los principios y
la integridad, y el poder por mas poder, aunque se embauque al público que te
escucha y te ve, con el único objetivo de manipular
y confundir a las masas, anulando su libertad de
pensamiento, su critica constructiva y su
independencia.
Viernes 16 de Mayo
Sin separación de Poderes no hay Democracia
Ni Jueces ni Fiscales deben
estar al servicio de un Gobierno o un partido. Deben estar al
servicio de la sociedad y siempre bajo el peso de la Ley. La
separación de Poderes da transparencia y consolida la democracia y
el Estado de Derecho. Lo que realmente atentaría contra los
derechos y libertades sería un gobierno que colonizase todas las
instituciones poniéndolas a su servicio. Eso transformaría la
democracia en una autocracia que derivaría inexorablemente en una
Dictadura. Todos debemos estar comprometidos para evitar esa
situación, que nos conduciría al régimen de Maduro y a la penosa
situación de Venezuela o Cuba.
Jueves 15 de Mayo
Un poco de dignidad por favor
Cuando un gobernante transforma la política de
interés general en cálculo e interés personal,
convierte a la política en una forma consciente de
deterioro institucional y social. Cuando un
gobernante aprueba medidas que se consideran
perjudiciales para la sociedad, para beneficiar a
otros a cambio de su apoyo y se hace con
conocimiento de causa, se está causando un deterioro
que daña al Estado de Derecho, convirtiendo a la
Democracia en una farsa y a la Constitución en papel
mojado. Y cuando un gobernante antepone los pactos
partidistas de coalición al interés general, no solo
daña a las instituciones, está dañando los intereses
y derechos de los ciudadanos.
De esto se deduce que
un gobernante que actúa de esta forma, no gobierna
para beneficiar al pueblo, gobierna para mantenerse
en el poder y para ello no duda en pactar y dejarse
chantajear con quienes reniegan de la patria, aunque
tenga que prescindir de integridad moral, de
dignidad, de nobleza y de decencia. Porque cuando un
gobernante aplica políticas que el mismo considera
nefastas para los intereses de los ciudadanos, está
prescindiendo de los valores y principios mas
trascendentales, con el único objetivo de contentar
a sus socios que le permiten continuar en el poder
al frente del Gobierno. Un gobernante así (si le
queda algo de dignidad, autoestima y amor propio)
debe dimitir o en todo caso convocar elecciones
cuanto antes, pues el deterioro que le acompañará,
terminará arrastrándolo al inframundo de la
amargura, del olvido, la vergüenza y el deshonor.
Martes 13 de Mayo
La Autocracia de la Democracia
Cuando alguien
concentra demasiado poder en si mismo, eliminado la
participación ciudadana y de los políticos que le
rodean afines a su grupo, tomando decisiones
unilaterales, podemos decir que la Democracia se
convierte en Autocracia (cuando no en Dictadura). La
Democracia hoy día tan solo es una farsa, una
máscara tras la que se esconden los poderosos para
legitimar sus políticas ajustándolas a "su derecho"
particular. Antes la Democracia era una forma de
Gobierno en el que el poder de decidir emanaba del
Pueblo y participaban en la toma de decisiones con
elecciones libres y manteniendo la separación de
poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y cuya
máxima expresión era el respeto a los derechos
humanos, el progreso social y la libertad de
expresión sin censura.
Hoy esa Democracia esta
devaluada, ya que el poder se concentra en una sola
persona que lo ejerce de forma absoluta, después de
colonizar las instituciones, eliminar la
independencia de Poderes, controlar los medios de
comunicación, modificar las leyes para perpetuarse
en el poder, debilitar las instituciones
democráticas y gobernar el país con una ideología
concreta, administrando las cuentas públicas como si
fueran de su propiedad.
El problema es que los
ciudadanos no usan el único control que aún le queda
(las elecciones) de forma coherente, pragmática y
responsable, y así se da el caso que teniendo la
oportunidad de cambiar a aquellos políticos que lo
están haciendo mal, se suele caer en el mismo error
evidenciando que no se tiene la formación necesaria
para elegir lo mejor y lo mas útil para el país,
para el pueblo. Ya lo dijo Platón en su tratado
sobre la "República": Los políticos electos deben se
aquellos que no vivan de la política sino para hacer
la mejor política para el pueblo, de ahí que deban
ser elegidos por un consejo de sabios, filósofos y
libre pensadores sin afiliación política. Dejar a
los grumetes al mando del timón del barco es elegir
un destino directo al precipicio. Esa es nuestra
situación y así nos va.
Viernes 9 de Mayo
Disertación teológica
San Agustín se planteaba en
sus disertaciones la dicotomía entre la fe y la
razón, la ciencia y la religión tratando de
complementarlas sin contradecirse, lo que generó un
debate teológico y filosófico que al día de hoy no
se ha cerrado. Solo desde la libertad de pensamiento
y con cierta honestidad intelectual se puede
discernir desde una perspectiva crítica pero sincera
y auténtica. No se puede aceptar la fe como una
forma de pensamiento porque no se fundamenta en
evidencias, siendo incompatible con la razón crítica
que exige pruebas y coherencia lógica, ya que
la fe aceptaría como verdades algo que la lógica, la
ciencia y la coherencia no puede aceptar.
Así que
desde la coherencia intelectual del ateismo, la razón
y la ciencia no pueden considerarse compatibles con
la fe y la religión. Silogismo puro. Una cosa es el
conocimiento por evidencia y otra muy distinta la
aceptación de dogmas por sugerencia o imposición.
Sin embargo no confundamos Iglesia con moral o
propósito de la Iglesia con historias inventadas y
deidades ficticias. La moral como conducta humana en
la que intervienen los principios, los valores y
virtudes es necesaria para sostener una sociedad en
progreso y en paz.
Algo que el ateo acepta no por
imposición sino por convicción, de ahí que sean tus
acciones implícitas en la moral lo que te hace
mejor persona, no tus creencias, ni la
religión. De ahí la consistencia entre el
conocimiento empírico, con la lógica, la moral
necesaria y la evidencia. La honestidad intelectual
nos enseña que la razón y la ciencia si son
compatibles con la realidad mientras que la fe y la
religión son fuentes surgidas de la superstición, la
fantasía y cierta manipulación y nunca pueden
sostenerse como fuentes de conocimiento en los
mismos términos que la ciencia.
Que cada uno crea lo
que quiera, pero admitiendo que mientras la ciencia
crea progreso, la fe genera retroceso en el
conocimiento, el progreso, la libertad y la luz.
Que cada uno crea lo que quiera, pero
admitiendo que mientras la ciencia crea progreso, la
fe genera retroceso en el conocimiento, el progreso,
la libertad y la luz.
Jueves 8 de Mayo
Piensa por
ti mismo y serás libre
Uno se
siente frustrado cuando observa que la estupidez humana se obstina
en ignorar la lógica y actuar en contra de lo racional y coherente.
Y aunque se asocia con la falta conocimiento y sentido común, la
verdad es que va mas allá de la ignorancia y se adentra en un
fanatismo irracional, alterando inconcientemente la percepción de la
realidad. Y es que a pesar de los avances en educación y tecnología,
siguen siendo las emociones, los prejuicios y las creencias
arraigadas las que juegan el papel crucial en el comportamiento
humano. Esto no indica necesariamente falta de inteligencia, sino
una consecuencia de la manipulación de esas instituciones que
generan un miedo ancestral, al aferrarse a creencias que provocan
cierto consuelo, aunque se basen en ficciones totalmente
desconectadas de la realidad en que se vive. Esto se agrava cuando
ciertos pensamientos se bloquean y no se cuestionan dado que el
entorno que te rodea piensa igual y sin alternativas haciendo que la
burbuja ficticia se crezca y se proteja a si misma. Y uno no es
estúpido por ser ignorante, se es estúpido cuando se rechaza una
información que con toda lógica le muestra la realidad, se es
estúpido cuando su fanatismo hace que se cierre a la posibilidad de
aprender o sostener ideas que van en contra de la realidad a pesar
de las pruebas evidentes.
A lo largo de la historia el miedo ha
hecho que muchos prefieran vivir en un mundo ficticio donde las
respuestas simples parecen mas atractivas que la complejidad de
pensar diferente. La estupidez en si no es nociva para quien la
sostiene, lo es cuando engendra ignorancia y fanatismo que suele
generar violencia, retroceso y caos. El conformismo intelectual
generado por la estupidez y el fanatismo provoca cierta resistencia
a la autocrítica, te vuelve sumiso y receptivo a escuchar aquello
que nos gusta escuchar pero que no dejan de ser trampas psicológicas
que limitan nuestro desarrollo personal y nuestra libertad de
pensar.
Sin embargo hay que constatar que la estupidez humana
significa un obstáculo para el progreso y evolución humana, pues la
comodidad mental que ofrece una creencia hace que dejemos de
cuestionar, de explorar, de progresar y de razonar de manera lógica
y critica, reduciendo nuestras posibilidades de alcanzar un futuro
mejor. ¿Como podemos contrarrestar los efectos de la estupidez? Pues
fomentando la educación y el pensamiento crítico e independiente,
cuestionando aquello que no nos de las garantías de veracidad
mínimas, creando un espacio donde la empatía y el respeto mutuo,
donde la verdad y el razonamiento tengan un lugar preferente, lejos
de los espacios mediáticos, la manipulación y las imposiciones que
se nos inculcan sin haber discernido si son reales o ficticias,
donde la luz de la razón pueda brillar mas que las sombras de la
ignorancia o las tinieblas del fanatismo.
Lunes
5 de Mayo
El Gran Apagón III
Continua la incertidumbre y la desconfianza.
Una semana después del suceso mas traumático que
ha sufrido España en mas de 60 años, y a pesar de las comisiones de
investigación por parte de de los organismos públicos y los
departamentos de energía tanto públicos como privados, el Gobierno
no ha sido capaz de dar seguridad y confianza a los ciudadanos, que
temen que en cualquier momento vuelva a repetirse el desastre vivido
con el consiguiente caos. Que no se hayan asumido responsabilidades
ni que Sanchez haya cesado a los responsables directos o indirectos
contribuye muy poco a dar cierto nivel de tranquilidad y
seguridad, menos cuando sospechamos que todas las investigaciones y
manifestaciones están supeditadas al interés político y económico,
circunstancia que nos da pocas esperanzas de que conozcamos la
verdad.
Y por mucho que nos cuenten, los españoles tenemos la
sospecha de que nunca vamos a saber lo que pasó aquel lunes
fatídico. Nos están colando una secuencia de hechos, entre energía
renovables e inercia y capacidad de almacenamiento y distribución
para nivelar la energía que entra y que sale para que no salten "los
plomos", pero con tanta clase magistral sobre energía y
electricidad, los ciudadanos ya no saben si tragarse el relato o si estan fabricando un montaje exculpatorio. Lo que si es cierto es que
nadie ha pedido disculpas ni ha dimitido ante unos hechos que
pudieron ser muy graves de consecuencias impredecibles en el tiempo
y que tal hecho no puede quedar impune, y mucho menos cuando no nos
dan la seguridad de que no pueda volver a ocurrir.
Queda claro que
el Gobierno, accionista mayoritario de Red Eléctrica debe asumir las
responsabilidades pertinentes y, las operadoras privadas que
tuvieron unos beneficios de 27.000 millones el año pasado y que
conocían el deterioro de la red, se les debe exigir la
responsabilidad compartida, si de sus acciones se deriva desidia o
negligencia por no haber dado la solidez y consistencia a la
infraestructura de la red que debe soportar esos altibajos de
energía.
Y no queremos declaraciones compungidas de ciertos
responsables que no dan al ciudadano tranquilidad y seguridad,
queremos que nos den la certeza de que se van a tomar las medidas
para que el Lunes negro no se vuelva a repetir y por supuesto que se
cese a los responsables para que se tomen en serio las
responsabilidades que a cada uno le correspondan, para que España
deje de ser un país bananero y tercermundista.
Jueves 1 de Mayo
El Gran Apagón II
Negligencia, manipulación o incompetencia
Hoy ya superado el estupor por la situación
caótica vivida por el Apagón recuperamos la calma, teniendo en cuenta
que el peligro de que se repita sigue en el aire . Como todos habéis
estado pendientes de las informaciones que han dado los medios de
comunicación, ya estaréis enterados de por donde van los tiros... Los
expertos deducen que el "Apagón" se produjo por saturación de la red
eléctrica o sea por "exceso de energía" que la deficiente estructura
de la red española no pudo absorber, "saltando los fusibles" por
decirlo de alguna manera, ya que los controles de reconducir esa energía
se petaron. ¿Esto que significa? Pues que a pesar de que las eléctricas
tienen miles de millones en beneficios (el año pasado fueron 27.000
millones) no han sido o no han querido invertir en modernizar y dotar de
mejores controles o acumuladores de energía, sobre todo la procedente de
las renovables (molinos, placas, hidroeléctricas, biomasa, geotermia,
etc) para reconducir el exceso de electricidad producida junto a la
acumulada por las no renovables (petróleo, gas natural, carbón y
nucleares).
¿Esto que quiere decir? pues o que se invierte en generar
controles o acumuladores de energía para reconducir el exceso y se
renueva el parque eléctrico dotándolo de una infraestructura sólida o
volveremos a tener otro apagón, mañana, la próxima semana o dentro de un
mes, como cualquier país tercermundista de mierda, que no merece unos
gobernantes mediocres, que colocan a sus ministros en puestos de
responsabilidad, sin tener preparación alguna en sus competencias,
excepto el dedo divino de su presidente que los enchufa en estos puestos
con salarios millonarios.
Al margen de esto, para todos los que sois
fieles a la página y me seguís, mi consejo de hoy, es que no dudéis en
haceros con un KIT de emergencia completo por lo que pueda venir, sin
que esto signifique alarmismo de ningún tipo. Mas vale prevenir..... a
que nos pille con el culo al aire. Linterna, pilas, radio, velas,
cerillas, hornillo camping, dinero en efectivo y comida no perecedera
para tres días, para darte una mínima cobertura a nuestra seguridad y
estar tranquilos, sobre todo en las grandes ciudades, ya que en los
pueblos de las zonas rurales, no se produce el caos y colapso del
tráfico y transportes de las grandes urbes ni los problemas de víveres
es tan acuciante, entre otros muchos que provoca el apagón. Lo que esta
claro es que esto no se puede volver a repetir y de ser así que los
responsables políticos y empresariales respondan ante los tribunales y
se les juzgue con toda severidad. Hay que destacar que fue Marruecos la
que aporto energía para levantar los nodos que conectan la electricidad
y suministrarla a Andalucía igual que hizo Francia en los Pirineos con
Cataluña y Navarra.
Es que en pleno siglo XXI con la una tecnología tan
avanzada, que España sufra estos episodios de desastre y caos, nos sitúa
como un país bananero de mierda.
Lunes 28 de Abril
El
Gran Apagón
Accidente o
manipulación
Hoy escribo desde el cabreo mas absoluto, porque
tengo la sensación de que nos han usado como cobayas y se pudo provocar
el mayor desastre desde la Guerra
Civil en España. El caos provocado por el "Apagón" fue total en las
grandes ciudades, pero la que se llevó la palma fue Madrid. Hasta tal
punto fue grave, que no solo lo apagó todo, también apagó al Gobierno
que no dió la cara hasta cinco horas después. A estas horas desconocemos
todavía la causa que provocó el corte de Energía Eléctrica en toda la
península. Pero de momento ya se ha descartado el fallo humano (ya que
se hubiese necesitado el fallo de 2 o mas personas a la vez y al mismo
tiempo), descartada la erupción solar (porque hubo zonas que no afectó)
y descartado el sabotaje de un ciberataque (porque de haberlo hecho
estaríamos todavía a oscuras),
y no me creo que se produjo por
saturación de la red por exceso de
energía, porque en ese caso debieran
regalarla y nos la cobran a precio
de oro. Claro que en este caso el
responsable del desastre sería el
Gobierno....
¿Que queda? A mi se me ocurre y sospecho
que ha sido un ensayo para ver como reaccionaba la población y cuanto
tiempo se tardaba en restablecer la energía eléctrica. Nadie olvida
el aviso de la fhurer Von der Leyen, aconsejando a la población la
compra de un Kit de supervivencia para tres días. ¿Que información
tenía? ¿Estaba programada la desconexión? Desde luego, todo indica que
ciertos dirigentes políticos tenían información privilegiada. Y no nos
van a contar la verdad. En todo caso, este suceso ha marcado un antes y
un después, en la vulnerabilidad de los habitantes de las grandes
ciudades, que se convierten en ratoneras cuando suceden este tipo de
crisis y calamidades.
Hoy un tertuliano psicólogo ha analizado el
comportamiento de la población, afirmando que si el primer día fue
calmado "en parte", se debió a que estaba en la fase de sorpresa y
expectación, pero sigue afirmando que de continuar la situación el
segundo día habría sido caótico y comenzaría el caos mas absoluto con
altercados, desvalijamiento de supermercados y viviendas, violencia y
desorden, que ni la Policía sería capaz de controlar, teniendo que
recurrir al Ejercito y declarar el Estado de Excepción. Y al tercer día,
la única preocupación de los ciudadanos de las grandes ciudades (Madrid,
Barcelona, Bilbao, Valencia, etc) sería huir a la desesperada hacia las
zonas rurales. ¿Es tan dramático? SI. ¿Entonces que hacer?.
Hay que
reconocer que la situación ha sido controlada por el titánica labor de
los trabajadores de la Red Eléctrica, que han continuado incansablemente
hasta dar cobertura a toda España y que nuestra Policía y Guardia Civil
junto a la UME,
como siempre han estado para auxiliar, controlar y proteger a los
ciudadanos. Lo preocupante es que España sigue teniendo un alto riesgo
de que vuelva a producirse un "Apagón". Ante todo esto yo si me hago una
reflexión: Si no estamos libres de que situaciones parecidas vuelvan a
repetirse (como así han manifestado), yo aconsejo que todos los que
puedan irse a vivir a las zonas rurales (sobre todo los jubilados) que
aunque haya menos servicios públicos lo hagan, siempre serán mas seguras
que la gran ciudad y los que tengan que permanecer en ellas por motivos
de trabajo o estudio, se pertrechen (de cara a que en el futuro vuelva a
ocurrir), de un buen kit de supervivencia (nada de tres días, mínimo para
15 días), pues en esta ocasión el 60% de los ciudadanos hicieron caso
omiso y los pilló con el culo al aire. Y os lo digo porque como
madrileño he sido testigo y solo el primer día, de situaciones caóticas,
pánico descontrolado y desesperación de la gente que no podía llegar
a sus casas o destinos ("el primer día"), que de continuar se
hubiesen vuelto dantescas. Repito, los que podáis y tengáis opción de
vivir en las zonas rurales, no lo dudéis, hacedlo. Las grandes ciudades,
se pueden convertir en trampas mortales y en lugares dantescos, en situaciones
de crisis como la ocurrida.
Ayer ha sido el Apagón, mañana puede ser el hakeo de bancos, o la pérdida de conexión global a Internet, o una
erupción solar que fría todos los componentes eléctricos, o (esperemos
que no) un enfrentamiento bélico.. Y, adquirir el kit de emergencia
aunque sea el básico (transistor, pilas, velas, linterna, dinero en
efectivo, batería para móvil, agua y botes de conserva), porque
visto lo visto, puede volver a ocurrir en cualquier momento.
Lo que si reclaman todos los
ciudadanos es que se llegue hasta el
final de la investigación y se exija
responsabilidad por lo ocurrido,
para que algo tan gravísimo no
vuelva a ocurrir.
Si necesitan acumuladores por
exceso de energía, póngase a ello de
inmediato. No puede volver a ocurrir
un desastre como el vivido el Lunes.
Porque si vuelve a ocurrir y se
prolonga en el tiempo, provocaran un
desastre de proporciones
apocalípticas en las grandes
ciudades.
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