RECREACIÓN MELANCÓLICA Y POÉTICA (relato)

EN UN TIEMPO FUTURO .....  DE REGRESO A NUESTRO QUERIDO Y AÑORADO PUEBLO

Hacía mucho tiempo que no nos acercábamos a aquella aldea que un día fuera nuestro hogar, un lugar donde correteamos, jugamos, soñamos y vivimos con alegrías y tristezas nuestros años de la infancia, de nuestra juventud, un lugar que abandonamos en busca de un futuro mejor, pero que nunca hemos dejado de añorar, y nos estremece el silencio profundo que reina en este lugar; comienzan a aparecer a los lados de las calles paredones derruidos. En la entrada, a la izquierda, se distingue una iglesia en ruinas, pardusca, entre árboles escuálidos, verde oscuro, que salen por encima de largos tapiales caídos. Sentimos que una inmensa sensación de soledad y de abandono nos va sobrecogiendo. Hay algo en las proximidades de este pueblo que parece como una condensación, como una síntesis de toda la tristeza de tanta historia olvidada por el tiempo, del abandono sin consuelo, al contemplar cómo se ha quedado tan solo, tan  triste nuestro pueblo. Vamos avanzando, ya estamos en el centro de lo que fue un próspero lugar de vida y encuentro.

A medida que nos adentramos en lo que fueron sus calles de mayor bullicio, nuestra alma se contraía al verlo todo tan yermo, tan vacío, que mas parecía un pueblo fantasma. Ya no se ven los corros de gente con su charla tan animada, su actividad relajada y entretenida, ni los ancianos sentados en su portalada, todo ha quedado vacío, ni se escuchan los chiquillos, que sus calles alegraban, con sus risas y sus gritos, siempre haciendo trastadas.

Las huertas cubiertas por las malezas, por zarzas y por espinos, con las eras de solares llenos de cardos y basura, todo quedo marchito. Ya no existen los corrales que todo el mundo tenía, el campo ya no florece, abandonada está la campiña, todo esta triste y sin vida.

Las ruinas de paredillas, de casas, de corrales han ido aumentando; vemos una ancha extensión de campo llano en dirección a la sierra, cubierta de piedras grises y ladrillos rojos, de muros rotos, de vestigios, de cimientos y esfuerzos perdidos y rotos. El silencio es profundo; no descubrimos ni un ser viviente; el reposo parece que se ha solidificado. Y en el fondo, más allá de todas estas ruinas, destacando sobre un cielo ceniciento, lívido, tenebroso, hosco, trágico, se divisa un montón de casuchas pardas, terrosas, algunas negras, con paredes agrietadas, con esquinazos desmoronados, con techos hundidos, con chimeneas desplomadas, con solanas que se bombean se resquebrajan, y doblan para caer, con los viejos  tapiales de patios anchamente desportillados...

Y no percibimos ni el más leve rumor, ni el retumbar de un carro, ni el ladrido de un perro, ni el cacareo lejano y metálico de un gallo. Y vemos los mismos muros agrietados, ruinosos; la sensación de abandono y de muerte que antes nos sobrecogiera acentuándose ahora de modo doloroso. Era nuestro mundo, nuestra historia, nuestro aldea y, nos sentimos culpables al consentir  que se hayan dejado tan solos, tan tristes los pueblos. Me embargaba el recuerdo del pueblo y al verlo en este estado, tan solo, yermo y triste, un suspiro me sale del alma, por la nostalgia que siento.

Recorriendo las calles vacías uno puede imaginar la nostalgia y el sentimiento de añoranza de las gentes que habitaron estos lugares.

 

EL FUTURO DE MUCHOS PUEBLOS DE ESPAÑA

 

   

 

 

 

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